Chachalacas y momias

La Crónica, 17 de diciembre de 2004

Las contradicciones de nuestra vida pública son tantas que una encubre a la otra. Apenas conocemos el desplante, la ocurrencia, la inconsecuencia o el galimatías más reciente, cuando otro asunto reclama, con igual estridencia, nuestra atención. Anoche comenzó la temporada de posadas y ni siquiera el ambiente festivo consigue opacar las inconsecuencias de los protagonistas cardinales del ambiente político.

   La ausencia de un contexto riguroso, capaz de exigir congruencia aunque fuera consigo mismos a los personajes políticos, forma parte de esa difuminación de compromisos y formalidad en la vida pública. El hecho que para algunos es motivo de escándalo, para otros lo resulta de orgullo o autojustificación. Las afirmaciones que unos entienden como insolentes y frívolas, con otra perspectiva resultan encomiables.

   El jefe de Gobierno de la ciudad de México ha construido un caparazón quien sabe si a prueba del desprestigio pero sí, al menos, refractario a la opinión crítica que cada vez se extiende más acerca de su gestión. La autocomplacencia es signo y método de su administración. El linchamiento en Tláhuac, que en otra circunstancia habría sido causa de explicaciones muy rigurosas por parte de las autoridades policiacas, en el DF se convirtió en un escenario más del pulso que López Obrador sostiene con el gobierno federal.

   El video que dio a conocer la Procuraduría General de la República abre líneas de investigación pero también de reflexión y alarma que no han sido plenamente desahogadas. Gracias a él ahora se sabe que ese martes 23 de noviembre la policía no sólo pudo haber llegado a San Juan Ixtayopan a tiempo para evitar el linchamiento. Más aun: varios policías, con sus patrullas, arribaron a ese sitio, se enteraron de la situación, pudieron informar de ella a sus superiores y se quedaron, casi literalmente, con los brazos cruzados.

   La escena del policía preventivo que contempla los vejámenes a los tres agentes con tanta tranquilidad que se da tiempo para encender un cigarrillo, es terriblemente descriptiva de la negligencia que permea a esa corporación policiaca –y por lo visto, incluso hasta sus mandos más importantes–.

   Ese video confirmó que la policía del DF pudo haber enviado elementos suficientes para impedir los asesinatos y no lo hizo. Ahora falta saber con claridad qué negociaciones transcurrieron y cuáles esperaban entablar las autoridades de la ciudad con los ahora asesinos de los policías victimados aquella tarde.

   Los policías de refuerzo no llegaron porque no fueron enviados. Así de simple. Y de ese descuido son responsables varios jefes policiacos con cuya actitud se implicó López Obrador al respaldar el comportamiento de aquel martes.

   Pero el jefe de Gobierno, lejos de reconocer la incuria policiaca que manifiestan, considera que el video recientemente difundido comprueba que los policías del DF arribaron a Ixtayopan antes que los de otras corporaciones. Y ese es el problema: la presencia allí de varios preventivos demuestra que sí se podía llegar y que quienes lograron hacerlo se quedaron mirando, asustados y desbordados pero quizá con órdenes de no actuar a favor de los policías federales que estaban por ser linchados.

   Esa comprobación, lejos de suscitar al menos una disculpa, se convirtió en motivo para que López Obrador dijera que los policías hicieron todo lo posible para evitar el linchamiento. Las escenas del mencionado video lo desmienten.

   De autocrítica, ni medio palmo. Ayer cuando el reportero de Radio 13 lo invitó a que señalara qué le ha fallado en el año que concluirá dentro de dos semanas, López Obrador contestó primero con una salida elegante: eso se los dejo a ustedes y a mis críticos porque así es la democracia.

   Pero de inmediato él y sus resentimientos se dieron cuerda y añadió que quienes lo critican ejercen esa tarea todos los días. De allí al reproche, y luego a la diatriba, no mediaron sino unas cuantas palabras. Sus críticos, dice el jefe de Gobierno, “gritan como chachalacas y se callan como momias”.

   Así es la democracia, dice López Obrador. Pero no hay tal cuando a la opinión crítica el poder político la enfrenta con invectivas y no con razones. Nadie espera que el jefe de Gobierno, dada su acotada formación política e intelectual, se comporte como tribuno flemático e inmutable. Pero sí se le puede exigir que haga un esfuerzo para razonar sus apreciaciones.

   La desconsideración de López Obrador por las opiniones que no se allanan a sus intereses de promoción política y su rechazo a la rendición de cuentas se ha expresado de diversas maneras, desde la condición de agobio en la que mantiene al organismo de transparencia del DF hasta su irritación con quienes no le aplauden.

   Chachalacas y momias: esa es la calificación que, quienes lo cuestionan, le han merecido al personaje político más insistentemente empeñado en alcanzar la presidencia de la República.

–0–

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s