“Sin pan y sin palabras” en Cuba

La Crónica, 18 de abril de 2004

El acoso que padecen en Cuba los periodistas independientes podía ejemplificarse, hasta hace poco, en el caso de Jesús Labrador Arias. Corresponsal de un servicio de noticias autónomo, una mañana ese cubano que vive en Manzanillo, al sureste de la isla, recibió una información que lo hizo pedalear seis kilómetros en su bicicleta. Así llegó a una finca rural en donde la noche anterior alguien se había robado tres vacas. Allí mismo las sacrificaron y las destazaron. Episodios como ese aparentemente son frecuentes en Cuba y Labrador quería documentar, con él, la pobreza que consume a su país. Pero no pudo cumplir con esa tarea informativa. Cuando llegó estaban esperándolo varios policías que lo apresaron.

“Yo sólo vine a verificar la información. ¿Por qué no están buscando a los ladrones?”, reclamó el periodista. Y preso quedó.

Al narrar ese episodio el también periodista Raúl Rivero, que es además uno de los poetas cubanos más prestigiados en la actualidad, explicaba: “Es sólo una anécdota pero puede ilustrar a los lectores desprevenidos acerca del entorno en que realiza su trabajo la prensa cubana que se desempeña fuera de los medios oficiales”.

Labrador no estuvo preso mucho tiempo. En otra ocasión su casa fue apedreada por vecinos que lo consideran “antisocial”, que es el término que el gobierno de Fidel Castro utiliza para calificar a sus opositores. Luego, fue acusado por el padre de una muchacha de 16 años a la cual, según se aseguró, el periodista le aconsejó que rompiera la propaganda que había en los tableros murales de su escuela. Por ese delito Labrador estuvo a punto de ser condenado a un año de cárcel.

 

Fox y Bush al teléfono

Mucho peor que a ese periodista en Manzanillo, les ha ido a 75 informadores, escritores y dirigentes sociales que fueron encarcelados hace un año, en la oleada represiva más importante que se ha desatado en Cuba durante los tiempos recientes.

Las condenas de entre 12 y 27 años para esos opositores y periodistas independientes fueron cuestionadas en la resolución que esta semana tomó en Ginebra la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas.

El voto mexicano para respaldar esa propuesta ha sido muy discutido. Hay quienes consideran que, con esa definición, nuestro gobierno se subordina a las exigencias de la Casa Blanca cuya animosidad contra el régimen de Fidel Castro es obsesiva. La versión del vocero del presidente George W. Bush acerca de la conversación telefónica que habían sostenido los presidentes de México y Estados Unidos espoleó la desconfianza y puso en aprietos al gobierno de nuestro país.

Sobre esa charla telefónica hay dos versiones. Washington dice que el presidente mexicano se comprometió a votar como finalmente lo hizo en la Comisión de Derechos Humanos. El gobierno de México sostiene que no hubo tal acuerdo.

En realidad el presidente Vicente Fox no tenía por qué modificar la posición mexicana que ya se había manifestado hace un año, cuando la misma Comisión aprobó una resolución muy similar a la que se votó el jueves pasado. Aquella vez, y ahora nuevamente, la Comisión le pide al gobierno de Cuba que permita que un representante suyo visite la isla y examine las condiciones de los derechos humanos en ese país.

 

Resolución en Ginebra

La resolución que México respaldó “lamenta los hechos ocurridos el año pasado en Cuba en relación con algunas condenas a disidentes políticos y periodistas”. También “expresa su esperanza de que el gobierno de Cuba continuará esforzándose por robustecer la libertad religiosa y de que pondrá en marcha medidas con el fin de facilitar la transición hacia el establecimiento de un diálogo fructífero con todas las corrientes de pensamiento y grupos políticos organizados de su sociedad, a pesar del precario ambiente internacional, con el propósito de promover el desarrollo pleno de las instituciones democráticas y de las libertades públicas”.

Ese párrafo ha sido cuestionado por el gobierno cubano, que lo considera expresión de injerencia en los asuntos internos de ese país. Sin embargo el solo hecho de que una formulación tan cuidadosa –que no hace mas que proponer que el gobierno y la sociedad de un país tengan interlocución permanente y formal– le pueda preocupar, indica el grado de autoritarismo al que ha llegado, muy lamentablemente, el régimen de Castro.

En el punto central de la resolución, la Comisión: “Insta al gobierno de Cuba a que coopere, dentro del pleno ejercicio de su soberanía, con la Representante Personal del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, facilitándole el cumplimiento de su mandato, como otros Estados soberanos deben hacerlo en cumplimiento de los Propósitos y Principios consagrados en la Carta de las Naciones Unidas”.

 

Represión y privaciones

Ese es el documento que México avaló esta semana en Ginebra y que ha merecido la condena tanto del régimen de Castro como de quienes, en nuestro país, quieren cerrar los ojos a la cotidiana transgresión que se comete contra las libertades individuales y sociales en Cuba.

Esa situación ha sido documentada, a pesar de que no ha podido visitar la isla, por la Alta Comisionada para los derechos humanos en Cuba, Christine Chanet. Hace tres semanas esa funcionaria internacional presentó el informe sobre su primer año en tal responsabilidad y subrayó la preocupación por las detenciones que hubo en Cuba entre marzo y abril de 2003.

La mayor parte de las acusaciones contra los 75 periodistas y opositores detenidos en ese lapso se referían a su trabajo profesional y a las relaciones que algunos de ellos tienen con organismos internacionales de defensa de derechos humanos. En juicios sumarios y sin posibilidad de elegir a sus abogados, esos ciudadanos recibieron condenas que están cumpliendo en cárceles lejanas e insalubres.

Chanet, que hace siete años fue la primera mujer en presidir la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas, recordó también en su Informe los fusilamientos del 11 de abril de 2003 contra tres cubanos que, para salir de la isla, habían secuestrado a una embarcación con turistas: “El secuestro no había causado ningún derramamiento de sangre. No obstante, los tres acusados fueron enjuiciados con un procedimiento sumarísimo…. En el plazo de una semana se agotaron todas las vías de recurso y las tres personas fueron ejecutadas, pese a que en Cuba regía una moratoria de la pena de muerte desde abril de 2000. Ante esta situación, la Representante Personal del Alto Comisionado insta a las autoridades de Cuba a que no sometan a su pueblo al sufrimiento que supone la privación de los derechos humanos y las libertades fundamentales y que se suma a los sufrimientos económicos y sociales que vienen padeciendo desde hace tanto tiempo”.

La magistrada Chanet no ha ignorado las condiciones políticas y económicas que afectan a los cubanos. En su Informe también dice: “No se pueden pasar por alto los desastrosos y persistentes efectos en las esferas económica y social, así como en lo relativo a los derechos civiles y políticos, del embargo del que es víctima el pueblo cubano desde hace más de 40 años. En efecto, la tensión extrema entre Cuba y los Estados Unidos de América crea un clima poco propicio para el desarrollo de las libertades de expresión y de reunión. Las leyes estadounidenses y los fondos destinados a la ‘edificación’ de la democracia en Cuba hacen que se considere a los opositores políticos de la isla simpatizantes del extranjero y brindan a las autoridades cubanas la oportunidad de intensificar la represión contra ellos”.

 

Artefactos subversivos

Quizá el más emblemático de los 75 periodistas y disidentes cubanos que han cumplido un año en la cárcel es el ya mencionado Raúl Rivero, fundador de la agencia CubaPress y promotor de la prensa independiente en ese país. Nacido en Morón el 23 de noviembre de 1945, Rivero es autor de nueve libros de poesía y cuatro de crónicas. Estudió periodismo en la Universidad de La Habana y durante años escribió en prácticamente todos los medios importantes en su país, entre ellos la agencia Prensa Latina. Fue asesor de Nicolás Guillén en la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.

En 1991 Rivero suscribió el documento conocido como Carta de los Diez en donde se le pedía al gobierno cubano que ampliara los espacios para las libertades democráticas. El régimen comenzó a perseguirlo. Debido a esa defensa del derecho a la expresión, en 2000 el Instituto Internacional de Prensa incluyó a Rivero entre los 50 Héroes de la Libertad de Información en la segunda mitad del Siglo XX.

El escritor fue detenido el 20 de marzo de 2003. Dos semanas más tarde estaba condenado a 20 años de cárcel. La fiscalía lo acusó, entre otras cosas, de haber fundado una agencia de noticias, enviar al extranjero informaciones que aparecían en páginas web y participar en “el ilegal lanzamiento en La Habana de un libro con ideas y estrategias desestabilizadoras y subversivas”.

El acta del encausamiento contra Rivero señala que en su domicilio fueron decomisados un radio y una grabadora, una máquina de escribir, una computadora portátil, varios casetes y algunos libros de los que es autor. Un video presentado en la sala del tribunal mostraba esos artículos, considerados sediciosos por los acusadores del escritor. Allí se podían apreciar los casetes, que contenían música de Joan Manuel Serrat, José Luis Rodríguez El Puma y algunos cantantes cubanos.

Rivero cumple su sentencia en la prisión de Canaleta en Ciego de Ávila, a más de 400 kilómetros de La Habana. Allí, ocasionalmente, puede escribir algunos poemas. Varios de ellos han aparecido en publicaciones como El País de Madrid y en la revista mexicana Letras Libres.

 

Liberado por cuenta propia

El acta de la acusación contra Raúl Rivero aparece como apéndice a su libro Sin pan y sin palabras. A favor de la libertad en Cuba, que se publicó hace algunos meses en España. Allí se reúne una veintena de artículos que Rivero publicó en los años recientes acerca de la vida cotidiana y el ejercicio de la prensa independiente en su país.

Prologado por el escritor Eliseo Alberto, que radica en la ciudad de México y es distinguido colaborador de La Crónica, el libro muestra que la única subversión de la que Rivero ha sido capaz es la de pelear por la libertad de las palabras.

En uno de esos textos admirables y contundentes, titulado “Monólogo del culpable”, Rivero cuestiona las disposiciones legales que prohíben la publicación, en Cuba, de impresos que no hayan pasado por la anuencia del gobierno:

“La letra de la ley sobre la protección de la independencia nacional y la economía de Cuba les permite a las autoridades de mi país condenarme por el único acto soberano que he realizado desde que tengo uso de razón: escribir sin mandato. El camino que inicié hace unos pocos años con la ruptura total con los medios de prensa y cultura del gobierno me ha ido convirtiendo en un ser humano distinto, alguien que se ha liberado por cuenta propia, alguien que en un entorno amenazado y hostil pudo empezar el viaje hacia la libertad individual”.

El escritor relata, más adelante: “Para el brazo en alto de esta nueva ley, así como para los insultos de los oscuros funcionarios del periodismo oficial, las llamadas amenazadoras a mi casa, para el sobresalto de cada día yo tengo –me doy cuenta cuando me quedo solo con mi máquina– el regocijo de saberme libre. La certeza de que informar con objetividad y profesionalismo y escribir mi opinión sobre la sociedad en que vivo no puede ser un delito muy grave”.

Sin embargo lo fue, según la estrecha y medrosa perspectiva de las autoridades cubanas. Por escribir textos como ése, Rivero está condenado a dos décadas de prisión.

 

Exangües y extenuadas

En otro texto, titulado “Matar la palabra”, Rivero hace un inventario de los vocablos que en Cuba “perdieron la vida, los contenidos, el vigor en los últimos 40 años”.

“Los esplendorosos y mágicos fonemas que forman el vocablo libertad encabezan el cortejo. Allá va, vacía, hueca y estrujada, la palabra que los grupos de poder han exprimido aquí hasta convertirla en su antónimo”, manifiesta ese texto inicialmente aparecido en diciembre de 2000 en El Nuevo Herald. Continúa:

“Allí está descendiendo en el alfiler de la corbata del milenio el vocablo democracia, con todos sus ecos griegos, sucio y gastado, hacia el fondo de la sepultura.

“Dígale alguien a un jubilado de Alacranes o a un joven desempleado de Centro Habana la noción exacta de dignidad.

“Que se le explique el poderío de resistencia a un ama de casa, madre de tres hijos, sin familia en el extranjero y sin contactos con una empresa mixta.

“Los ampulosos profesores de español que dediquen un turno de clase a la palabra cultura, a ver cómo apagan los fantasmas de los artistas censurados, los rehenes, los marginados, los excluidos y los expulsados”.

De esa amargura y realismo es la prosa de Rivero, que muy posiblemente no ha tenido en su manos el libro, publicado por Península de Barcelona, en donde aparecen estos textos. “Se marcha la palabra prensa en su única y aseada acepción, porque en Cuba lo que se publica es propaganda latosa y desconcertante”, dice. “En el cortejo van palabras que, para quedarse, necesitan adjetivos, prótesis y andadores. Allá van, exangües y extenuadas, fraternidad, familia, derechos, apertura, evolución, justicia, patriotismo, verdad, fervor, elecciones, parlamento y sociedad”, deplora el ahora encarcelado poeta.

 

Prisioneros y símbolos

Aún en prisión y sin escribir, Rivero lucha contra el autoritarismo en su país. Al recluirlo, el gobierno de Cuba lo hizo más célebre que nunca. Cada día que Rivero y los otros 74 periodistas, escritores y dirigentes sociales encarcelados hace un año pasan en prisión, es motivo para que aumente y se extienda la protesta internacional contra los excesos del gobierno de Fidel Castro. Gracias a tales reclamos uno de esos prisioneros, Julio Antonio Valdés, fue llevado el jueves pasado a un hospital para ser tratado de la enfermedad renal que padece hace tiempo y que se agravó con el encarcelamiento.

Con el voto en Ginebra, el gobierno de México apoyó causas democráticas como las que han defendido Raúl Rivero y muchos de quienes, como él, llevan un año encarcelados. Suponer que ese voto fue de adhesión al gobierno estadounidense implica apreciarlo con una mirada muy estrecha.

Ningún argumento respetable justifica el encarcelamiento de quienes, como Rivero, no han hecho mas que ejercer y defender sus derechos de pensamiento y expresión. Oponerse a la resolución de la Comisión de Derechos Humanos implica convalidar la persecución a esas libertades. Callar ante esa situación porque se trata de Cuba, un país cuya resistencia y entereza ha sido tan entrañable para muchos de nosotros, nos haría cómplices de tales abusos.

Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx

Página web: http://raultrejo.tripod.com/

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