AMLO, usos y costumbres

La Crónica, 6 de diciembre de 2004

Sin hacer referencia alguna al asesinato de dos policías en Tláhuac, Andrés Manuel López Obrador presentó ayer su “informe trimestral”. No fue esa la única omisión en la autocomplaciente ceremonia en el Teatro Metropolitan. La rendición de cuentas no se le da con facilidad al jefe de Gobierno del DF. Y vaya que tiene mucho por explicar, entre otras cosas acerca del desempeño de los cuerpos policiacos bajo su responsabilidad en los terribles acontecimientos de San Juan Ixtayopan de los que mañana se cumplen dos semanas.

   A falta de aclaraciones, entre los ciudadanos menudean las opiniones críticas. Poco después de esos hechos la doctora Cristina Oehmichen, del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, escribió la siguiente reflexión:

   “El linchamiento de San Juan Ixtayopan, ha dejado en mí una profunda tristeza por la muerte de personas inocentes. Me indigna este hecho abominable y me preocupa que en nuestro país,  la ‘justicia por propia mano’ se esté convirtiendo en algo casi cotidiano. Tan sólo entre 1987 y 1998, tuvieron lugar 103 linchamientos, en su  mayoría en zonas rurales. De 1999 a la fecha, estos acontecimientos lamentables se han extendido hacia zonas urbanas. El fenómeno es preocupante.

   “Sin embargo, también me preocupan las declaraciones de los voceros de todos los partidos, quienes han interpretado el linchamiento de San Juan Ixtayopan como el resultado de supuestos ‘usos y costumbres’ de las comunidades rurales. Esta caracterización está impregnada de racismo, pues tiende a asociar el modo de vida rural con el atraso, la ignorancia y la barbarie. En el imaginario que surge del sentido común, fomentado en buena medida por los medios y ahora también por nuestros dirigentes políticos,  existe la creencia de que las comunidades campesinas e  indígenas regulan sus relaciones por una forma de derecho consuetudinario que supuestamente se opone a la racionalidad del derecho positivo. Así, las comunidades rurales aparecen así como ‘sociedades irracionales y salvajes’”.

   La doctora Oehmichen envió ese texto a la sección de cartas de La Jornada pero no fue publicado. “Quizá no fui ‘políticamente correcta”, sugiere, al reconocer que su contribución pudo haber sido rechazada porque cuestionaba a López Obrador en los siguientes términos:

   “No es la primera vez que esto sucede. En junio de 2001, el Jefe de Gobierno del Distrito Federal, Andrés Manuel López Obrador, hizo referencia al linchamiento de un presunto ladrón de imágenes religiosas en Santa Magdalena Petlacalco, Delegación Tlalpan y señaló: ‘…con las tradiciones de un pueblo, con sus creencias, vale más no meterse… Es parte de la cultura y creencias de los pueblos originarios, que representan al México que no termina por irse, el México profundo’ (La Jornada, 28 de julio de 2001).

   “Esta declaración forma parte de los prejuicios y creencias ampliamente compartidas en nuestra sociedad, donde no se repara en el hecho de que el linchamiento es una respuesta anómica ante la ausencia de normas y la desconfianza en los órganos del Estado. Es una acción que surge cuando las normas de convivencia social han sido trastocadas o no se aplican. Mediante el linchamiento, las turbas anónimas sustituyen al Estado y ocupan el espacio social que éste ha abandonado.

   “Contrariamente a lo que se presupone, la experiencia  ha mostrado que la aplicación de la justicia por usos y costumbres no engendra turbas violentas, sino juzgados populares que se rigen bajo unos principios y una lógica en donde la norma se sitúa por encima de las pasiones y en el derecho por arriba de las venganzas.  Es el caso, por ejemplo, de la policía comunitaria conformada por 43 comunidades indígenas y mestizas del Estado de Guerrero y que hoy se encuentra  amenazada por el gobierno del estado y confrontada con los narco-caciques de dicha entidad”.

   La doctora Oehmichen añade: “El racismo subyacente en las explicaciones de estos acontecimientos minimiza o descontextualiza las causas de los conflictos, o bien, echa mano del trillado discurso de que el derramamiento de sangre es, a final de cuentas, el resultado del atraso de ese ‘México profundo’ que no termina por irse”.

 –0–

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s