Chávez, más intolerancia

La Crónica, agosto 17 de 2004

El aval del Jimmy Carter y César Gaviria tuvo ayer, en Caracas, más peso político que todas las expresiones triunfalistas del presidente Chávez y sus seguidores. Con el respaldo del ex presidente estadounidense y el ex secretario general de la OEA, quedaron confirmados los resultados del referéndum anunciados el lunes por la madrugada.

   Llama la atención que esos personajes no sólo hayan aprobado el cumplimiento de las reglas del referéndum revocatorio sino también las cifras del consejo electoral. El presidente habría sido ratificado con el 58% en una votación en la que participaron algo menos de nueve millones de venezolanos. La propuesta para destituirlo habría alcanzado el 42% de esos sufragios.

   La muy intensa participación que excedió el horario inicial de la jornada electoral había permitido que algunos observadores calcularan que, de los 14 millones de empadronados, habrían votado al menos 11. De inicio, la cifra total de votos que ofreció el consejo electoral ocasionó sospechas entre la oposición venezolana.

   Otras estimaciones habían ofrecido resultados distintos a los oficiales desde el domingo por la tarde. El organismo Súmate realizó una encuesta de salida de casillas en donde resultaba que la revocación del mandato de Chávez obtendría el 59% de los votos. Otros sondeos ofrecieron datos similares.

   Algunas de las irregularidades señaladas por los partidarios del “sí” a la revocación parecen demasiado serias para que sean desdeñadas sin un examen cuidadoso de la jornada electoral. Al momento en que los resultados fueron sumados, no había representantes de la oposición en el Consejo Nacional Electoral. Tampoco hubo una fiscalización clara de la auditoría a las máquinas de votación electrónica que realizó ese organismo.

   Esas y otras anomalías mantenían anoche soliviantado el ánimo de los grupos que impulsaron la revocación de Chávez. Sin embargo también se abría espacio una desencantada y triste resignación ante la posibilidad de que, trampas aparte, la mayoría de los venezolanos haya respaldado al presidente de ese país.

   La polarización de la sociedad venezolana era bien conocida. El margen de gobernabilidad que Chávez ha conservado no se ha debido solamente a la transgresión del orden legal, ni al empleo faccioso que hace de los medios de comunicación gubernamentales. Junto con ello y gracias a la utilización de cuantiosos recursos oficiales en su beneficio, el presidente Chávez ha mantenido y quizá ampliado el consenso que inicialmente recibió en las urnas.

   ¿Por qué una importante porción de la sociedad venezolana respalda a un dirigente de tan subrayadas actitudes clientelares, populistas y mesiánicas? Pues precisamente por eso. La manipulación del ánimo social, ventajosamente aceitada con recursos públicos, tiene eficacia particularmente en sociedades erosionadas por los abusos de la vieja política.

   No hay que olvidar la insistencia de Chávez para mostrarse como un político distinto de aquellos que han abanderado intereses oligárquicos y antipopulares. Al acompañar el discurso populista con el cumplimiento de algunas demandas sociales y gracias también a la explotación de una imagen providencial, que lo instala al margen o por encima del litigio político, Chávez ha sido considerado por importantes segmentos como un gobernante preferible a los de viejo cuño.

   Las fortalezas de Chávez han sido análogas a las debilidades de la oposición venezolana. La coalición que se le ha enfrentado se nutre del rechazo que, con distintas razones, han sostenido sectores muy diversos de la sociedad en ese país. Se trata de una alianza prácticamente sin proyecto de nación.

   La coalición antichavista tampoco ha tenido una figura emblemática, que pueda ser contrastada con el presidente. Tenaces dirigentes de la vieja izquierda, ciudadanos en busca de una opción moderna y poderosos empresarios a la defensa de privilegios, se encuentran entre los componentes principales de esa forzada aunque notable alianza.

   En caso de ganar el referéndum la coalición se había propuesto  diseñar una transición política en la que tuvieran espacio todas las fuerzas de ese país. En cambio Chávez no ha expresado un compromiso similar. Ahora, con el respaldo de los votos de antier, es altamente posible que el presidente despliegue un comportamiento aun más autoritario y excluyente. Se teme una intensa persecución política, comenzando por los empleados del gobierno que se atrevieron a discrepar y con algunos medios de comunicación.

   Esa asechanza estaría respaldada por los núcleos más duros –e intolerantes– del chavismo. El incidente de ayer en un barrio de Caracas, en donde murió una mujer y otros seis ciudadanos quedaron heridos al ser atacados a balazos por simpatizantes de Chávez cuando participaban en una manifestación, es más que una advertencia. Cuando los gobernantes autoritarios reciben el aval de las urnas, sus inclinaciones totalitarias tienden a reforzarse. Por eso el espejo venezolano es tan preocupante cuando nos permite mirar al país que podríamos tener bajo el gobierno de López Obrador.

Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx

Página web: http://raultrejo.tripod.com/

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