Pocos éxitos, escaso rechazo

La Crónica, 8 de junio de 2003

Para que no haya dudas, varios de los más destacados empresarios mexicanos han precisado que Vicente Fox pudo haber sido su candidato pero eso no los compromete con el actual gobierno.

   La discusión entre dirigentes patronales y funcionarios de la administración gubernamental es ilustrativa. Los empresarios quieren más, pero no se comprometen en la medida de tales aspiraciones. El gobierno, a su vez, carece de una clara política de desarrollo económico.

   El intercambio de los días recientes no solo indica que hay libertad de expresión, como con tan retórica impericia responde el secretario de Economía a las quejas de los empresarios. Además manifiesta la disputa, no siempre explícita, que se mantiene en torno a la política económica. Alentar y precisar ese debate, airearlo y nutrirlo de contenidos y razones, tendría que ser tarea de partidos comprometidos con ideas y de los medios capaces de dar contexto a los asuntos públicos.

   El texto que sigue, es parte de un ensayo más amplio que el autor de esta columna escribió para el número 184 de revista Nueva Sociedad que se publica en Caracas y que comenzó a circular esta semana. He prescindido de las notas para facilitar su lectura en este espacio.

 

El México de Fox

   México y su presidente han constatado que no es lo mismo prometer, que estar en capacidad de cumplir. A dos años y medio de gobierno Vicente Fox ha tenido que admitir que muchas de las ofertas que hizo para que lo eligieran en julio de 2000 se encuentran lejos de las posibilidades de su administración y del país. La más importante de ellas es el 7% de crecimiento económico que prometió durante su campaña electoral.

   Para lograr aquella meta en el Producto Interno Bruto, Fox se proponía eliminar la corrupción en la administración pública, atraer más inversión extranjera, emprender una profunda reforma fiscal y estimular el ahorro del sector público. Cuando era candidato se burlaba del crecimiento logrado por los gobiernos del PRI que había sido de, en promedio, 3.5% durante la administración de su antecesor, Ernesto Zedillo. Postulado por Acción Nacional, el partido de mayor tradición opositora en México, Fox ofrecía un crecimiento equivalente al doble.

 

Economía inmovilizada

   Una vez en la presidencia, el nuevo gobernante encontró que las cosas eran más arduas. Además los primeros meses de la administración de Vicente Fox, iniciada en diciembre de 2000, coincidieron con una fase de recesión internacional que afectó a la economía mexicana. Casi dos años más tarde, durante una visita a la OCDE en París, el presidente mexicano admitió: “Ahora me arrepiento un poco de haberme comprometido a ese crecimiento del 7 por ciento porque todos los días la gente, la opinión pública, los medios, me recuerdan mi compromiso. El año pasado nuestro crecimiento fue cero, ningún crecimiento. Este año terminaremos con cerca del dos por ciento… la realidad es muy diferente al optimismo que tuvimos hace dos años”.

   Esa sinceridad, inusitada en el ambiente político mexicano, fue muy breve. Pocas horas después de aquella intervención, también en la capital francesa, Fox dijo que no había hecho esas declaraciones y negó haber hablado de arrepentimiento. Sin embargo sus palabras estaban registradas en las grabadoras de los reporteros que cubrían aquel recorrido por varios países europeos.

   El episodio en las oficinas de la OCDE fue sintomático de dos de los más grandes problemas que ha tenido Fox como presidente de México. Uno de ellos ha sido su difícil relación con los medios de comunicación y, a través de ellos, con la sociedad. Se ha vuelto habitual que, disgustado porque no subrayan logros sino tropiezos de su gobierno, el presidente Fox descalifique a la prensa.

   Su otra contrariedad permanente es la economía. La situación ha sido peor que como la describía aquella mañana de noviembre en París. Bajo el primer año de gobierno de Fox el PIB mexicano no se quedó estancado en crecimiento cero sino que retrocedió un 0.3%. Y en 2002, en vez del 2% que casi al terminar ese año auguraba el presidente, la economía de este país apenas se desarrolló 0.9%.

   Al terminar el primer cuatrimestre del incierto 2003, distintos observadores estiman un crecimiento del 2.3% aunque, otra vez dominado por un indocumentado optimismo, el gobierno mexicano prevé un PIB mayor en 3%.

   La política económica tampoco ha sido tan exitosa para controlar la inflación como el presidente había propuesto. Aunque en sus compromisos de campaña ofreció una inflación anual menor al 3%, el incremento en los precios al consumidor durante los dos primeros años del gobierno de Fox fue de 6.4% y 5%. Se trata de una inflación menor a la que México padeció en los años anteriores –durante los seis años del gobierno anterior la inflación promedio fue de 22%–. También ha sido más baja que el incremento en los precios al consumidor padecidos en otras naciones latinoamericanas: tan solo en 2002, 26% en Argentina, 22.4% en Venezuela, 14% en Uruguay, 12.6% en Ecuador y 8.4% en Brasil. Pero no deja de ser contrastante la diferencia entre las expectativas y los resultados del gobierno mexicano en materia de política económica.

 

Insuficientes empleos

   Estancada, la economía mexicana no ha tenido capacidad para responder al crecimiento demográfico. Pero el país tampoco se encuentra en las condiciones de devastación que han afectado a otras naciones latinoamericanas. Entre 2000 y 2001, la cantidad de mexicanos de 12 años o más, considerados en edad de trabajar, aumentó en más de un millón 776 mil personas. No todos esos mexicanos querían encontrar empleo. Una gran parte de ellos siguió estudiando o se dedicó a actividades no remuneradas.

   La población mayor de 12 años se incrementa constantemente: creció 1.44% entre 1998 y 1999, 1.86% al siguiente año, 2% entre 2000 y 2001 y 2.4% entre 2002 y 2001. Ese aumento en la población en edad de laborar constituye uno de los desafíos mayores para el país. Sin embargo, lejos de crecer, los nuevos empleos quedaron estancados, en números relativos, durante los dos primeros años del gobierno de Fox. En 2001 el desempleo abierto en áreas urbanas aumentó 2.4% y en 2002, 2.9% según estimaciones preliminares.

   Durante el anterior gobierno, en el periodo 1994-2000, el empleo había crecido a un promedio de 422 mil nuevas plazas de trabajo anuales, en promedio. A pesar de la terrible crisis financiera de 1995, que estuvo a punto de hundir al país en una recesión que hubiera durado quizá varias décadas, la recuperación auspiciada por el respaldo estadounidense y otras medidas de política económica del gobierno mexicano lograron que, en el saldo de esa gestión, hubiera una creación real de empleos.

   Sin embargo el primer año de la administración Fox los puestos de trabajo, contabilizados según la membresía al Seguro Social, se redujeron en casi 66 mil empleos. Al año siguiente hubo un incremento en 66 mil 800 empleos, apenas suficiente para compensar la caída de 2001 pero no para atender la demanda de fuentes laborales proveniente, sobre todo, de la población joven.

   Es posible tener otro acercamiento a la desocupación  gracias a la Encuesta Nacional de Empleo que se realiza periódicamente. Esa investigación no registra todos los puestos de trabajo en el país pero sus datos son representativos de la situación mexicana. La cantidad de población desocupada inventariada por esa encuesta disminuyó 23% entre 1998 y 1999. Entre 1999 y 2000 se redujo en 5.2%. Sin embargo, ya en el gobierno de Fox, la población sin empleo aumentó 4.26% en el primer año y 14% en el segundo año.

   No se le puede atribuir al gobierno toda la responsabilidad en esa situación. Sin embargo la ausencia de una política de desarrollo industrial, la excesiva apuesta a una reforma fiscal que al menos durante la primera mitad de su gobierno el presidente no pudo lograr y la sobrestimación en las capacidades de una economía que sigue requiriendo de la inversión y el aliciente estatales, han figurado entre los motivos de las dificultades productivas de México.

 

Desconfianza y respaldo

   Los mexicanos, sin embargo, han mantenido el respaldo a Vicente Fox. En febrero de 2003, de acuerdo con una encuesta del diario Reforma, el 58% de los ciudadanos aprobaba la gestión del presidente, en tanto que el 32% la desaprobaba. Esos porcentajes indican un soporte social importante pero son menores al 70% de aprobación que Fox tenía dos años antes, cuando su gobierno apenas comenzaba.

   Otra encuesta, de la empresa Consulta-Mitofsky encontró, también en febrero de 2003, que el 53.2% de los mexicanos de 18 o más años decía estar de acuerdo con la gestión del presidente, mientras que el 43.4% expresaba un desacuerdo total o en parte.

   Calificada del 1 al 10, la administración Fox recibe un promedio del 6.5 según la primera encuesta citada y de 6.4 en la otra. Dos años antes esa evaluación era de 7.5.

   La apreciación de los mexicanos acerca de su gobierno y del país que esa administración está encabezando, es contradictoria. Por una parte, resulta innegable el respaldo social que el presidente mantiene a pesar de las vicisitudes económicas. Solo el 39% considera “bueno” el manejo de la economía y el 42% encuentra “mala” la política hacia el desempleo en la encuesta de Reforma. En la encuesta de Consulta, el 52% se expresó en desacuerdo con la forma en que el presidente se ocupa de la economía.

   Al mismo tiempo, los mexicanos mayores de edad encuentran crecientes motivos para dudar de las capacidades de su presidente para enfrentar las responsabilidades de gobierno. En el sondeo de Reforma el 50% dijo que cree poco o nada en las explicaciones de Fox acerca de sus acciones de gobierno. Se trata del índice de desconfianza más alto que se ha registrado en el transcurso de esa administración. En el sondeo de Consulta, a la pregunta “¿Usted cree que el gobierno de Vicente Fox tiene las riendas del país o las cosas están saliendo de su control?” solamente el 29% eligió la primera opción. El 53.3% opinó que la situación está saliendo del control del presidente.

   Los mexicanos que consideran que el presidente “tiene las riendas del país” eran el 59% en febrero de 2001, 47% en agosto de ese año y 35% en febrero de 2002. Aumentaron al 39% en noviembre de 2002 y cayeron 10 puntos para la encuesta de febrero de 2003. En contraste, aquellos que contestaron que al presidente la situación del país se le escapa de su control eran apenas 28% en febrero de 2001, 39% en agosto de ese año y 54.3% en febrero de 2002. Para noviembre de 2003 eran 49% y, como señalamos antes, 53.3% en febrero de 2003.

   Esos porcentajes variarán de acuerdo con numerosos factores. En una sociedad abierta a la discusión de los más diversos temas y en donde los personajes públicos se encuentran sometidos a una constante exposición delante de los ciudadanos las circunstancias coyunturales –e incluso anecdóticas– alcanzan tanta relevancia como las tendencias estructurales de la economía. Sometida a numerosas presiones e influencias, la opinión pública puede cambiar de una ocasión a otra.

   En todo caso el crecimiento en el número de ciudadanos que sin regatearle el apoyo al presidente comienza a recelar de la manera como conduce los asuntos públicos indica una tendencia exigente –o crítica– al desempeño del gobierno que tendrá consecuencias electorales.

 

Democracia y pobreza

   Las dificultades económicas no han sido tan graves que deshagan la estabilidad mexicana. Pero si los rezagos sociales no comienzan a ser resueltos, todo ese panorama podría cambiar.

   Aunque las metas de crecimiento no se han cumplido, el entorno foráneo es desfavorable y el desempleo aumenta, la economía del país marcha. El problema es en beneficio de quiénes va a desarrollarse.

   El presidente mantiene altos índices de respaldo en la sociedad pero no logra avanzar en el terreno de la operación política. México no padece una crisis política porque sus instituciones y los cauces de participación funcionan pero estamos ante dificultades serias para que la democracia conduzca a algo más que elecciones confiables y representativas.

   La democracia electoral no necesariamente conduce al bienestar pero allí se encuentra el reto más importante para el país. Un grupo de diagnóstico auspiciado por el gobierno (Fernando Cortés Cáceres, et. al., “Evolución y características de la pobreza en México en la última década del siglo XX”) ha estimado que en 2000, con una población de casi 100 millones de personas, el 53.7% de los mexicanos se encontraba en condiciones de pobreza. El segmento más depauperado, en situación de pobreza extrema, alcanzaba al 24.2% de la población. Sin embargo la desigualdad social no ha llegado a convertirse en uno de los temas centrales en el discurso del gobierno, ni de los partidos

Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx

Página web: http://raultrejo.tripod.com/

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