Democracia con horizontes

La Crónica, 25 de abril de 2004

Hay quienes consideran que el escenario de escándalos y descomposición política que experimentamos en nuestros días es consecuencia de la democracia. Pero también se puede estimar que nos encontramos, más bien, ante insuficiencias e incluso distorsiones de la democracia que hemos construido en los últimos años. Se trata de una discusión que sobrepasa los linderos de la academia y que tiene la mayor relevancia política.

   Con frecuencia, quizá más por el entusiasmo que produce saber que hemos arribado al final de una etapa y por un frecuente apresuramiento para dictaminar la conclusión de periodos históricos, no pocos especialistas y dirigentes políticos consideran que en México hemos arribado a la democracia y que las tareas próximas son para consolidarla. Todo depende de qué entendamos por democracia. Al respecto existe una cada vez más copiosa discusión que sin duda será espoleada por la aparición del espléndido documento La democracia en América Latina que fue presentado el miércoles, en Buenos Aires, por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo Humano, PNUD.

   Esa documentada investigación fue dirigida por el ex canciller argentino Dante Caputo y está compuesta tanto por una extensa reflexión conceptual y política acerca de los alcances de la democracia, como por el resultado de varias indagaciones estadísticas para conocer las percepciones de los latinoamericanos acerca del régimen político en sus países.

 

Política y conceptos en crisis

   En toda América Latina se advierte el desasosiego de la gente respecto de los asuntos públicos. La investigación del PNUD encontró que el 64.6% de los ciudadanos consideran que los gobernantes no cumplen con las promesas que hacen en las campañas políticas porque, en ellas, “mienten para ganar las elecciones”.

   El 11.6% opina que los gobernantes no cumplen porque el sistema no los deja y el 9.5% atribuye ese incumplimiento a la necesidad que los gobernantes tienen para atender problemas de mayor urgencia.

   El 10.3% cree que no cumplen porque cuando hacen promesas los gobernantes ignoran lo complicado que son los problemas. Y solamente el 2.3% de los ciudadanos estima que sus gobernantes sí cumplen con lo que han prometido en las campañas.

   Ante esa imagen social de la política y el poder, el estudio hace un esfuerzo para encontrar definiciones amplias y realistas. Allí se recuerda que hasta ahora, con frecuencia, en distintos ámbitos se incurría en concepciones limitadas: “La democracia fue observada esencialmente en su dimensión electoral; la política vista a través de la crisis que expresaban sus partidos, las estructuras clientelísticas, la corrupción o los regímenes electorales; la problemática del Estado se centró en la cuestión de los equilibrios fiscales, la modernización burocrática y la disminución de su interferencia en la economía; la economía tuvo como tema casi excluyente la cuestión de sus equilibrios y las reformas estructurales supuestamente necesarias para lograrlos; y, finalmente, la globalización fue vista ya sea como el origen de males inevitables o como fuente de beneficios inmensos, poniendo incluso en duda el sentido de la continuidad de los Estados nacionales en un mundo que marchaba hacia ‘la aldea global’. Como dijimos, esos debates eran, en su momento, imprescindibles. Ahora son insuficientes. El desarrollo de la democracia es mucho más que la perfección de su sistema electoral”.

   “La crisis de la política –añade el documento– se expresa tanto en la baja credibilidad y prestigio de los partidos como en la poca eficacia de los gobiernos para abordar las cuestiones centrales que se detectan como déficit de ciudadanía, en particular los referidos a los derechos civiles y sociales. Ambas dimensiones de la crisis de la política –instituciones y contenidos– son vitales, dado que es la política la que debe formular opciones, representar a los ciudadanos y generar los nexos entre Estado y sociedad para gestar poder democrático”.

 

Lidiar con la condición humana

   El deterioro de la política es palmario en  nuestras naciones. Aunque en toda América Latina –la excepción cubana no se comenta en el estudio– hoy existen gobiernos que han llegado al poder a través de elecciones democráticas, el malestar ciudadano con sus dirigentes, representantes e instituciones, resulta cada vez más extendido. Las insuficiencias de la democracia así construida o, dicho de otra manera, las limitaciones de la democracia entendida solamente como una colección de reglas electorales, agobian hoy a las sociedades en toda esta región del mundo.

   En la presentación del estudio que dirigió, Dante Caputo recuerda que la política es una actividad realizada por mujeres y hombres que, como todos, tienen defectos, ambiciones y virtudes: “La construcción democrática se plasma a través de la política. Y aquí sucede algo similar a lo que acabo de señalar: también la política tiene graves carencias, lo que ha producido un rechazo creciente en nuestras sociedades hacia quienes la ejercen. Este Informe no es benévolo a la hora de mostrar la gravedad de la crisis de la política y los políticos. Pero estos políticos son los que han dado las luchas, los que han optado entre costos, los que han pagado con su prestigio u honor sus defectos o faltas. No tienen la pureza de quienes sólo asumen el riesgo de opinar. Muchos tienen la sencilla valentía de pelear en un escenario donde, las más de las veces, lo que se confronta no son grandes ideas, sino pasiones y miserias”.

   Tales luces y sombras del quehacer político hacen indispensable la existencia de reglas e instituciones pero también ameritan una constante exigencia delante del poder público. Añade Caputo:    “Algunos temen y abandonan, otros cometen errores y –de una u otra manera– pagan por ellos, pero una mayoría hizo algo más que opinar acerca de cómo deberían ser hechas las cosas. Lo intentaron, apostaron, perdieron, y muchos volvieron a intentarlo. Algunos con éxito. Nada hay aquí de reivindicación sentimental de los políticos, sino la sencilla advertencia de que la democracia no es una construcción idílica. Requiere mujeres y hombres dispuestos a luchar en ese turbulento territorio donde se desenvuelven los intereses y las pasiones, las luchas reales, que son las luchas del poder. La democracia se hace con la política, la única actividad que puede reunir la dura y maravillosa tarea de lidiar con la condición humana para construir una sociedad más digna”.

 

Un fin y un instrumento

   El documento, que en las siguientes semanas será presentado en otros países latinoamericanos, incluyendo el nuestro, incluye datos sobre la situación social y opiniones de dirigentes políticos de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana, Uruguay, Venezuela. Además fueron consultados centenares de expertos.

   En sus definiciones iniciales la investigación establece las siguientes ideas clave acerca de la democracia:

   “La democracia se ha convertido en un sinónimo de libertad y justicia. Es, a la vez, un fin y un instrumento. Contiene, básicamente, una serie de procedimientos para el acceso y el ejercicio del poder, pero es, para los hombres y las mujeres, también el resultado de esos procedimientos. En esta perspectiva, la democracia excede a un método para elegir a quienes gobiernan, es también una manera de construir, garantizar y expandir la libertad, la justicia y el progreso,  organizando las tensiones y los conflictos que generan las luchas de poder”.

   En un esfuerzo para no quedarse en una definición instrumental o limitada de la democracia, pero también para no desdeñar los evidentes avances políticos que ha experimentado América Latina en los años recientes, el texto precisa el papel indispensable que tienen el Estado, los partidos y los ciudadanos:

   “Las libertades que hoy poseemos son un bien invalorable; ésta es una conquista lograda con el impulso, la lucha y el sufrimiento de millones de seres humanos. Somos testigos del avance más profundo y amplio que la democracia ha tenido desde la independencia de nuestras naciones. Pero, como se verá en este Informe, lo conquistado no está asegurado. La preservación de la democracia y su expansión no son hechos espontáneos. Son construcciones voluntarias, formuladas en proyectos, modeladas por liderazgos e investidas del poder que proviene del apoyo popular. Requieren partidos políticos que construyan opciones sustantivas, un Estado con poder para ejecutarlas y una sociedad capaz de participar en una construcción que exceda los reclamos sectoriales. Una política que omite los problemas centrales, vacía de contenido las opciones ciudadanas; un Estado sin poder transforma el mandato electoral en una expresión de voluntades sin consecuencias, y una sociedad sin participación activa lleva, tarde o temprano, a una peligrosa autonomía del poder, que dejará de expresar las necesidades de los ciudadanos”.

  

Democracia, pobreza, desigualdad

   El documento, que fue patrocinado por el PNUD pero además contó con la colaboración de instituciones internacionales y grupos de varios países, está organizado en tres partes. El informe central, titulado La democracia en América Latina. Hacia una democracia de ciudadanas y ciudadanos, presenta los resultados de la investigación en un texto de 255 páginas.

   Además se ha puesto a circular un documento complementario, El debate conceptual sobre la democracia (240 páginas) que contiene las discusiones centrales entre una veintena de especialistas a partir de un texto del politólogo argentino Guillermo O’Donell, responsable del marco teórico de la investigación. Un tercer documento, de 283 páginas, ofrece el Compendio estadístico que muestra los resultados de una encuesta y varios estudios más acerca de la opinión que los latinoamericanos tienen de la democracia, así como varios indicadores sobre la situación política y social en los países estudiados.

   Al establecer el momento actual y los contrastes que vive esta zona y sin cuyo reconocimiento cualquier descripción de la democracia sería insuficiente, el texto central indica: “En América Latina, construir y ampliar los derechos ciudadanos es una tarea que se desenvuelve en un contexto novedoso. En estos últimos veinte años se ha producido un conjunto de grandes transformaciones. Por primera vez en la historia, una región en desarrollo y con sociedades profundamente desiguales está, en su totalidad, organizada políticamente bajo regímenes democráticos. Así se define, en América Latina, una nueva realidad sin antecedentes: el triángulo de la democracia, la pobreza y la desigualdad”.

   Esa tríada contiene la realidad de estos países en donde hemos avanzado en la liberalización del régimen político pero sin abatir carencias sociales fundamentales y es descrita en los siguientes términos:

   “El primer vértice del triángulo es la difusión de la democracia electoral en la región. Todos los países que la integran satisfacen los requisitos básicos del régimen democrático. Sólo los países agrupados en la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) comparten este rasgo.

   “El segundo vértice es la pobreza. En 2003, la región contaba con 225 millones de personas (o un 43,9 por ciento) cuyos ingresos se situaban por debajo de la línea de pobreza. Por cierto, esta situación varía de país en país. A pesar de estas diferencias, comparada con las

otras grandes regiones democráticas del mundo, América Latina ofrece la singularidad de la cohabitación de las libertades políticas con las severas privaciones materiales de muchos. Democracia y riqueza, democracia y pobreza son dos combinaciones que generan necesidades, dificultades y riesgos diferentes.

   “El tercer vértice es la desigualdad. Las sociedades latinoamericanas  son las más desiguales del mundo. Como en el caso de la pobreza, no sólo se observa la profundidad de la desigualdad en la región en comparación con el resto del mundo, sino también su persistencia a lo largo de las últimas tres décadas.

   “Por primera vez conviven estos tres rasgos, y la democracia enfrenta el desafío de su propia estabilidad coexistiendo con los retos

de la pobreza y la desigualdad. Los riesgos que derivan de esta situación son distintos y más complejos que los tradicionales del golpe

militar de Estado, que, por lo demás, tampoco han desaparecido totalmente”.

 

Una idea plena de ciudadanía

   En su balance de la situación latinoamericana, el estudio del PNUD toma en cuenta siete indicadores básicos: reformas estructurales en la economía, reformas democráticas, evolución del producto interno bruto por habitante, pobreza, indigencia, concentración del ingreso y  situación laboral. La comparación de esos rubros conforma un mapa descarnado y contrastante de nuestros países.

   Junto a esos datos, se ofrecen los resultados de estudios de opinión en los que destaca la preocupante tendencia de una gran cantidad de ciudadanos a considerar que, puesto que la democracia no siempre resuelve las necesidades sociales básicas, podrían estar dispuestos a respaldar regímenes autoritarios. El viernes pasado en Crónica el periodista Rubén Cortés ofreció algunos de los resultados más impresionantes de la indagación del PNUD sobre la apreciación que los latinoamericanos tenemos de nuestras democracias electorales.

   En una de sus tesis cardinales, el estudio considera que solo habrá democracia plena cuando los ciudadanos tengan y ejerzan derechos no únicamente en el terreno político sino, junto con ello, en el acceso a requerimientos sociales básicos.

   Esa idea de ciudadanía plena, se dice, “implica un estatus para cada persona como miembro de pleno derecho de una comunidad, y abarca diversas esferas que se expresan en derechos y obligaciones. La expansión de la ciudadanía es una condición del éxito de una sociedad y de la satisfacción de sus aspiraciones. Es en torno a esto que se debe juzgar la calidad de la democracia”.

   Más adelante, el Informe distingue entre ciudadanía política, ciudadanía civil y ciudadanía social.

   La primera de ellas incluye el derecho al voto, limpieza en las elecciones, diques al clientelismo, oportunidad para acceder a cargos públicos a través del proceso electoral.

   La ciudadanía civil requiere de la igualdad legal y la protección contra la discriminación, así como el reconocimiento de los derechos de los trabajadores, las mujeres, los indígenas y los menores. El derecho a la vida, a la integridad física, la administración de justicia, la libertad de prensa y el derecho a la información están incluidos en este rubro.

   Sobre la otra, se explica: “Los derechos a la salud y a la educación son considerados componentes básicos de la ciudadanía social. A su vez, la falta de empleo, la pobreza y la desigualdad han sido ampliamente reconocidas como aspectos que obstaculizan la integración de los individuos en la sociedad. En condiciones de extrema pobreza y desigualdad se dificulta la efectividad de un presupuesto clave de la democracia: que los individuos son ciudadanos plenos que actúan en una esfera pública donde se relacionan en condición de iguales”.

 

Predisponer a la opinión pública

   Además de la percepción de los ciudadanos acerca de asuntos públicos como los antes mencionados, el Informe del PNUD buscó la opinión de 231 personas “que ejercen funciones de liderazgo en América Latina”. Entre las causas que limitan la democracia en esta región, los dirigentes mencionaron las presiones de grupos de interés –fundamentalmente empresariales–; en  segundo lugar al narcotráfico y en tercero, a los medios de comunicación.

   Sobre el papel político y el poder formidable de las empresas de comunicación, el Informe explica: “Esta gran influencia de los medios es vista como parte del aumento de los controles que han permitido democratizar el ejercicio del gobierno, pero también, según lo perciben principalmente los políticos consultados, como una restricción al proceso democrático. Los medios tienen la capacidad de generar agenda, de predisponer a la opinión pública a favor o en contra de diferentes iniciativas y de erosionar la imagen de figuras públicas mediante la manipulación de denuncias. Existe amplio consenso entre los consultados en cuanto a que la gran influencia de los medios limita el poder de las instituciones políticas. En realidad, siempre tuvieron mucha influencia y los políticos intentaron servirse de ella. Lo nuevo, además de la mayor exposición del público a los medios, es que se ha salido de una época en la que estaban mayoritariamente vinculados a los partidos políticos y, en algunos casos, éstos ejercían cierto control sobre aquéllos; actualmente muchos medios se han independizado de las estructuras partidarias y han pasado a formar parte de grupos económicos no subordinados al poder político y con intereses muy diversificados”.

 

Poner en el centro a la política

   Los actores sociales y políticos cuyo desempeño es discutido en el Informe, ocupan una constelación amplia. De los partidos, tanto la opinión de ciudadanos registrada en encuestas como el sondeo entre dirigentes seleccionados para el estudio, resulta sintomáticamente ácida. Además de reconocer el extendido desgaste y el desprestigio, se recuerda que son instituciones insustituibles en cualquier democracia.

   En sus conclusiones, entre otras observaciones, el Informe reitera “que la democracia entendida en forma minimalista, como la posibilidad de ejercer el derecho del voto periódicamente para elegir gobernantes, dentro de un marco donde esté plenamente vigente el estado de derecho, no sólo es importante sino una condición sine qua non para poder calificar a un régimen de democrático”.

   Ese es, sin embargo, solamente un punto de partida. El diagnóstico del PNUD busca ser más ambicioso. “Considera que debe ampliarse el horizonte de la democracia perfeccionando no sólo los mecanismos institucionales de la política y la implementación efectiva de los derechos civiles para todos los ciudadanos, sino atendiendo a la expansión efectiva de la ciudadanía social”.

   En otros términos, se pretende “avanzar hacia una ciudadanía integral, lo que supone poner en el centro a la política como forma de que el ciudadano y más precisamente la comunidad de ciudadanos, pueda participar en decisiones sustanciales”.

   Más adelante se subraya: “Crear una visión integral de la ciudadanía, articular el funcionamiento de la economía con las decisiones políticas de la comunidad de los ciudadanos son algunos de los temas que emergen de este Informe para suscitar una nueva forma de debatir la democracia en la región Latinoamericana”.

   Si la murmuración y el escándalo no nos tuvieran tan abstraídos y alejados de lo importante, esa sería una de las discusiones básicas que tendríamos que emprender en México. Pero parece imposible que podamos arribar a una ciudadanía cabalmente deliberativa cuando el escenario público está dominado por ambiciones, querellas y confrontaciones como las que nos entretienen y aturden a diario.

Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx

Página web: http://raultrejo.tripod.com/

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