El calvario de Terry Schiavo

La Crónica, 23 de marzo de 2005

Mientras el tinglado político y mediático dirime si ella tiene derecho a morir o a vivir, Terri Schiavo se consume –literalmente– en la cama de un hospital de Florida.

   La querella en torno a la vida o la muerte de esa mujer de 41 años que desde hace 15 padece una incurable parálisis cerebral, se ha convertido en el nuevo tema que escinde –y conmueve– a los Estados Unidos. Sin embargo la intensa murmuración mediática y política no ha llegado a ocuparse de la eutanasia como asunto cardinal que deba resolver la sociedad de ese país. La discusión está ceñida al caso de Schiavo y a la disputa que han protagonizado su esposo y sus padres.

   La señora Schiavo sufrió en 1990 un ataque al corazón que le dejó el cerebro sin irrigación durante bastante rato. Ahora se encuentra en una condición que los médicos describen como “persistente coma vegetativo”.

   Su esposo, Michael Schiavo, afirma que ella lo instruyó hace varios años para que no la dejasen con vida artificial. Con ese argumento obtuvo una autorización judicial para suspender la alimentación que Terri Schiavo recibe a través de una sonda. Se trataría de conducirla a una muerte paulatina y, según los médicos, indolora.

   Los padres de la señora Schiavo, Bob y Mary Schindler, han tenido una posición radicalmente distinta. Ellos están por principio en contra de que a su hija se le deje morir pero, además, aseguran que mantiene la conciencia y que es capaz de pensar, sentir e incluso de expresarse.

   Los señores Schindler grabaron varios videos en donde se ve a la desahuciada mujer balbuceando y mirando a la cámara en lo que podría pensarse son respuestas concretas. Pero, según distintos médicos, no se trata mas que de reacciones fortuitas.

   Hasta ahí, el diferendo sobre Terri Schiavo sería muy entendible. El esposo, que además tiene su representación legal, considera que la mujer ha sufrido demasiado y que no tiene caso que siga viviendo si solo podría hacerlo en esas condiciones. Los padres, por afecto y convicción, se oponen a esa medida. El único espacio en donde legítimamente puede resolverse una disputa así de escabrosa, cuando no encuentra remedio en la comprensión y la conmiseración, tiene que ser el de los tribunales.

   Sin embargo el pleito por la vida o la muerte de Terri Schiavo trascendió los pasillos del hospital y las salas de juzgado. En las últimas semanas ha sido aprovechado para hacer proselitismo político y religioso.

   Los grupos conservadores, que no son pocos ni carecen de poder en Estados Unidos, se han movilizado para impedir que se cumpla la que, de acuerdo con su esposo, ha sido la voluntad de Terri Schiavo. Quizá no les importa tanto la vida de esa mujer sino la bandera que significa. De la misma forma que se oponen sin matices al aborto y, contradictoriamente, abogan por el derecho a que cada estadounidense tenga las armas que le de la gana, esos grupos encontraron cómo forzar las decisiones de los jueces en el caso Schiavo.

   Durante las primeras horas del lunes pasado el Congreso –de mayoría republicana– aprobó en Washington una enmienda legal específicamente destinada al caso Schiavo para detener la suspensión del alimento. El presidente George W. Bush había promovido esa ley, que firmó también de madrugada.  Ayer, sin embargo, un juez federal resolvió a favor de la petición de Michael Schiavo.    

   Mientras se litiga la suerte de esa mujer el 63% de los estadounidenses, según una encuesta de The Washington Post, está de acuerdo con que dejen de alimentarla. El 70% ha cuestionado la intervención del Congreso en ese tema.

   El padecimiento de Schiavo le sobrevino cuando estaba sometida a un severo régimen de adelgazamiento. Los médicos de la clínica a la que había acudido se equivocaron al no diagnosticar una deficiencia de potasio que acabó propiciando el ataque al corazón. Más allá del terrible drama en torno a su situación vital, se podría reflexionar sobre aquella negligencia inicial y las causas que la llevaron a someterse a ese tratamiento.

   En el litigio sobre la vida o el derecho a la muerte de Terri Schiavo los linderos entre la vida privada y el escenario público han quedado completamente destrozados. En el sitio web de la “Fundación Terri Schindler-Schiavo”, encabezada por sus padres, se pueden descargar varios videos en donde ella aparece en su cama del hospital.

   También es posible escuchar dos de los cinco temas del disco dedicado a ella que grabó Wayne Galley, un intérprete de origen australiano. El CD se puede comprar a través de ese sitio –cuesta 15 dólares más los gastos de envío–. Mr. Galley está pensando escribir un guión cinematográfico sobre la historia de Terri Schiavo.

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