Embustero

La Crónica, 5 de octubre de 2004

Andrés Manuel López Obrador pudo haberse reunido con el presidente de la Suprema Corte de Justicia las veces que ambos hayan considerado necesarias. Nadie hubiera considerado que se trataba de encuentros irregulares. Nadie se los hubiera reprochado.

   Pero el jefe de Gobierno del DF denunció, como si se tratase de un encuentro anormal e ilícito, la charla que tuvieron en semana santa el presidente Vicente Fox y el ministro Mariano Azuela.

   López Obrador se valió de esa reunión para afirmar que hay una conspiración en su contra. Y en varias ocasiones aseguró que, en cambio, él para nada se había entrevistado recientemente con el presidente de la Corte.

   Apenas el 20 de de septiembre reiteró que tenía más de un año sin hablar con el ministro Azuela. “La última vez que lo vi. creo que fue hace un año y todavía no estaba lo del desafuero”.

   Por eso ayer, cuando fue confrontado con la versión publicada por Crónica, López Obrador trastabilló y no tuvo más remedio que admitir que sí se ha reunido recientemente con el presidente de la Corte. La información fue demasiado sólida para que pudiese esquivarla. Testimonios de meseros, el menú que les sirvieron y hasta el litigio que tuvieron para pagar la cuenta (que acabó siendo sufragada por el ministro) respaldan esa nota.

   Azuela y López Obrador comieron varias veces en el restaurante La Cava. Si hablaron o no del desafuero es lo de menos. Pudieron haberlo hecho porque entonces ya era noticia la reticencia de López para cumplir la orden de suspensión de obras en El Encino. La posibilidad del desafuero ya había sido mencionada en la prensa.

   No sabemos si el jefe de Gobierno y el presidente de la Corte abordaron ese u otros temas que podían ser de interés común. Como funcionarios públicos que son, es de lo más natural que se reúnan a conversar. Tanto así, que se encontraron en un lugar público. Gracias a ello las reporteras Patricia Huesca y Leticia Cortés pudieron conocer detalles incidentales de esas comidas.

   López Obrador quedó enmarañado en sus propias mentiras. No tenía necesidad alguna de haber denunciado la reunión en Los Pinos como complot y mucho menos de engañar acerca de sus propias juntas de trabajo.

   Atrapado en falta, ayer su primera reacción fue descalificar a los reporteros que le señalaron ese embuste: “están ustedes muy bien conectados con el Cisen” les dijo, como si la información de un encuentro a la mitad de un restaurante repleto de comensales tuviera que haber surgido de los servicios gubernamentales de inteligencia.

   El comentario inmediato ha sido unánimemente adverso al jefe de Gobierno. Ayer por la mañana, en su noticiero de Radio Mil, Leonardo Curzio consideró acerca de las inconsecuencias de López Obrador: “a veces eso de estar acusando se vuelve un boomerang en contra de uno, reuniones en lo oscurito decían entre Mariano Azuela y el presidente”.

   Más o menos a la misma hora, Carlos Loret de Mola recordaba en XEW: “López Obrador venía asegurando que solo vio el año pasado a Azuela en octubre”.

   Más tarde, en la misma estación, Carmen Aristegui comentó que, al jefe de Gobierno: “No le va nada bien haber sido sorprendido con información de esta naturaleza, porque en su momento debió haberla exhibido públicamente si nos atenemos a la lógica de sus acusaciones contra el propio ministro de la Corte y del presidente Fox por la reunión que tuvieron el 6 de abril”.

   Gracias al extraordinario servicio de recopilación de los contenidos en noticieros que ofrece la empresa Medialog, podemos citar también la opinión de Ciro Gómez Leyva en Fórmula de la Tarde: “Aquí lo grave no es que Andrés Manuel López Obrador se haya reunido o no a comer con Mariano Azuela sino que la semana pasada todavía negaba, juraba, que no se había visto con Azuela desde octubre del año pasado, desde hace un año, cuando lo fue a ver con motivo del caso del Paraje San Juan… Hoy tiene que reconocer que mintió.”.

   Javier Solórzano, en la W, utilizó una metáfora cercana a las aficiones de López Obrador: “él que es beisbolista estaba esperando una recta y resulta que le mandan un tirabuzón… se ha metido en un terreno en donde es su palabra y le creemos o no le creemos”.

   Algunos no le creemos a López Obrador. No es cuestión de animosidad sino de compromiso con la verdad. Da lo mismo con quién se haya reunido. El jefe de Gobierno está habituado a deformar la realidad a su conveniencia. Y cuando lo contradicen se dice espiado y víctima de conspiraciones.

   Si alguna utilidad tiene este episodio es porque confirma que el paladín de la honestidad y la valentía es, en realidad, un embustero.

Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx

Página web: http://raultrejo.tripod.com/

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