Marcos se despide

El Correo de Guanajuato y otros diarios, 26 de junio de 2005

Es altamente posible que Marcos solo esté buscando parte de los reflectores que ha perdido. Conocedor de los impulsos mediáticos, sabe que en el fárrago de murmuraciones, reproches y amonestaciones que abundan en la escena pública mexicana solamente el estruendo es capaz de abrirse paso en el interés de la prensa. Pero también hay la probabilidad de que el dirigente guerrillero realmente esté anunciando una nueva etapa en el movimiento que encabeza desde hace dos décadas –y que todos conocimos junto con el comienzo de 1994–.

Confuso como muchos de sus comunicados pero más sibilino que de costumbre, el texto del “subcomandante” publicado el viernes pasado deja abiertas numerosas preguntas sobre el destino que busca para su movimiento. Allí anuncia una próxima decisión que, como es su costumbre, atribuirá a las “bases” indígenas de las que se dice solamente vocero aunque es ampliamente sabido que él encabeza la dirección del Ejército Zapatista.

“Ahora –dice Marcos– estamos consultando nuestro corazón para ver si vamos a decir y hacer otra cosa. Si la mayoría dice que sí, pues vamos a hacer todo lo posible por cumplir. Todo, hasta morir si es preciso. No queremos parecer dramáticos. Lo decimos nada más para que quede claro hasta dónde estamos dispuestos a llegar”.

 

Ineludible dramatismo

Por la temporada en la que aparece, dicho anuncio pareciera indicar que por fin el EZLN se va a dedicar a la lucha política de carácter institucional. Pero a continuación el dirigente acota: “O sea que no ‘hasta que nos den un puesto, una cantidad de dinero, una promesa, una candidatura’ ”.

Más adelante y aunque había señalado que no sería dramático, el enmascarado que tanto interés suscitó hace once años y medio y que de manera cíclica ha regresado a la escena política insiste: “Será una decisión difícil y dura, como de por sí ha sido nuestra vida y nuestra lucha. Durante cuatro años hemos estado preparando las condiciones para presentarle a nuestros pueblos puertas y ventanas, para que, llegado el momento, tuvieran todos los elementos para elegir por cuál ventana asomarse y cuál puerta abrir. Y es que así es nuestro modo. O sea que la dirección del EZLN no dirige, sino que busca caminos, pasos, compañía, orientación, ritmo, destino. Varios. Y entonces le presenta a los pueblos esos caminos y analiza con ellos qué pasa si seguimos uno u otro rumbo. Porque, según el camino que andamos, hay cosas que serán buenas y cosas que serán malas, o sea que no hay camino que puras cosas buenas. Y entonces ellas, las comunidades zapatistas, dicen su pensamiento y deciden, después de discutir y por mayoría, por dónde vamos todos. Y entonces pues dan la orden”.

Más allá de la demagogia populista de esas líneas, pareciera que anuncian un viraje o al menos un cambio significativo en el comportamiento del EZLN y su dirigente más notorio. Al no indicar de manera clara a qué se refiere Marcos deja abierta la posibilidad de numerosas especulaciones ante esa decisión que dice inminente. Esa vaguedad se afianza en la despedida del comunicado, que La Jornada publicó el viernes 24 de junio: “He dicho, al inicio de esta carta, que no era una despedida. Bueno, pues resulta que para algunos sí lo es. Aunque para otros será lo que es en realidad, es decir, una promesa…”

 

Alerta inexplicada

Unos días antes el dirigente neozapatista había anunciado un estado de alerta que también ocasionó abundantes especulaciones. Numerosas voces piadosas, dentro y fuera del país, clamaron contra la presunta agresión que, se creía, estaban a punto de sufrir los militantes del EZLN.

Marcos no aclaró los motivos de esa situación de urgencia aunque al parecer estaban relacionados con el hallazgo de sembradíos de droga que, según se dijo inicialmente, había efectuado el Ejército Mexicano en la zona de influencia neozapatista. El gobierno informó luego que tales cultivos no estaban en esa área. No ha quedado claro si esa precisión se debió a una decisión política para evitar querellas con el neozapatismo o si el Ejército Mexicano se equivocó al informar de esa operación antinarcóticos.

En todo caso y en el transcurso de la misma semana, Marcos buscó notoriedad con dos asuntos distintos. El anuncio de la alerta en territorios zapatistas conmovió a los medios de manera muy curiosa. De pronto se extendió un vivo interés ante la posibilidad de un asunto dramático y acaso violento pero nadie sabia, a ciencia cierta, a qué se debía tal alarma.

Luego, cuando Marcos hace un anuncio de mayor trascendencia política porque podría significar un cambio sustancial en el comportamiento del EZLN, los medios casi no le hicieron caso. Le ocurrió como a Pedro, el del lobo. A fuerza de anunciar falsamente una tragedia, cuando avisó de un asunto de veras grave ya no le hicieron caso.

 

Pasamontañas y paliacates

El comportamiento actual de Marcos puede entenderse mejor si recordamos la manera como conquistó hace once años la atención de los medios. En aquellas fechas, en el libro Chiapas, la comunicación enmascarada que apareció a mediados de 1994, escribimos lo siguiente acerca de él.

La imagen y los textos del “subcomandante” Marcos han despertado interés, controversias, animadversiones, adhesiones, descalificaciones e ilusiones de lo más variadas. La presencia de este personaje en el imaginario colectivo como le dicen los especialistas en cultura popular, tiene numerosas aristas.

A pesar de la variedad de significados e incluso de discursos en los versátiles comunicados y en las asiduas comparecencias mediáticas del subcomandante Marcos, no dejan de llamar la atención dos vertientes en los mensajes del EZLN. Por un lado se encuentran las demandas, las urgencias y hasta las miserias de los campesinos indígenas que estarían constituyendo las bases del grupo armado. Por otro se encuentra el líder, uno sólo, que destaca notablemente dentro del grupo dirigente de tal suerte que puede ser identificado como algo más que vocero.

El pasamontañas de Marcos adquiere una definición, y una notoriedad, más intensas que los paliacates de los campesinos indígenas. Hubo, entonces, una mezcla de sentido común y de sinsentido, junto con la amalgama de simplificada sabiduría milenaria y enteradas coartadas posmodernas, que formaba parte de la complejidad del subcomandante, de su imagen, que los medios rescataron de maneras muy diversas.

 

Su fuerte es la emoción

Incluso Octavio Paz, autor de algunos de los textos más severos con la fascinación que en una parte del mundo intelectual despertaba el pasamontañas, llegó a reconocerle méritos al estilo de Marcos, a diferencia de la retórica de nuestra politiquería tradicional:

“El lenguaje de los líderes del PRI es un lenguaje de funcionarios: frases hechas de cartón y de plástico; el sub-comandante Marcos, aunque desigual y lleno de subidas y caídas como un tobogán de montaña rusa, es imaginativo y vivaz. … A veces es chabacano y chocarrero; otras brioso y elocuente; otras satírico y realista: otras machacón y sentimental. Una prosa accidentada: elevaciones y batacazos. Su fuerte no es el razonamiento sino la emoción y la unción: el púlpito y el mitin” (Vuelta núm. 208, marzo de 1994).

En su revista, Paz reconocía el triunfo de la retórica y del talento teatral que le habían permitido a Marcos ganar los primeros meses del conflicto, al menos en la batalla sentimental, pero real, por la llamada opinión pública. Delante de la palabrería con frecuencia hueca del poder político y sobre todo, añadimos nosotros, en un panorama de desconfianza por parte de un amplio sector de ciudadanos, las epístolas del subcomandante y sus comparecencias en los medios fueron atractivas para muchos entre quienes buscaban nuevas certezas.

Hay quienes consideraban que la postmodernidad era coartada para abandonar todos los paradigmas, lo cual significaba hacer a un lado todas las utopías. El ya mencionado Paz recordó en aquellos años que, por lo pronto, en las reacciones estupefactas o apresuradas ante la crisis de Chiapas, que llegaron a legitimar a la violencia como método, asistíamos “a la entronización del lugar común y a la canonización de la ligereza intelectual”.

 

Información y confusión

Los medios de comunicación, en aquel 1994 cumplieron un importantísimo papel para promover una conciencia nacional en contra de una solución armada al conflicto en Chiapas. La preocupación social ante la eventualidad de una solución de fuerza apareció rescatada, y reflejada, en los medios de comunicación de masas. Esa, fue una de las contribuciones más trascendentes de los medios y sus operadores, que desde el inicio del conflicto respaldaron y quizá acaso también propiciaron, la actitud del gobierno para concertar y no tratar de doblegar al EZLN.

Al mismo tiempo, en la divulgación muy amplia de lo que ocurría a partir del levantamiento armado, los medios propiciaron un nuevo reconocimiento, social y nacional, de la pobreza que se padece en ese y en otros estados del país. No es que la pobreza no existiera, o que no se tuviera conciencia de ella. Sin embargo la crisis de Chiapas obligó a voltear hacia el México más desposeído pero que, a pesar de la modernidad que en tantos sentidos define al país (entre otros, en la existencia de medios de comunicación tecnológicamente muy avanzados) no siempre era recordado, o tomado en cuenta por la sociedad misma.

Pero los medios, también, contribuyeron a divulgar la confusión sobre lo que sucedía en Chiapas y varios de ellos, en su complacencia y falta de distancia crítica, formaron parte de las condiciones, y de los actores, que animaron esa ligereza intelectual a la que se refería Octavio Paz. La facilidad con que fue admitida la popularidad entre mítica y milenarista del subcomandante, nos recordaba las limitaciones que se mantenían en el desarrollo de la cultura política mexicana.

El personaje Marcos, por lo demás, ha podido ser evaluado de muchas formas. Compartimos la impresión que, breve y contundentemente, fue descrita por Luis Miguel Aguilar (en nexos núm. 196, abril de 1994): “Marcos remite más bien al sujeto que saca una pistola en el restaurante y entre tiro y tiro nos tiene de rehenes durante horas contándonos su vida, cómo ha luchado por su familia, lo buen hombre que ha sido y, además, nos inflige varios ‘chistes’ “.

Durante varios años, Marcos y el movimiento neozapatista mantuvieron como rehén a una sociedad sorprendida y preocupada. Junto con ella los medios de comunicación, aunque con excepciones, por su encandilamiento y apresuramiento fueron también rehenes (pero sobre todo, rehenes de sus propias limitaciones) en la crisis de Chiapas.

 

Trillado sentimentalismo

Eso, palabras más o menos, decíamos hace once años. En el transcurso de ese tiempo la capacidad de Marcos para soliviantar a los medios se ha desgastado. Indudablemente conserva algunos de los resortes retóricos y dramáticos que ha sabido utilizar con tanta eficacia. Pero todo por lucir se acaba y los reflectores que tanto han alumbrado y posiblemente encandilado al dirigente del EZLN ahora tienen otros motivos de atracción.

La explicación de Octavio Paz sigue siendo valiosa para comprender la eficacia pero también las limitaciones mediáticas y acaso también políticas de Marcos: su fuerte no es el razonamiento sino la emoción. Pero, puede añadirse ahora, las emociones solas no sirven para mantener tensión y atención mediáticas.

Además la presencia de Marcos compite ahora con otras figuras. Hoy en día el escenario público mexicano está copado por personajes que, como el dirigente guerrillero, unen los atributos del púlpito y el mitin. Si lo llegó a tener, Marcos ya no cuenta con el patrimonio de la capacidad de exaltación en los medios ni es el único que busca atraer estrujando el sentimentalismo de la gente.

Las epístolas del subcomandante hace tiempo dejaron de emocionar incluso entre sus partidarios. Precursor en la declinación y el enrarecimiento del debate público, Marcos paga hoy las consecuencias de una situación de deterioro político que él contribuyó, como pocos, a crear y usufructuar.

Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx

Página web: http://raultrejo.tripod.com/

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