Por qué se olvida el 2 de octubre

La Crónica, 3 de octubre de 2003

Numerosos medios de información han constatado que, a diferencia de la divisa que proclama su incorporación a la memoria colectiva, en algunos sectores de la sociedad el 2 de octubre sí se olvida. Particularmente entre los jóvenes, esa fecha carece de la sacralización ética y la significación política que, con sobrados motivos, le ha conferido la generación que transitó por el 68.

   La memoria de aquel 2 de octubre sería más clara y estaría tan extendida como amerita su importancia cívica si a los jóvenes y niños de ahora se les enseñara, sin prejuicios pero sin rehuir el tema, qué fue y qué importancia tuvo el movimiento estudiantil de cuyo violento desenlace ayer se cumplieron 35 años.

   Si, dos décadas más tarde, no hubiera imperado el autoritarismo que siempre acompaña a las posiciones que pretenden ser políticamente correctas, las generaciones nuevas conocerían una versión tan puntual y desideologizada de los antecedentes de ese movimiento estudiantil como la que se compendia en estas líneas:

   México contrajo el compromiso de organizar los Juegos Olímpicos de 1968. Parecía un reconocimiento internacional al “milagro mexicano”. Pero, como hemos dicho, algunos sectores de las clases medias no creían en el milagro. En 1965 una huelga de médicos sacudió al país. Sus dirigentes fueron encarcelados. La ciudad de Morelia protestó por alzas al precio del transporte. Los ánimos se desbordaron, los estudiantes protestaron y el ejército ocupó la Universidad. La ciudad de Mérida eligió el primer alcalde de la oposición en la era del PRI. Una disputada elección en Tijuana dio lugar a otra protesta y a la vigilancia de la ciudad por el ejército. La agitación estudiantil conmovió al mundo en 1968. Nació en las universidades de Estados Unidos, se propagó a Alemania y tuvo su punto más alto en mayo, en París.

   Esa descripción del panorama nacional y mundial a fines de los sesenta, se habría complementado con el siguiente resumen del enfrentamiento entre el gobierno y el movimiento de los estudiantes:

   En el verano de 1968 la agitación estudiantil apareció en México, ante el nerviosismo de un gobierno preocupado por la imagen de México en los Juegos Olímpicos.  El gobierno del presidente Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970) actuó con dureza, pero en lugar de resolver el movimiento estudiantil, lo hizo crecer. Se sucedieron manifestaciones concurridas y acciones severas del gobierno en respuesta. En septiembre, el ejército ocupó la Ciudad Universitaria y las instalaciones del Politécnico Nacional, en la ciudad de México. El 2 de octubre, días antes de la inauguración de los Juegos Olímpicos, un mitin estudiantil fue disuelto por el ejército en Tlatelolco. Corrió la sangre y la ciudad se estremeció. No se sabe cuántos murieron. El milagro mexicano parecía llegar a su fin .

   Eso diría el libro de Historia para sexto de primaria si no hubiera sido censurado hace once años. Los anteriores párrafos eran parte del trabajo que realizó un grupo de historiadores para los libros de texto gratuito que edita la Secretaría de Educación Pública.

   Inquietas por el enfoque de esos libros –distante de la ortodoxia pero respaldado en datos y fuentes de la mayor seriedad– distintas voces se levantaron para impedir que llegaran a las escuelas. El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, en curiosa coincidencia con algunos segmentos del PRD, encabezó esa cruzada contra las ideas. Había inconformidad porque, debido a la discusión que existe entre los historiadores acerca de ese episodio, no se mencionaban los nombres de los Niños Héroes que en 1847 defendieron el Castillo de Chapultepec de la intervención estadounidense. Pero la oposición más relevante provenía de sectores del Ejército, indignados con el tratamiento a los hechos de 1968.

   El presidente Carlos Salinas de Gortari se dejó doblegar por esas presiones. En sus memorias, recuerda que ese litigio “casi le cuesta el puesto” al entonces titular de la SEP, Ernesto Zedillo. Habiendo auspiciado la elaboración de los libros, el secretario accedió a censurarlos.

   Así fue como Salinas, Zedillo y la dirigente del sindicato, Elba Esther Gordillo, impidieron que en los libros de texto se hablara de la historia mexicana reciente. Gracias a ellos en nuestro país, a semejanza de los regímenes más autoritarios, hay episodios expurgados de la historia que se enseña en las escuelas.

   Por eso, en parte, el movimiento de 1968 ha sido olvidado. A falta de una explicación como la que fue eliminada de los libros de historia abundan muchachos que no tienen una idea clara de aquel acontecimiento. La memoria social sustituye en buena medida las deficiencias de la versión oficial. Pero no deja de ser una vergüenza que, tres décadas y media más tarde, el 2 de octubre siga vetado en la historia que se les enseña a nuestros niños.

Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx

Página web: http://raultrejo.tripod.com/

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