Sindicatos sin remedio

La Crónica, agosto 12 de 2004

En el litigio alrededor del Seguro Social se manifiesta, además del deterioro profundo de esa institución, la decadencia de un sindicalismo arcaico y autoritario.

   El Sindicato Nacional de Trabajadores del Seguro Social perdió hace varias semanas la batalla por la legitimidad pública, cuando fue palmario el contraste entre las generosas prestaciones que reciben sus agremiados y las disminuidas pensiones a las que tiene que resignarse la mayoría de los trabajadores del país.

   No es impropio que los empleados del IMSS hayan logrado un régimen de prestaciones muy superior al que lamentablemente padecen casi todos los asalariados. Pero sí es discutible que esos beneficios sean sufragados con el dinero de quienes no trabajan en el Seguro Social y de las empresas para las que laboran.

   Más cuestionable resultó la actitud que durante varios meses mantuvo la dirigencia del sindicato, al negarse a discutir con seriedad las propuestas para evitar que el IMSS se hunda abrumado por el pago de las pensiones.

   El sindicato del Seguro Social defiende privilegios que obtuvo más que con su lucha gremial, gracias a la connivencia que sus dirigentes mantuvieron, durante décadas, con el gobierno federal. Ahora es natural que los trabajadores del IMSS defiendan esas prestaciones. Lamentablemente el sindicato ha tratado de salvaguardar tales beneficios guareciéndose en un comportamiento solamente gremialista, sin tomar en cuenta la situación del Seguro Social ni la que impera en el resto del país.

   Con esa actitud, el sindicato de los trabajadores del IMSS encarna varios de los peores vicios del corporativismo gremial más atrasado. Aunque es una organización de dimensiones y membresía considerables, con presencia en todo el país y entre cuyos afiliados hay médicos y otros profesionales de alta escolaridad, ese sindicato no fue capaz de construir un discurso que le permitiese ubicar la defensa de sus derechos laborales sin que estuvieran en contradicción con el derecho a la seguridad social de la mayoría de los trabajadores del país.

   Cuando el gobierno les propuso revisar las normas para las jubilaciones los dirigentes del sindicato se pertrecharon en el ensimismamiento gremial, soliviantaron a sus afiliados con versiones no siempre veraces y amagaron con una huelga de cuyo anuncio ahora quieren arrepentirse.

   La ocupación de avenidas como sucedió ayer en Paseo de la Reforma, las bravatas en los medios y el bloqueo del Senado la semana pasada han sido comportamientos jactanciosos que, lejos de procurarle consenso alguno, han mostrado al sindicato como una organización intransigente y mezquina. Ese ha sido el resultado del comportamiento de los líderes encabezados por el doctor Roberto Vega.

   Frente a esos desplantes, la reacción de la mayoría de los sindicatos oficialistas ha sido presentada como dechado de sensatez. Una apreciación ligera y desmemoriada ha propiciado que, en algunos medios, se considere que las actitudes de dirigentes como los del Congreso del Trabajo y la CTM son ejemplares por su prudencia y por negarse a respaldar a los trabajadores del IMSS.

   Pero no hay que olvidar la trayectoria, las prácticas y los compromisos (siempre con el poder político y casi nunca con sus agremiados) que han singularizado a esos líderes. Leonardo Rodríguez Alcaine –con una conocida historia de abusos y traiciones dentro del gremio de los trabajadores electricistas– basta para describir a esa burocracia sindical.

   El que se advierte en el conflicto alrededor del IMSS es un sindicalismo que ya sea por la egoísta defensa de privilegios gremiales o por el convenencierismo de sus dirigentes, ha permanecido de espaldas a la mayoría de la sociedad. No en balde, a los sindicatos en México se les ve más como una carga para el país que como los instrumentos de reivindicación y expresión de los trabajadores que podrían haber sido en otras condiciones.

   Ese sindicalismo, todo él, se rehusó hace varias décadas a insertar sus aspiraciones gremiales como parte de un proyecto nacional de los trabajadores mexicanos. Las consecuencias de ese comportamiento se advierten ahora. En instituciones de privilegio como el Seguro Social, el sindicalismo no acierta mas que a intimidar con paros y algaradas. En el resto del país los sindicatos carecen de discurso, propuestas o de la más elemental visión nacional.

   Incluso entre sus aparentes aliados las vacilaciones crecen en la medida en que el sindicato del Seguro Social se deja llevar por sus actitudes más primitivas. Dirigentes como el que encabeza a los pilotos de aviación se han deslindado de los paros que podrían afectar al IMSS. Otros, como los taimados telefonistas, aguardan para no comprometerse demasiado en una lucha que entienden perdida. Se trata, en todo caso, de las expresiones limitadas de un sindicalismo que no tiene remedio. Lo más escandaloso es el respaldo, a esos sindicatos, del perredismo que todavía se considera de izquierda.

Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx

Página web: http://raultrejo.tripod.com/

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