La revancha del PRI

La Crónica, 2 de noviembre de 2003

El aquelarre del viernes en San Lázaro deja lastimado al IFE en su nueva etapa y confirma la patética irresponsabilidad de los diputados que no alcanzan a ver más allá de sus ambiciones y diferendos circunstanciales. A la dirección nacional del PRI le interesó más cumplir su venganza contra los consejeros electorales que sancionaron a ese partido por sus tropelías en la pasada elección presidencial, que dotar al IFE de una nueva dirección con experiencia y conocimiento suficientes acerca de las tareas que deberá cumplir.

   Los nuevos consejeros del Instituto Federal Electoral, con unas cuantas excepciones, han tenido trayectorias de bajo perfil político y/o académico. Habrá que juzgarlos por lo que hagan más que por el escaso o insuficiente interés que hasta ahora han tenido en los asuntos electorales. Por lo pronto, inician su gestión en condiciones difíciles creadas por los partidos que los designaron –y que ellos aceptaron–.

 

Simulación en San Lázaro

   Noche de brujas en San Lázaro: impacientes por tomar el avión que los llevaría al fin de semana en sus estados de origen, muchos de los diputados estaban más interesados en votar y terminar la sesión que en escuchar o proponer argumentos. Nada se dijo, en las exposiciones de quienes los avalaron, acerca de las prendas profesionales que respaldaban la postulación de los nueve consejeros que acabaron siendo designados para encabezar al IFE durante los próximos siete años.

   Ni una explicación, ni una brevísima ficha biográfica. Más preocupados por acallar las protestas del PRD que por argumentar la decisión que tomarían, los diputados de PRI, PAN y PVEM aprobaron la lista de consejeros en uno de los ejercicios de votación más vergonzosos que registra la historia parlamentaria de nuestro país.

   No exageramos. Aunque no era necesario, los líderes de los grupos legislativos acordaron que la votación para renovar al Consejo del IFE sería secreta. Pero como, especialmente en el PRI, no hay confianza entre sus diputados y por lo visto tampoco convicciones suficientes, a ese procedimiento se le incorporó un candado que evitaba la confidencialidad del voto.

   Como había tres planillas (la que presentaron PRI, PAN y PVEM, la fórmula alternativa que propuso el PRD y la del partido Convergencia, muy similar a la primera) se imprimieron boletas con los nombres de los ciudadanos propuestos para consejeros del IFE en cada una de esas fórmulas.

   Los diputados tenían que depositar en urnas transparentes la cédula con la fórmula que quisieran respaldar. Esa boleta se las habían entregado previamente en el salón de plenos. Si algún diputado quería votar por una fórmula distinta a la que estaba impresa en la boleta que le habían proporcionado, tenía que solicitar otra cédula. En otras palabras, no había garantías para que la votación fuera secreta.

   Si ese mecanismo se aplicara en las elecciones para elegir a nuestros gobernantes, el día de las votaciones cuando llegamos a la casilla electoral tendríamos que pedir la boleta con los candidatos del partido al que pretendiéramos apoyar. Si quisiéramos votar por el PAN deberíamos buscar al representante de ese partido y pedirle la cédula blanquiazul; si por el PRD, habría que identificar al delegado perredista y solicitarle la boleta. Con ese mecanismo, como es evidente, desaparecería la confidencialidad en la votación.

   Así fue como votaron los diputados el viernes por la noche. Muy ingeniosos, sus líderes inventaron una mascarada que resulta tristemente emblemática del escaso respeto que tienen por la democracia y, por lo visto, también por la autoridad electoral.

 

“Una decisión de Estado”

   Los augurios desfavorables con que se inicia la nueva gestión en el IFE son consecuencia de la deplorable improvisación con que los partidos y sus grupos parlamentarios decidieron esas designaciones. Aunque los acercamientos para elaborar una propuesta comenzaron hace un par de semanas, los líderes de los principales partidos en San Lázaro dejaron pasar el tiempo sin tomar una decisión firme sobre los nuevos consejeros electorales.

   Esa designación estuvo nublada por numerosos incidentes. Varios de los candidatos de mayor prestigio y experiencia fueron vetados atribuyéndoles compromisos políticos que no han sido documentados.

Además el PRI propaló la versión de que no había sustento legal para reelegir a algunos de los consejeros que habían formado parte de la dirección del IFE. Respaldándose en una disposición creada para la designación de hace siete años pero que no tiene vigencia en los sucesivos nombramientos de la autoridad electoral, los directivos del PRI mintieron y confundieron al decir que la reelección era ilegal.

   Lo que la dirección de ese partido quería era castigar, impidiéndoles permanecer como consejeros, a quienes aprobaron la multa de mil millones de pesos por los delitos que el PRI cometió al beneficiarse con un financiamiento ilícito en la campaña presidencial de hace tres años. Discutible en el plano de la ley, esa conducta era condenable en el terreno de la ética. Pero ni una ni otra parecen ser preocupaciones de los dirigentes priistas en esta etapa.

   Ese comportamiento no es sorprendente. Lo que resulta asombroso es el allanamiento del PAN a las decisiones priistas por lo menos en la Cámara de Diputados.

   Con la esperanza –porque no hay ninguna garantía al respecto– de lograr el respaldo del PRI a las reformas eléctrica y fiscal que el gobierno ha considerado indispensables, Acción Nacional resolvió adherirse a las propuestas y mecanismos que los dirigentes priistas impusieron en la decisión acerca del consejo general del IFE.

   El diputado panista Germán Martínez reconoció, en tribuna, que para el PAN esa había sido una decisión de Estado. “El ánimo de Estado es la disposición a ser capaces de convivir entre diferentes”, explicó. Se trataba, dijo, de tomar acuerdos “en aras de alcanzar un objetivo superior”. Ese reconocimiento de la subordinación que su partido resolvió asumir frente a las imposiciones del PRI no le impidió a Martínez agradecer el desempeño que tuvo el consejo saliente del IFE a pesar de que su partido no siempre estuvo de acuerdo con sus decisiones.

 

Inestables acuerdos

   Acción Nacional no compartía el veto priista a los miembros del consejo general saliente. Incluso durante las negociaciones en el transcurso de la semana los dirigentes del PAN promovieron la permanencia de varios de esos consejeros en el órgano de dirección del IFE.

   Se ha dicho que el acuerdo entre los partidos no fue posible debido a la obstinación del PRD para que la presidencia del IFE estuviera ocupada por el consejero Jesús Cantú. Pero no hay evidencias de que esa propuesta haya sido mantenida de manera intransigente. Lo que el PRD buscaba era una composición más diversa, que integrara a consejeros con experiencia en la gestión reciente del IFE al lado de ciudadanos de simpatías políticas diversas.

   De acuerdo con versiones periodísticas y testimonios cercanos a la negociación, la postura del PRD había sido compartida por el PAN y, también, por la coordinadora de los diputados del PRI. La noche del jueves, incluso, se había anunciado que la sesión para designar a los consejeros electorales estaba a punto de instalarse porque ya había un compromiso avalado por los tres principales partidos.

   Ese arreglo se rompió la misma noche del jueves. De la presidencia nacional del PRI llegó una nueva instrucción y los diputados de ese partido deshicieron el acuerdo que habían asumido con una planilla plural. Roberto Madrazo se impuso sobre Elba Esther Gordillo. Esa constituyó una segunda derrota consecutiva, en dicho tema, para la coordinadora de los diputados del PRI. Un par de días antes entre los legisladores que ella encabeza había sido vetada la candidatura del maestro Alfonso Zárate, un serio y respetado analista político cuya independencia fue cuestionada porque ha trabajado en instituciones encabezadas por la profesora Gordillo.

 

Precipitados funerales

   Roto el pacto con el PRD, los otros dos partidos resolvieron distribuirse los consejeros. El PRI, según se dijo, designaría a cinco y el PAN a cuatro miembros del nuevo Consejo del IFE.

   El establecimiento de cuotas para la designación de esos funcionarios es contrario al espíritu con que fue creado el IFE y adverso, además, a la estabilidad de la institución electoral. Si los partidos lo entienden como un espacio que se distribuyen entre ellos, no tardarán en considerarse dueños del IFE.

   Ese es, posiblemente, el riesgo principal que encierra la retahíla de equivocaciones y abusos en el proceso para renovar al consejo general. La idea de que el IFE no es de la nación y la sociedad sino del mundo político que lo conforma según sus intereses, puede dar al traste con la legitimidad que ha ganado ese organismo.

   El PRD quiso lucrar políticamente magnificando el enredo. Pablo Gómez, coordinador de esa fracción parlamentaria, tuvo oportunas intervenciones al señalar descuidos e inconsecuencias de priistas y panistas. Pero abusó de la circunstancia e incluso de algunas personas al proponer una lista de candidatos entre los cuales se encontraban varios a quienes no les pidió permiso para mencionar sus nombres.

   Algunos diputados perredistas se apresuraron a colocar un crespón negro en la tribuna de San Lázaro. En la prensa de ayer sábado hay quienes debido a la barahúnda de la noche anterior propalan, con notoria prisa, la muerte de la democracia mexicana.

 

Desprestigio

   El aquelarre del viernes fue una auténtica vergüenza. El regateo de posiciones, la feria de vetos y descalificaciones, la imposición de la revancha priista por encima de la defensa de la institucionalidad, la inhabilidad para tomar decisiones políticas y la farsa con que se pretendió que esa decisión sería con voto secreto, hicieron de la designación del nuevo consejo un lamentable episodio que no hace honor a la trayectoria de legalidad impecable que ha tenido la institución electoral.

   El desaliño con que los diputados y dirigentes partidarios traficaron durante varios días con nombres y biografías de ciudadanos respetables y la ausencia de criterios públicos para tomar una decisión que afecta a la más prestigiada de las instituciones políticas mexicanas da cuenta del menosprecio que pueden llegar a tener por la autoridad electoral.

 

Institución sólida

   Frente a ese comportamiento, en el que han perseverado especialmente algunos de los más notorios diputados del PRI, la apreciación que la sociedad mexicana tiene del Instituto Federal Electoral ha sido notablemente favorable.

   Es del mayor interés para el país que la respetabilidad y confiabilidad del IFE se mantengan –a pesar del descomedimiento que los diputados y sus partidos han tenido en la renovación del consejo general–.

   La mejor ventaja del IFE ha sido su solidez institucional. Esa cualidad se mantiene aunque los consejeros que construyeron su perfil actual hayan dejado de estar a cargo del Instituto.

   Los nuevos consejeros del IFE tienen el doble compromiso de mantener la autoridad que sus predecesores supieron consolidar y, además, defender esa institucionalidad –de la que ahora son beneficiarios pero también responsables– de la manipulación que buscarán ejercer algunos partidos.

   El nuevo consejo inicia su gestión debilitado por el rechazo de uno de los tres partidos políticos nacionales. Un desempeño escrupuloso y sin favoritismos será la mejor vía para mantener la confianza de la sociedad en el IFE y el compromiso al que el PRD está obligado con la institución electoral. Pero sin duda el trato entre los nuevos consejeros y los partidos no será sencillo. El hecho de haber aceptado ser designados por solo dos de los tres partidos nacionales los coloca en una posición desventajosa.

 

Inminente riesgo

   A esa circunstancia se añade el propósito del PRI y el PAN para modificar la estructura y los recursos de la autoridad electoral y, posiblemente, también algunas de sus atribuciones.

   Esos partidos han anunciado una serie de reformas a la legislación electoral que, junto a cambios que podrían ser pertinentes, pretenderían agregar una de las áreas fundamentales del IFE, la Dirección del Servicio Profesional Electoral, a la Dirección Administrativa del Instituto. Esa reestructuración, según se ha anticipado, podría implicar el despido de varios centenares de trabajadores que han ganado sus plazas en concursos de oposición.

   También se ha mencionado la posibilidad de reducir las facultades de los consejeros electorales y de establecer mecanismos más ágiles para su destitución cuando así lo decidan los partidos.

   Debe haber sido difícil para los nuevos miembros del Consejo General del IFE aceptar ese encargo sin conocer las reglas con las que –si los partidos acuerdan tales cambios– van a desempeñar esa importantísima responsabilidad.

 

Heterogéneas trayectorias

   Varios de los nuevos consejeros tienen experiencia en asuntos electorales ya sea como estudiosos de ese tema o como funcionarios en consejos locales y estatales. En otros casos no se advierte tal idoneidad.

   Rodrigo Morales Manzanares y Arturo Sánchez Gutiérrez se han especializado en el análisis y también en la gestión de los asuntos electorales.

   Economista y partícipe de proyectos de singular vocación por la cuestión electoral como la revista Voz y Voto y el Centro de Estudios para un Proyecto Nacional, Morales ha sido consejero en el Instituto Electoral del DF.

   Sánchez, sociólogo, profesor en varias universidades y autor de libros sobre las elecciones mexicanas fue director de Prerrogativas, seguramente el área que más presiones recibió de los partidos en la reciente administración del IFE. La escrupulosidad de su trabajo prueba que supo eludir tales apremios. La presencia de Morales y Sánchez en el nuevo consejo es garantía de experiencia y probidad.

   Dos mujeres, provenientes de la institucionalidad electoral en los estados, enriquecerán al IFE con perspectivas regionales y de género. Sin embargo ninguna de ellas ha tenido un papel especialmente destacado en asuntos electorales.

   María Teresa de Jesús González Luna Corvera, comunicóloga, ha sido miembro del consejo electoral de Jalisco aunque sus inquietudes profesionales han estado más orientadas a temas relacionados con la educación y la familia. Ha dirigido la institución privada Escuela de Aprender, A.C. y creó el Centro de Estudios de Género de la Universidad de Guadalajara.

   María Lourdes del Refugio López Flores, maestra en Ciencias de la Educación por la Universidad Autónoma de Nuevo León, ha encabezado al consejo local del IFE en Coahuila. Recientemente se criticó su desempeño en las elecciones en Torreón, que tuvieron que ser anuladas y se repetirán el mes próximo.

   Virgilio Andrade Martínez fue, en 1994, representante del PRI ante el IFE. Fuera de ese episodio no se le conoce especial conocimiento de los asuntos electorales. A últimas fechas ha sido Director General Adjunto de la Financiera Rural.

   Andrés Albo Márquez también ha estado ligado a la política y las finanzas pero como director de Estudios Sociales de Banamex. Fue miembro del consejo local del IFE en el Distrito Federal.

   De Luisa Alejandra Latapí Renner en las semanas recientes se supo que tenía enorme interés en formar parte del consejo del IFE. La experiencia que acumuló como publirrelacionista de instituciones privadas y oficiales la puso en práctica –exitosamente, como se puede apreciar– en beneficio suyo. Ha sido responsable del enlace del Consejo Coordinador Empresarial con el Poder Legislativo. Su designación podría ser entendida como un guiño a los empresarios pero también se ha dicho que ha sido abierta simpatizante del PRI.

   Marco Antonio Gómez Alcántara es un misterio. Se dice que fue miembro de la junta local del IFE en el Estado de México y secretario del Trabajo en esa entidad durante el gobierno de César Camacho y que es abogado especializado en asuntos fiscales.

 

El nuevo presidente

   Luis Carlos Ugalde Ramírez, doctor en Ciencia Política por la Universidad de Columbia, profesor en el Centro de Investigación y Docencia Económicas y cuya principal preocupación académica ha sido el estudio de los mecanismos para el rendimiento de cuentas por parte del poder público, es el nuevo presidente del Consejo General del IFE.

   Licenciado en Economía por el ITAM, Ugalde fue en 2001 investigador visitante en el Centro David Rockefeller de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Harvard. Aunque no ha figurado entre sus inquietudes centrales, el tema electoral ha sido analizado en algunos de los artículos que Ugalde ha publicado en revistas y periódicos durante los recientes años. Apenas en agosto pasado Este País dio a conocer un ensayo suyo acerca de las elecciones de julio de 2003.

   Hace algo más de siete meses, cuando se discutía la relación entre la autoridad electoral y los partidos a raíz de la multa que se le impuso al PRI, Ugalde opinaba acerca de la designación de los miembros del consejo general del IFE: “Es necesario que ya no se trate de una discusión de cuotas entre partidos, sino de una selección de personas que no representen a partidos” (Milenio Diario, 17 de marzo de 2003). Hoy en día, paradójicamente, él es presidente del IFE gracias a una decisión sustentada en el reparto de cuotas que él, con razón, cuestionaba.

   Concentrado fundamentalmente en el trabajo académico, Ugalde no parece tener experiencia política suficiente para lidiar con los problemas y las presiones inherentes a la presidencia del IFE y que posiblemente arrecien en el futuro inmediato. La distancia que sepa mantener respecto de los partidos, la defensa que haga de la institución que ahora preside, su apego a la legalidad y la capacidad para apoyarse en sus nuevos compañeros de trabajo darán cuenta de su desempeño.

   Ugalde ha dicho que nunca ha tenido militancia partidaria. A la reportera Guadalupe Irízar, de Reforma, le aclaró: “Yo nunca he sido militante del PRI”.

   Sin embargo en ese partido se ha dicho lo contrario. Hace dos años y medio la revista Examen, del Partido Revolucionario Institucional, publicó el interesante ensayo de Luis Carlos Ugalde titulado “La reforma del PRI: un debate sin sustancia”.

   Al pie de ese texto aparece la siguiente ficha biográfica: “El autor participó en la preparación de la agenda de reforma del PRI en 1994 como secretario técnico de la Comisión Nacional de Ideología. En 1996, fue miembro de la comisión redactora de la XVII Asamblea Nacional. Fue secretario de capacitación política del Frente Juvenil Revolucionario en 1986-87. Actualmente es investigador visitante de la Universidad de Harvard”.

   Eso dijo la revista del PRI en su número 137, de abril de 2001. Aunque en las fechas señaladas Ugalde hubiera sido miembro de algún partido esa circunstancia no contravendría los requisitos para ocupar la presidencia del IFE. Si los hechos que con tanto detalle publicó Examen son ciertos se trataría de una incongruencia entre su biografía política y el perfil que hoy presenta a la sociedad.

Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx

Página web: http://raultrejo.tripod.com/

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