El brillo del diamante

La Crónica, 27 de julio de 2004

Tengo la obligación de iniciar este comentario con un rapto de honestidad. El beisbol nunca me ha gustado. No consigo entender la seducción que despierta en los aficionados la monótona rutina del lanzador que se ubica –mirada de águila y gesto bravucón– en el montículo desde donde busca anonadar al señor que sostiene el bat. De cuando en cuando alguien pega una carrera y los espectadores disfrutan el gozo esporádico que mueve la pizarra.

   Siempre me ha parecido que es un deporte suficientemente parsimonioso para que se transmitan los comerciales de la televisión sin que el público se pierda algo importante. Pero reconozco que en el beisbol hay un encanto que no entiendo. Gracias a él sus fanáticos son legiones y comparten –como toda cofradía– códigos, usanzas y leyendas a las que no tenemos acceso los legos en estos asuntos.

   Esa pasión por el juego y su liturgia recorre las páginas de El brillo del diamante (Universidad Veracruzana y Ficticia Editorial) el conciso y gustoso libro que escribieron Ramón y Jorge Hernández. No eran parientes pero los hermanó el beisbol –uno como jugador extraordinario y mítico, el otro como espectador conspicuo y bullicioso–.

   Ramón El Abulón Hernández jugó en más de mil 700 partidos con los Diablos Rojos del México –equipo en donde transcurrió 15 de sus 22 años como beisbolista profesional–. Sus marcas como bateador permanecieron inimitadas por más de dos décadas. En 1980 –tomo estos datos de la solapa del libro– en 88 juegos solamente fue ponchado en 7 turnos al bat. Los expertos sabrán apreciar estos hechos: con los Diablos Rojos estuvo en más de 6 mil 500 turnos al bat y conectó mil 904 jits. 

   Mi confesada ignorancia en estos asuntos me exime de explicarlos. Pero en cambio hace un cuarto de siglo seguí de cerca las otras hazañas de El Abulón Hernández en el beisbol: su participación en la creación de la Asociación de Beisbolistas Profesionales, la cual presidió entre 1979 y 1985.

   Organizar a los beisbolistas para que defendieran sus derechos laborales constituyó un desafío ante la relación caciquil y autoritaria que los dueños de la mayor parte de los equipos de beisbol mantenían con los jugadores. En castigo por afiliarse a la Anabe los propietarios del Tigres despidieron al joven receptor Vicente Peralta. La solidaridad en favor de ese beisbolista consolidó a la nueva agrupación.

   A comienzos de los años ochenta los mejores beisbolistas mexicanos estaban en la Asociación. Muchos más fueron despedidos. Entonces la Anabe creó una liga paralela de calidad deportiva notablemente mayor a la que mantenían los empresarios.

   El resentimiento de quienes se consideran dueños del beisbol llegó a tal punto que en algunas recopilaciones estadísticas e históricas han sido borrados los nombres de los jugadores que estuvieron más comprometidos con la Anabe. Por eso, entre otros motivos, es útil el libro de los dos Hernández que rescata parte de las experiencias que hacen del beisbol acontecimiento y pasión colectivos.

   Al coautor del libro, Jorge Hernández, le dicen El Biólogo porque esa es la profesión que estudió en la Facultad de Ciencias de la UNAM, donde fue profesor durante largo tiempo. Su desempeño fructífero en varias áreas del servicio público no ha sido sustantivo para la afición beisbolística que se expresa en El brillo del diamante. Aunque en la información sobre sus autores que proporciona el libro se dice que juega beisbol desde hace décadas, la verdad es que las actividades físicamente extenuantes que le conocemos sus amigos son de otra índole: las tertulias de política y poesía, la exaltada y siempre entrañable discusión y, antes, las sesiones de rumba y jaibol en antros de insólita catadura.

   Amparado por una consagratoria cita del novelista Philip Roth (que enaltece virtudes del beisbol  como “su sabiduría, su leyenda, su poder cultural… sus reglas simples, sus estrategias transparentes, su interminabilidad, su emoción…”) el libro de los Hernández recupera gestas y desniveles de algunos personajes emblemáticos del beisbol mexicano. “Es –dicen– un juego pausado que demanda endiablados relámpagos de velocidad para practicarlo y es el único deporte en el cual la defensiva siempre tiene la pelota”.

   Si algo queda claro aparte de la especializada ilustración de esos autores es que, al beisbol, sus fanáticos suelen ensalzarlo sin moderación. No en balde Yogi Berra dijo que “el beisbol es 90% mental, la otra mitad es física”.

   El escritor californiano Robert Frost dijo que “Los poetas son como los pitchers de beisbol. Ambos tienen sus momentos. El problema son los intervalos”. Ahora sabemos que a esos intervalos están habitados por historias como las que se narran en este libro.

   El brillo del diamante será presentado mañana miércoles 28 de julio a las 19.30 en “La embajada jarocha” (Zacatecas 138, colonia Roma). Además de los autores estarán Gerardo de la Torre, José Woldenberg, Leo Mendoza y Pedro Armendáriz.

Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx

Página web: http://raultrejo.tripod.com/

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