El poder de la familia

La Crónica, 6 de marzo de 2005

Las familias mexicanas se festejan a sí mismas cotidianamente, en el solo hecho de seguir juntas. Pero hoy, prácticamente por disposición presidencial, es Día de la Familia.

   De las abundantes y en varios casos innecesarias fechas que abruman hoy a nuestro calendario social, con homenajes impuestos que los ciudadanos practican más por inercia que convicción, esta es de las pocas conmemoraciones que han sido establecidas con anuencia expresa del gobierno de la República.

   Eso hizo el presidente Vicente Fox el 13 de enero pasado, al firmar el documento llamado “Compromiso de Fomento a la Unidad Familiar” que estableció el primer domingo de marzo de cada año como “Día de la Familia Mexicana”.

   Esa celebración fue formalmente propuesta por el Consejo de la Comunicación, la asociación civil formada por empresas mediáticas y anunciantes que antes convergían en el Consejo Nacional de la Publicidad. El afán por tener una imagen menos supeditada a los intereses mercantiles que determinan las relaciones entre anunciantes y medios llevó a ese grupo a cambiar de nombre hace tres años. Las campañas que suele realizar, independientemente de la utilidad social que puedan tener, forman parte de esa tarea permanente para remozar la presencia pública de las empresas dedicadas a lucrar en y con los medios de comunicación.

 

Interés de la señora Fox

   La más reciente de esas iniciativas es el Día de la Familia. Pero no se trata solo de una propuesta de los empresarios mediáticos y sus anunciantes. La conmemoración que hoy congrega el entusiasmo televisivo ha sido promovida –así lo confirman diversas puntualizaciones en los medios– por la esposa del presidente de la República.

   A la señora Marta Sahagún de Fox el tema de la familia le ha permitido acercarse, con cierta eficacia, a las preocupaciones cotidianas de los mexicanos. El apego a la familia, la defensa de sus integrantes, los lazos de solidaridad que se reproducen en ella con naturalidad, el papel que desempeña en la propagación de valores y costumbres y el hecho de ser referencia entrañable de las relaciones sociales, forman parte de la centralidad que tiene en este como en todos los países.

   Por eso el discurso tradicional del poder político ha recalado de manera importante en la reivindicación de la familia. En la construcción de la ideología post-revolucionaria la idea de la familia era uno de los ejes que el Estado proponía para cohesionar y nutrir de identidad a los mexicanos.

   Además de implicaciones políticas, la insistencia en la integración y la consistencia familiares tuvo connotaciones morales y religiosas. Por lo general, cuando se hablaba de familia se aludía a la estructura convencional –padre, madre, hijos– sin reparar en las modalidades, cada vez más frecuentes, que asumen los núcleos familiares.

   La esposa del presidente Fox aprovecha la simpatía que despierta la idea de familia y la incorpora prácticamente en cada una de sus cotidianas alocuciones. Habitualmente se refiere a las familias en general, sin reconocer los rasgos específicos que tienen en la sociedad contemporánea. En unas cuantas ocasiones la señora Sahagún ha recordado la existencia de familias de corte no tradicional.

 

Nueva idea de familia

   Un estudio sobre la presencia de las mujeres en el discurso y las políticas públicas en nuestro país recordaba, recientemente: “En la cultura política hegemónica del México posrevolucionario, el  ciudadano era pensado en masculino. A las mujeres se les concedía importancia, eso sí, (el ejemplo más claro es el pedestal que se les erige en el día de la madre) pero no como sujetos activos, diferentes y dotados de razón, sino como meros receptáculos. Como ‘depositaria (s) de nuestra nacionalidad’, para decirlo en las palabras del presidente Miguel de la Madrid. Prosigue el ex presidente: ‘Nuestra nacionalidad es fuerte porque tenemos una familia fuerte que debemos a una mujer admirable y responsable’. Aparte de que los intereses de las mujeres solían subsumirse a los intereses de la familia, existen paralelas entre el discurso oficial acerca de la mujer (la madre) y el de la familia mexicana. Ambas, la mujer y la familia, han sido instrumentalizadas como pilares de la ‘identidad nacional’, y ambas han sido homogenizadas y des-historizadas a este efecto por el discurso oficial”.

   Esas son algunas de las conclusiones de la investigación de Miriam Lang, que hizo un doctorado en Sociología en la Universidad Libre de Berlín y que hace un lustro estuvo en México investigando el papel de la mujer desde la perspectiva del poder político.

   La doctora Lang identificó cambios importantes en ese tema: “Los discursos que se manejan hoy en las políticas públicas mexicanas sobre el tema de la violencia hacia las mujeres difieren fundamentalmente de esta visión, que sin embargo influyó en la construcción de los géneros desde el oficialismo durante décadas. Obviamente, esta construcción tradicional de los géneros se encuentra actualmente en un proceso de transición, al igual que el proyecto nacional en el cual se inscribía. Durante los dos últimos gobiernos PRIistas, los sexenios de Carlos Salinas (1988-1994) y Ernesto Zedillo (1994-2000), el recurso discursivo tanto a la Nación histórica como a la Revolución, mito fundador de aquella, perdió en importancia. Fueron reemplazados en la retórica oficial por promesas de modernización y de democratización del país, y de su entrada económica al ‘primer mundo’. Es en el marco de este nuevo proyecto nacional, que se inscribe en la globalización neoliberal y también incluye una renovación de las formas de interacción política, que la participación de mujeres como ciudadanas se hizo pensable por primera vez. Este contexto de la modernización neoliberal de México también conforma el marco de referencia para mi análisis”.

 

Moderno discurso político

   Denominada “¿Mujeres vulnerables o ciudadanas plenas?”, la investigación de Lang sobre políticas públicas, violencia de género y feminismo en el México de los años recientes considera que a fines del siglo XX el discurso gubernamental toma en cuenta a las mujeres ya no solo como madres y esposas sino como profesionistas, electoras e individuos. Eso ocurre tanto en los textos programáticos del PRI y el gobierno de Zedillo, como en documentos del PRD y el gobierno de la ciudad de México.

   “Hasta mediados de los 90 –explica– los textos elaborados por entidades públicas partían de un modelo inalterable y normativo de familia patriarcal, a pesar de que éste correspondía cada vez menos a las realidades sociales mexicanas. Daban prioridad a la preservación de la unidad de esta familia y automáticamente descalificaban otras formas de convivencia como ‘anormales’ o inferiores”.

   Eso comienza a cambiar en el gobierno de Cuauhtémoc Cárdenas en el Distrito Federal cuyos textos, “fueron los primeros en distinguir diferentes tipos de familias: la familia extensa, la familia nuclear, la familia monoparental, etc. La definición de familia que propone la Dirección General de Equidad y Desarrollo Social evita valoraciones: ‘Es un grupo de personas unidas por un parentesco (consanguíneo, afinidad o adopción), quienes generalmente conviven en un mismo espacio hogar’. En un hogar también pueden convivir varias familias o personas sin consanguinidad. En estos textos, la importancia que se le da a la familia proviene de una valoración social y no es ‘natural’ ”.

   Más adelante, ya casi al final de los años 90, esa autora identificó documentos del gobierno federal en donde “el espacio social familiar es mucho menos idealizado y mistificado, ya no es considerado el pilar de la identidad nacional o la célula básica de la organización social, y por ende del poder estatal. Ya se habla mucho menos de él – como solían hacerlo los textos de tinte católico o nacionalista hasta hace pocos años atrás – como de un espacio de protección especial y como instancia transmisora de valores esenciales”.

 

Más allá de la pareja

   Desde luego no hay una definición oficial de familia pero en la propaganda para la conmemoración de este domingo prevalece una idea tradicional acerca del núcleo familiar. La pareja presidencial misma, al aparecer alternándose en la lectura de un breve mensaje para promover esta fecha, privilegia –y aprovecha– esa imagen convencional de la familia.

   Aunque no suele hacer precisiones sobre la existencia de familias que no se ciñen al modelo tradicional, en unas cuantas ocasiones la señora Fox se ha referido a ellas. El 7 de noviembre de 2003, en un congreso llamado “La Familia Hoy, derechos y deberes” realizado en la ciudad de México, la esposa del presidente aludió a las nuevas formas de organización familiar de la siguiente manera: “hoy la familias, sin duda alguna, tienen que ser consideradas así, las familias. Quizás no bajo escenarios ideales, no bajo lo que representa, lo que en algún momento fue realmente nuestra propia convicción, sino que tenemos que respetar a las familias, no solo a la familia tradicional”.

   Señaló entonces la señora Sahagún: “dentro de las familias se han ido rompiendo paradigmas para conformar nuevos modelos que nos imponen nuevos retos, a los que no escapamos los gobiernos ni las organizaciones de la sociedad civil”.

   En aquella ocasión la esposa del presidente recordó que, en México, solamente seis de cada diez hogares descansan en el núcleo conyugal. Pero no se aventuró a mencionar otros tipos de familia, entre las que se encuentran aquellas cuyo núcleo lo forman parejas del mismo sexo.

 

Papel de las mujeres

   El creciente peso de la responsabilidad familiar sobre las mujeres y la existencia de núcleos familiares a cargo de mujeres solas han sido las dos variantes principales en el discurso del gobierno actual –y especialmente de la esposa del presidente– en este asunto. El 27 de octubre de 2004, en el congreso panamericano “La Familia: base del desarrollo integral del niño, la niña y el adolescente” celebrado también en la capital del país, Sahagún recordó que cada vez tenemos más familias distintas del esquema tradicional:

   “Las familias monoparentales, las familias en las que las mujeres representan el principal sustento económico o las familias en las que los hijos han tenido que abandonar la escuela para contribuir al gasto, son sólo tres ejemplos que iluminan la magnitud de las transformaciones irreversibles que se ha experimentado en las últimas décadas”.

   Es importante que se reconozca el papel activo, y a veces único, que tienen las mujeres en la conducción y el sostenimiento de numerosas familias. Allí hay un avance, sobre todo porque los ajustes en el discurso resultan necesarios para que, entonces, haya cambios en las políticas públicas.

   Pero otros rasgos en la conformación de las familias, originados por preferencias sexuales heterodoxas o por la simple decisión de varias personas para vivir juntas aunque no tengan relaciones de pareja, todavía no suelen ser admitidos entre los lazos de integración familiares.

   Según el INEGI, encargado de nutrir al país de información estadística, no todos los hogares son familiares. Para que lo sean, es preciso que están formados por un “conjunto de personas que residen habitualmente en la misma vivienda y se sostienen de un gasto común para la alimentación, en el que por lo menos uno de los integrantes tiene relación de parentesco con el jefe del hogar”.

   Se trata, por supuesto, de una definición de trabajo. Pero delimita el alcance de la idea de familia que hay en numerosos documentos y posiciones oficiales.

 

Uno de cada cinco

   En México, según el Censo de 2000, el 69% de las familias mantienen la organización tradicional: una pareja con sus hijos. El 17.3% están encabezadas por uno de los padres y el 10% las constituyen parejas sin hijos.

   De los 22 millones 269 mil hogares que teníamos hace 5 años, el 20.6% –4 millones 597 mil– estaban encabezados por mujeres. Se trata de uno de cada cinco hogares en México.

   En 1960 los hogares con jefa de familia eran el 13.7%. En 1970, así como en 1990, los hogares encabezados por una mujer eran el 17.3%.

   Ese cambio en la responsabilidad familiar –y con ello social y laboral– de las mujeres constituye la principal fuente de transformaciones en la definición sobre núcleo familiar que se abre paso en nuestro país. Sin embargo la imagen que se impulsa en la conmemoración de hoy es únicamente la de la familia convencional. Tres de cada siete familias en México tienen formas de organización y cohesión diferentes.

 

Convenenciera iglesia

   La celebración de este día, forzada pero ampliamente publicitada, ha sido apoyada por conveniencia, más que por convicción. En la Iglesia Católica, que promueve la idea tradicional de valores y estructura familiares, esa iniciativa provocó sorpresa y cierta incomodidad pero, a final de cuentas, la decisión de subirse al tren del festejo para no quedarse al margen de él.

   En un comunicado a los cardenales, arzobispos y obispos de esa corporación en México el obispo de Matehuala y presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Familiar, Rodrigo Aguilar Martínez, dispuso el 22 de enero pasado:

   “Teniendo en cuenta que es un hecho la declaración del primer domingo de marzo como el Día de la Familia en México; teniendo en cuenta también que no dejará de haber riesgos de que esto se tergiverse por diferentes grupos, sea con promoción de enfoque consumista o sea con posturas divergentes a la doctrina de la Iglesia Católica, conviene ser proactivos y aprovechar la fecha para difundir nuestro mensaje según el Evangelio del matrimonio, la familia y la vida”.

   El obispo Aguilar les recordó a sus colegas que el establecimiento del primer domingo de marzo como Día de la Familia, era una “iniciativa que el Presidente Vicente Fox ha aceptado y apoyado al hacer la declaración respectiva el pasado día 13 de enero”.

 

Celebración y promoción

   No es censurable –al contrario– que a la familia se la festeje y reivindique. Pero hacerlo sin recordar la variedad de prácticas y expresiones familiares que hoy forman parte de la diversidad mexicana y con el propósito esencial de promover intereses mercantiles y políticos, da cuenta de la parcialidad de esa iniciativa.

   Aficionada a reivindicar a la familia en sus discursos, aunque al mismo tiempo contribuye a la privatización de la política social y de esa manera a la desprotección de muchas familias, la señora Sahagún de Fox parece especialmente interesada en mostrarse como campeona de los valores familiares. Las empresas mediáticas y publicitarias han avalado, interesadamente obsequiosas, esa iniciativa.

   Si la señora Sahagún de Fox, como es inocultable propósito suyo, contrae nupcias religiosas, esa reivindicación publicitaria de la familia le ayudaría en sus aspiraciones políticas. Si se casa o no por la iglesia tendría que ser asunto concerniente solo a su vida privada y la de su marido. Pero la pareja presidencial insiste tanto en exhibir intimidades suyas que esos proyectos personales han adquirido inevitable connotación pública.

 

El Día de la Mujer

   Con o sin día marcado por las televisoras y las ambiciones políticas, cada familia se celebra de la manera y en las fechas que a sus integrantes les parece posible o pertinente. No hacía falta un día especial para ello.

   Aparte de otras implicaciones, no deja de ser sintomático el hecho de que esta festividad se encuentre tan cerca del Día Internacional de la Mujer que pasado mañana, como cada año, se recuerda el 8 de marzo. Inevitablemente, el empeño publicitario e institucional invertido en el Día de la Familia –que el presidente Fox, manifestando la visión que tiene de la sociedad y sus protagonistas, promovió ayer en su programa de radio acompañado por Chabelo y César Costa– le restará presencia pública al día de las mujeres.

   Claro, todo ello se entiende cuando estamos en vísperas de decisiones políticas y electorales en las que cada quien –la señora Marta y su marido no son la excepción– querrá beneficiarse del poder de la familia.

Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx

Página web: http://raultrejo.tripod.com/

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