La maestra: mito e influencia

Publicado en La Crónica el 26 de julio de 2007

Las circunstancias y su propia habilidad, pero sobre todo la facilidad con que en la desastrada vida pública mexicana se esparcen imágenes y reputaciones hinchadas de propaganda pero de escasa densidad política, le han permitido a Elba Esther Gordillo situarse como personaje indispensable para el gobierno y los partidos. Indudablemente la “maestra”, según la denominan aunque el magisterio que ha ejercido es tan peregrino como escasamente edificante, tiene una influencia real lo mismo dentro del sindicato en donde ejerce un cacicazgo hasta ahora sin antagonistas significativos que gracias al partido que construyó, promovió y ahora mangonea más allá de cualquier principio democrático. Pero su peso político ha sido magnificado, especialmente después de las elecciones presidenciales del año pasado.

   Una lectura apresurada –pero que ella auspició interesadamente– de aquellos resultados, sugirió que el pequeño margen de votos que le permitió ganar a Felipe Calderón fue aportado por el partido Nueva Alianza, creado por Gordillo después de su ruptura con el PRI. Todo parece indicar que el actual Presidente de la República está convencido de que tiene con la “maestra” una deuda política esencial. De otra manera no se explica por qué le ha entregado parte del control de la educación pública que ejerce a través de Fernando González Sánchez, el subsecretario de Educación Básica que no tiene para ese cargo más credencial que ser yerno de la señora Gordillo.

   El hecho de que Nueva Alianza haya obtenido muchos más votos en las elecciones para senadores y diputados que en la presidencial, propició la especie de que ese partido había respaldado, de manera deliberada, a Calderón. La mayoría de los electores de Nueva Alianza, según esa versión, habrían sufragado por los candidatos de ese partido al Congreso y, para la presidencia, por el candidato del PAN. Sin embargo el análisis de los resultados electorales y varias encuestas levantadas aquel 2 de julio a la salida de las casillas permitieron documentar un comportamiento distinto.

   Al comparar los votos para Calderón con la concentración de los votos en las casillas en donde hubo más sufragios para Nueva Alianza  el analista Javier Márquez, de la empresa encuestadora Ipsos-Bimsa, encontró que no había relación alguna entre ambas votaciones. En cambio sí la había con los votos de los candidatos del PRI y de la Coalición por el Bien de Todos (“La revista” de El Universal, 24 de julio de 2006). La encuesta que esa empresa realizó el día de la elección confirmó que, entre quienes habían votado por los candidatos a diputados de Nueva Alianza, el 28% había favorecido con su voto para la presidencia a Andrés Manuel López Obrador y un porcentaje idéntico a Roberto Madrazo. Únicamente 23% de los votantes para diputados de Nueva Alianza votó, a su vez, por Calderón.

   Meses más tarde, en la edición de septiembre de 2006 de la revista Letras Libres, los investigadores Enrique Ochoa Reza y Alberto Saracho Martínez, después de analizar estadísticamente la votación en las casillas para determinar en qué medida los sufragios por Nueva Alianza  beneficiaban a uno u otro de los candidatos presidenciales, concluyeron que la mayor parte de quienes sufragaron por diputados o senadores de ese partido lo hicieron, en la urna presidencial, por López Obrador.

   En otras palabras: a diferencia de la versión que deliberadamente ha querido propalar la señora Gordillo, los votos de Nueva Alianza no fueron fundamentalmente para Calderón sino para el candidato presidencial del PRD. Si hubiera atendido a explicaciones como esas, quizá el presidente de la República no se hubiera considerado tan comprometido con “la maestra” y sus intereses. Además de la subsecretaría de Educación Básica, las designaciones de los titulares del ISSSTE, la Lotería Nacional y el Sistema Nacional de Seguridad Pública fueron resultado de gestiones de Elba Esther Gordillo.

   A esas cuotas de poder, hay quienes las han considerado consecuencia de una alianza del presidente Calderón con la señora Gordillo. Pero las alianzas políticas se establecen a partir de intereses y para alcanzar metas comunes. En este caso no ha sido claro en qué coinciden uno y otra. En cambio cada vez resultan más explícitas las discrepancias (y no por desacuerdos programáticos, sino debido a su afán por alcanzar mayor influencia) de la maestra con la política educativa del gobierno.

   Raymundo Riva Palacio, de El Universal, viajó a San Diego para entrevistar a Elba Esther Gordillo. El periodista privó a sus lectores del relato que pudo haber realizado acerca del escenario de esa conversación a la orilla del mar en isla Coronado, en San Diego, en donde “la maestra” tiene una casa en la que pasa largas temporadas.

   Quedaron sin respuesta inquietudes como las que el mismo Riva Palacio manifestaba el 29 de agosto de 2005, cuando escribió en ese diario acerca de Elba Esther Gordillo: “Además de su habilidad política para sobrevivir, otro factor que le ha ayudado es la forma como ha repartido dinero a medios y periodistas a lo largo de los años para tener, cuando menos como colateral, impunidad. Probablemente es una de las explicaciones por las que está intelectualmente sobrevalorada y por las que nunca se le ha pasado por la caja de rendición de cuentas para que explique de dónde una maestra rural de Chiapas pudo adquirir una enorme mansión cerca de Cuautla, una renovada casa en la isla Coronado en San Diego, una propiedad en el lujoso París, departamentos y casas repartidos en varias de las zonas más prósperas de la ciudad de México, y gastar decenas de miles de pesos en ropa cada mes”.

   Lo que sí manifestó Gordillo en la reciente entrevista, que apareció el pasado lunes 23 de julio, fue la palmaria contrariedad que le suscita Josefina Vázquez Mota como secretaria de Educación Pública: “no sabe nada del tema”, dice. Lejos de ser auténtica prioridad de su gobierno como asegura el presidente Calderón, la educación se ha convertido en campo de batalla entre las ambiciones de una dirigente sindical autoritaria y conservadora y el pasmo de una administración que tiene al adversario dentro de casa.

   Quizá Calderón y su gobierno, en busca de la aquiescencia del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, trataron de congraciarse con la maestra… y se les pasó la mano. De ser así, cayeron en otra de las ofuscaciones que suele causar la figura de Gordillo. Evidentemente ella controla al sindicato. Pero si cuenta con esa capacidad, es debido al clientelismo que los gobiernos priistas cultivaron respecto de esa y otras organizaciones gremiales y que pasa por la mediación de centenares de líderes locales que acaparan, regatean y confieren numerosas prestaciones a cargo del erario público.

   Los maestros de todo el país han tenido que condescender con esos dirigentes, y con el liderazgo nacional que los cohesiona, para obtener ascensos, sobresueldos, descansos y otras prerrogativas a las que posiblemente tienen derecho pero que, gestionadas de esa manera, son vistas como prebendas. Si Elba Esther Gordillo y los líderes en los que se apoya han podido monopolizar el control del sindicato durante más de 18 años es debido, fundamentalmente, a la complacencia de los profesores ante esa situación que seguramente es abusiva, y hasta indigna, pero ante la cual les ha resultado cómodo resignarse.

   Ahora Elba Esther Gordillo decidió extender de manera indefinida su presencia como mandamás del sindicato. En marzo de 2005 había reformado los estatutos del SNTE para crear una “presidencia”, cargo por encima de cualquier organismo de gobierno sindical y en el cual, por supuesto, se colocó ella misma. Y a comienzos de este mes, dispuso que el Consejo Nacional del sindicato prorrogara por varios años la gestión de la actual dirigencia.

   En este caso Gordillo y su grupo ni siquiera se molestaron para reunir un congreso nacional del sindicato y dejaron en un organismo de menor jerarquía la decisión de reelegirlos. No hubo consulta, ni explicaciones, ni aviso previo a los trabajadores de la educación acerca de esa medida que ha sido legitimada por el gobierno federal. Y es que el sindicato, igual que el partido Nueva Alianza que inventó, patrocinó y maneja, son instrumentos de una dirigente que sabe utilizar la influencia con la que ya cuenta para dar la apariencia de que tiene más poder del que en realidad detenta. El presidente Calderón primero fue rehén de esa imagen de poder que despliega la “maestra”. Ahora, al mantener y reproducir esas cuotas y cotos de influencia, se ha convertido en cómplice de esa política al más arcaico estilo.

 


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