PVEM, contaminante partido

La Crónica, febrero 29 de 2004

Es difícil imaginar cuánta impudicia se necesita para reaccionar como Jorge Emilio González Martínez a la propuesta que le hicieron en el video que todos hemos presenciado. No había sangre fría, ni astucia, sino un insolente desgano en la manera como el dirigente del Partido Verde Ecologista se comporta durante varios minutos, atento al monto del negocio que le estaban ofreciendo.

   También resulta aterrador suponer cuánta perversidad se requiere para tender una trampa como la que hundió a González Martínez en una irremediable ruina política.

   Santiago León Aveleyra se hizo asesorar por un especialista en espionaje, se colocó una microcámara en la corbata (seguramente conectada a un equipo más voluminoso que debió haber llevado en el bolsillo o adherido al torso) acudió a la cita con el presidente nacional de su partido, lo saludó y le presentó al empresario que haría la propuesta indecorosa, presenció y grabó el episodio que se ha convertido en el material más visto esta semana en la televisión mexicana. Se despidió y aguardó el momento político que él y sus compañeros consideraron preciso para exhibir la proclividad de González a los negocios sucios.

   González Martínez y León Aveleyra se parecen tanto que, en la comedia mediática y política de los días recientes, ha sido difícil distinguir entre sus respectivos perfiles personales.

   Ambos, comparten la misma pobreza en el terreno de la ética, la misma indigencia en el bagaje lexicográfico. El primero, ha regenteado sin principios morales a un partido que le heredaron para que hiciera negocio. El otro ocupó un cargo de representación, estuvo cerca de la pequeña elite del PVEM y solo hasta que dejó de usufructuar ese privilegio descubrió que el partido del que se había beneficiado varios años estaba dominado por el tráfico de influencias y la corrupción.

 

Franquicia política

   No hay a quién irle dentro del PVEM. Seguramente, como se ha dicho, en ese partido hay militantes honestos y con un proyecto político que quisieran reivindicase las causas ambientales. Pero no se les mira por ninguna parte.

   El alcalde de Benito Juárez-Cancún, que es el miembro del PVEM más relevante que se encuentra en una posición de gobierno, ha sugerido la dimisión de González Martínez . Pero no parece interesado en la restauración de ese partido sino, simplemente, en que el Verde no termine de desmoronarse antes de que él sea candidato al gobierno de Quintana Roo.

   Los miembros del PVEM que en diversos sitios del país –Querétaro, Tamaulipas y los que se acumulen durante los próximos días– ahora denuncian irregularidades de la dirigencia nacional, tratarán de salvar a su partido no porque de repente se hayan percatado de las prácticas de quienes mandan allí sino porque no quieren perder su segmento de esa franquicia política.

   Los otros interesados en la supervivencia del Partido Verde son sus aliados en el PRI. La vinculación entre esos partidos no se ha debido a que tengan coincidencia en los programas, ni a la convicción compartida en torno a sus candidatos comunes. Se trata, simple y pragmáticamente, de una alianza en la que ambas partes han esperado obtener beneficios.

 

Cálculos del PRI

   El Revolucionario Institucional considera que, con esa alianza, aprovecha el 4 o 5% de la votación nacional que el Verde ha tenido en elecciones recientes. El PVEM, a su vez, gana presencia nacional y se protege contra cualquier disminución en sus votaciones.

   Hoy en día, esa alianza favorecerá mucho más al PVEM –o a lo que quede de ese partido después de esta tormenta– que al PRI.

   Roberto Madrazo ha reivindicado su alianza con el partido en desgracia. No lo mueve la solidaridad con sus inopinados compañeros de fórmula electoral sino la creencia en que el Verde, pese a todo, se repondrá del conflicto en el que se encuentra hoy.

   Es una apuesta aventurada. Posiblemente el Verde no desaparezca, al menos de aquí a las elecciones federales de 2006. Quizá, incluso, la familia González Torres consiga mantener el control sobre el partido antes de resignarse a una definitiva liquidación. Eso dependerá de las infracciones que la autoridad electoral, auxiliada por la Procuraduría General de la República, sea capaz de documentar.

   Si el IFE encuentra evidencias de un fraude sistemático y considerable, tendría elementos para disponer la cancelación del registro del Verde Ecologista. Sin embargo esa posibilidad parece remota. Hasta ahora los dirigentes del Verde han tenido suficiente cuidado para entregar en orden –al menos eso ha parecido– la documentación de sus gastos.

 

Dilema en el IFE

   Tendrían que aparecer pruebas muy contundentes para que la autoridad electoral se apoyase en la fracción f del artículo 66 del Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales en donde se establece como causa para que un partido pierda el registro:

   “Incumplir de manera muy grave y sistemática a juicio del Consejo General del Instituto Federal Electoral las obligaciones que le señala este Código”.

   Sería indispensable fundamentar ese incumplimiento respecto de las obligaciones legales del PVEM.  Pero, junto con ello, sería necesario que entre los consejeros del IFE prevaleciera la convicción de que es pertinente imponer una sanción de esas dimensiones.

   No hay que olvidar que, al PRI, el anterior consejo general del IFE le impuso una multa de mil millones de pesos por un delito que implicó financiamiento ilegítimo por la mitad de esa cantidad.

   En cambio el dirigente del PVEM, en el célebre video, no recibe dinero: simplemente se manifiesta interesado en ganar 2 millones de dólares.

   Se trata de una suma equivalente al 4% de la que el PRI ingresó de manera ilegal a su campaña en 2000. Y al Revolucionario Institucional no le quitaron el registro, aunque le impusieron una sanción multi millonaria.

   Por otro lado, el PRI tratará de cobijar a sus aliados del Partido Verde. El ascendiente que pueda tener sobre los consejeros electorales –el cual aparentemente no es poco– la dirección priista querrá ejercerlo para evitar el desvanecimiento del PVEM.

 

Repliegue mediático

   Todo ello, obedecerá a un pragmático y arriesgado cálculo. El PRI supone que el Verde Ecologista mantendrá, después de este incidente, el caudal de votos que ha tenido en los últimos años.

   La clave para que así ocurra se encuentra en la intensidad mediática que siga teniendo el escándalo en el PVEM. Si en los medios –especialmente en la televisión– se mantienen los cuestionamientos a González Martínez y se sigue transmitiendo el video de la propuesta de soborno, la confianza en ese partido se mantendrá por los suelos.

   Pero si el asunto comienza a disiparse es posible que, paulatinamente, el PVEM logre restaurar su imagen pública. Ello ocurriría si, como es altamente previsible, el video que retrata la avidez de González Martínez es desplazado en los siguientes días por otro escándalo mediático.

   También puede ocurrir que las empresas de comunicación más importantes decidan aminorar las críticas al “niño verde” y a su partido. Después del martes, cuando en los medios hormigueaban los cuestionamientos a González Martínez y a su partido, la intensidad de esas críticas comenzó a disminuir. Tres días más tarde la agenda mediática comenzaba a incorporar otros temas en sus apartados más relevantes y la agresividad de algunos conductores de televisión y radio respecto del dirigente del PVEM había disminuido.

 

Partido maltrecho

     Si ese repliegue está obedeciendo al interés, concertado o no, del gobierno y las empresas mediáticas para restarle notoriedad a las tropelías en el Verde, no sería difícil que el partido se mantenga aunque notoriamente maltrecho.

   Allí es donde el cálculo de los dirigentes priistas puede fallar estrepitosamente. Suponer que este episodio será olvidado y que los votantes del PVEM ratificarán la adhesión que han tenido por ese partido, implica confiar en su flaca memoria. Para que así ocurriese, la fama pública del Verde tendría que conservar los rasgos que hasta ahora lo han singularizado, por lo menos frente a un acotado pero significativo porcentaje de votantes.

   Salvo algunas regiones del país –aquellas en donde los candidatos y líderes del PVEM han sido dirigentes sociales y/o caciques locales cuyo arraigo no depende del partido sino de otras circunstancias– es posible que el voto por el Verde haya sido uno de los menos clientelares. En una medida importante ese voto se ha originado en el deseo de algunos ciudadanos para respaldar a una opción política que consideraban distinta a las tradicionales.

   El perfil del Partido Verde estaba sustentado en tres valores: la reivindicación de las causas ambientales, la representación de los jóvenes y la apuesta por una nueva política.

   La identidad ecologista constituyó, por varios años, la mejor cobertura para ese partido. En todo el mundo las causas ambientales han llamado la atención de la sociedad. En México, ha importado poco que el PVEM habitualmente esté al margen de los principales temas en la agenda ecologista. Eso lo saben poco los votantes. Todavía algunos suponían que votar por el Verde implicaba defender la naturaleza.

 

Desprestigio

   Tampoco se había publicitado ampliamente el carácter familiar, además de profundamente antidemocrático, de ese partido. Los lectores de algunos periódicos han estado al tanto de la trayectoria del fundador del Verde, Jorge González Torres, y de la manera como le heredó el partido a su hijo Jorge Emilio. Pero quienes se enteran de los asuntos políticos a través de la televisión no necesariamente estaban al tanto de tales negocios. Ahora, por lo menos durante los días recientes, al PVEM se le ha asociado, de manera muy extendida, con prácticas de corrupción y nepotismo.

   Esa imagen será contradictoria con la novedad que aparentemente representaba el Verde. La campaña de hace varios años que proponía votar por un ecologista y no por un político, incluso podría revertírsele a ese partido.

   Los electores habrán constatado que los dirigentes del Verde no son menos tramposos, ni menos renuentes al tráfico de influencias, que los líderes de otras organizaciones políticas.

   Así que es difícil que, aun cuando mantenga su registro, el Verde siga siendo un asociado útil.

   Al contrario, es posible que de aquí en adelante envilezca cualquier opción política –partido, individuo, medio de comunicación o empresa– que se vincule con él. El partido que alguna vez se dijo abanderado de la limpieza ambiental, acabará siendo el que más contamine a sus aliados y a la política toda.

  

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