El Código Da Vinci

La Crónica, 24 de marzo de 2005

Gracias al Vaticano, El Código Da Vinci seguirá siendo uno de los libros más vendidos en todo el mundo. De esa novela del estadounidense Dan Brown se han impreso 25 millones de ejemplares –2 millones de ellos en español– desde que apareció en marzo de 2003. Ha sido traducida a 44 idiomas. En México se han vendido entre 300 mil y 500 mil ejemplares.

Con ese éxito, al ex profesor de literatura que ha escrito otras tres novelas no le hacía falta publicidad. Pero hace unos días el cardenal Tarcisio Bertone, arzobispo de Génova, les advirtió imperiosamente a sus fieles: “No compren ni lean El Código Da Vinci

El cardenal, que tiene 70 años, podría ser él mismo personaje de alguna novela de Brown. Aficionado a las armas, es cronista de futbol en la televisión local. Pero en materia religiosa es célebre por su ortodoxia. Forma parte de la extremadamente conservadora Congregación para la Doctrina de la Fe. Y sus advertencias las hizo en los micrófonos de Radio Vaticano.

El cardenal encontró que el best seller de Brown está plagado de incorrecciones históricas y teológicas. Por eso proclama que el libro “es comida podrida, hace daño… es un costal repleto de mentiras contra la Iglesia, contra la auténtica historia del Cristianismo y contra Cristo”, según le dijo a la agencia Reuters.

Si El Código no tuviera el éxito editorial que ha alcanzado, al cardenal Bertone y al Vaticano les tendría sin cuidado. Pero no solo ha sido leído con interés por millones de personas. Además a partir de ese libro se han desempolvado añejas y por lo general desacreditadas especulaciones acerca de la historia de Jesucristo y de la iglesia católica.

Allí se encuentra la singularidad de la muy publicitada y mejor vendida novela de Brown. La enorme circulación que ha alcanzado no tiene relación alguna con su calidad. El escritor argentino Rodrigo Fresán ha dicho contundentemente: “El Código Da Vinci está tan pero tan mal escrita que produce escalofríos. Sus personajes tienen el espesor de la madera balsa, sus diálogos son de una artificiosidad pocas veces leída y oída… y su sentido del vértigo (la trama de estos libros siempre está saltando de un país a otro y ese jet-lag no es fácil de contar) por momentos recuerda a esas cámaras rápidas de El Show de Benny Hill. Y lo más importante, lo más imperdonable en estas lides: su argumento no tiene sentido alguno”.

El Código mezcla algunas referencias históricas con abundantes especulaciones. Comienza con el asesinato en el Museo del Louvre de un miembro de la secta secreta de los Templarios. Su sobrina y un detective tratarán de descifrar las claves que ese personaje dejó sembradas en los sitios más incómodos, incluyendo algunos cuadros de Leonardo Da Vinci que, por supuesto, había sido Templario. De una huella a otra, encuentran que Jesucristo tuvo por mujer a María Magdalena y que el hijo de ambos inició una dinastía que la Iglesia Católica ha tratado de ocultar. La leyenda del Santo Grial –personificada por la mismísima María Magdalena a quien Brown identifica como uno de los personajes en la célebre representación de La Última Cena– y el hermetismo del Opus Dei, congregación a la cual en el libro de atribuye la maquinación para ocultar la vida secreta de Cristo, forman parte de ese relato.

Debo aclarar que no he leído el libro de Brown pero no es difícil conocer su argumento. Como novela quizá resulte entretenida. Lo sorprendente es la gran cantidad de lectores que la han tomado como si presentase hechos verdaderos. Tantos, que El Vaticano le respondió con las torpes declaraciones del cardenal Bertone que no harán mas que aumentar las regalías de Mr. Brown.

¿Por qué tanta gente se entusiasma con ese libro y lo toma en serio olvidando que se trata, ni más ni menos, de una novela? Quizá El código ofrece un acercamiento nuevo que no pocos fieles quieren encontrar en una iglesia envejecida. Posiblemente aporta las dosis de misterio que la fe institucionalizada por esa iglesia ha dejado de tener para muchos de sus creyentes. Acaso, la obra sea tan envolvente que entre sus lectores hay quienes no advierten las fronteras entre ficción y realidad.

El Código Da Vinci ha sido tomado con tanta credulidad que ya han aparecido docenas de libros que lo refutan como si fuera un tratado de historia o que respaldan sus presunciones. En París, hay recorridos turísticos por los sitios que se mencionan en la novela como si los episodios allí relatados hubieran sido verdaderos. Los seguidores de El Código están constituyendo, así sea temporalmente, una nueva cofradía que se conmueve, fundamentalmente, debido a sus ganas de creer.

Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx

Página web: http://raultrejo.tripod.com/

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