Prozac

La Crónica, septiembre 29 de 2003

Incómoda y sorpresiva, la pregunta que el periodista Jorge Ramos le planteó el jueves al presidente Vicente Fox acerca de su estado de salud incursiona en uno de los más resbaladizos terrenos en la relación entre la prensa y el poder político. El conductor de Univisión le inquirió si “los mexicanos tienen el derecho de preguntarle a usted si toma antidepresivos. ¿Es legítimo?”. El presidente no tenía más remedio que responder que sí lo era. Entonces Ramos interrogó: “¿Toma usted Prozac?”. La negativa del presidente fue tajante.

A Ramos, de origen mexicano pero cuya carrera profesional se ha desarrollado fundamentalmente en Estados Unidos, le gusta hacer preguntas embarazosas. Los ex presidentes Carlos Salinas y Ernesto Zedillo han tenido que torear sus interrogatorios, no siempre de manera convincente. El estilo que a Ramos le gusta desplegar en sus conversaciones queda descrito en el título de uno de sus libros, A la caza del león.

El interés por la salud de los gobernantes constituye uno de los asuntos más delicados en el trato entre los medios y el mundo político. En Europa y Estados Unidos los diarios sensacionalistas a menudo especulan acerca de enfermedades comprobables o ficticias. Y más allá del abuso que llega a hacerse con esos temas persiste una cuestión para la cual no parece haber respuestas absolutas: ¿Tienen derecho los ciudadanos a conocer el estado de salud de sus gobernantes? En rigor, las enfermedades son asunto de la vida privada de cada quien. Pero cuando pueden afectar el desempeño público de un gobernante quizá se convierten en un tema respecto del cual la sociedad tendría derecho a estar informada.

Se trata, insistimos, de un asunto no resuelto. En Francia, durante casi dos décadas la gente ignoró que al comenzar su primer periodo presidencial a Francoise Mitterrand le diagnosticaron cáncer de próstata. Si ese mal se hubiera conocido posiblemente no lo habrían reelecto. Tiempo después su médico escribió un libro, El gran secreto, sobre los padecimientos de aquel extraordinario político francés, pero un juez prohibió la circulación de esa obra. Más recientemente, en diciembre pasado, el Atlantic Magazine publicó un extenso reportaje sobre los terribles dolores que al presidente John F. Kennedy le ocasionaba una vieja lesión en la espalda. Tuvieron que pasar casi tres décadas después del asesinato de ese gobernante para que se conocieran los detalles de esa enfermedad. También en Estados Unidos el congresista Patrick Kennedy, sobrino del ex presidente, reveló hace un par de años que tomaba antidepresivos.

Cuando Ramos le hizo la mencionada pregunta, el presidente Fox puso en duda que el tema hubiera sido ventilado en la prensa. Pero es difícil suponer que no le hayan platicado que el 14 de abril, en El Universal, el periodista Raymundo Rivapalacio publicó que el presidente sufría depresiones “para lo cual, cuentan, se le tiene recetado el milagroso Prozac”. Esa versión fue comentada en los días siguientes por periodistas como Katia D’Artigues y Carlos Ramírez.

Así que el Prozac, consumido regularmente por cerca de 40 millones de personas y que se vende en más de cien países, causa interés en la vida pública mexicana. Descubierto en 1972 y prescrito desde hace más de 15 años para el tratamiento de la depresión y otras enfermedades psiquiátricas el Prozac, o clorhidrato de fluoxetina, es un inhibidor de la recaptación de la serotonina. En otros términos, incrementa la cantidad de serotonina –un transmisor en el sistema nervioso– en el enlace entre las neuronas.

En la propaganda acerca de ese medicamento los laboratorios Lilly afirman que la depresión puede afectar a cualquiera. Entre otros personajes que la padecieron, se menciona a Abraham Lincoln, Theodore Roosevelt, Vincent Van Gogh, Mark Twain, Winston Churchill, Marilyn Monroe, Ernest Hemingway y la princesa Diana. “Ninguna ocupación, raza, género o edad es inmune a esta enfermedad”, asegura la empresa que comercializa el medicamento.

Desde luego, esa constelación de personalidades no hace que la depresión sea más llevadera. Otras opiniones manifiestan que las reacciones secundarias por el empleo frecuente de Prozac pueden acentuar la depresión.

Según la revista Cambio de Bogotá la depresión puede ser “magnética” (causante de culpas, tristeza y apatía) o “dinámica”. Entre los rasgos de esta última se encuentran: “Sentir que los otros tienen la culpa de los problemas. Sentir rabia e irritación. Sentirse vigilado. Crear y fomentar conflictos. Hostilidad abierta o encubierta hacia los demás. Sentir que el mundo sólo falla. Sentir impaciencia y agitación… Frustración ante el elogio insuficiente. Dificultad extrema para hablar de debilidades y dudas. Miedo profundo al fracaso. Necesidad de ser el número uno para sentirse seguro”.

Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx

Página web: http://raultrejo.tripod.com/

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