Derrota del dinero… y de las izquierdas

Publicado en La Crónica el jueves 10 de agosto de 2007

   La derrota del PRI en Baja California tendría que dejar lecciones persistentes: el dinero no basta para ganar una elección. La capacidad de los recursos financieros cuantiosos para comprar publicidad, adhesiones, votos inclusive, tiene límites y la mayoría de los electores en aquella entidad los señaló. Por muy extendida que sea la influencia de Jorge Hank Rhon especialmente en Tijuana (en donde se encuentra más de la mitad de los electores de esa entidad) el derroche de recursos y regalos no fue suficiente para permitirle ganar las votaciones del domingo. Hay algunas cosas que el dinero no compra y entre ellas se encuentra, al menos en ocasiones como la elección reciente, la voluntad de la gente. O al menos, en este caso, a una ajustada mayoría de los bajacalifornianos.

   Casi el 51% votó por el candidato de Acción Nacional, José Guadalupe Osuna Millán, que se benefició del activismo que desplegó en su favor el actual gobierno de la entidad pero, también, de la animosidad que suscitaba el aspirante priista. Una encuesta del diario Reforma encontró que dos semanas antes de las elecciones el 43% de los bajacalifornianos aseguraba que jamás votaría por Jorge Hank.

   Definida por los excesos, la personalidad de ese empresario ha sido claramente repulsiva para la opinión publicada en todo el país. La ostentación grotesca de una riqueza de orígenes fundadamente dudosos, la jactancia ofensiva que apenas era simulada con una cobertura de paternalismo dadivoso, el machismo vulgar, las acusaciones de complicidad criminal que él mismo pareciera ratificar como cuando ha protegido a la familia del asesino material del periodista Héctor Félix, han sido rasgos de un perfil público que nos retrotrae a las peores épocas de la vieja política mexicana. O que, mejor dicho, nos recuerda la vigencia, al menos en algunos casos y segmentos, de esa política clientelar, autoritaria y caciquil.

   Lo más escandaloso no fueron las intenciones de Hank Rhon para ser gobernador sino el respaldo que encontró tanto en las anteriores como en las actuales autoridades de su partido. Promovido por Roberto Madrazo, el hijo del “profesor” mexiquense fue el candidato apoyado, inevitablemente, por Beatriz Paredes. Ante la postulación de Hank Rhon cualquier renovación priista –para no hablar de congruencia, que es un valor prácticamente en extinción en ese y el resto de los partidos– es inverosímil.

   Hay quienes consideran que, con la derrota de ese ex alcalde de Tijuana, el PRI sale ganando porque se han demostrado las crecientes dificultades que enfrentan candidaturas como la que en esta ocasión perdió en las urnas. Pero a esa lectura optimista, es pertinente contrastar dos realidades. La primera, es el hecho de que el PRI nacional movilizó operadores, experiencia y recursos políticos en busca del triunfo de Hank. No se trató de un candidato aislado ni menospreciado por su partido. Y la segunda circunstancia radica en la votación, finalmente minoritaria pero de ninguna manera desdeñable, que alcanzó ese empresario de las apuestas y otros entretenimientos.

   El candidato panista ganó la gubernatura por una diferencia de algo más de 54 mil votos, que constituyeron casi el  7% de los sufragios emitidos el domingo –de acuerdo con la información no definitiva, pero con más del 99% de las casillas contabilizadas, que ofreció el último corte del programa de resultados preliminares–. Osuna recibió casi 400 mil votos y Hank 345 mil, en números redondos. Fueron a las urnas alrededor de 800 mil bajacalifornianos, que constituyeron el 38% de los ciudadanos registrados en la lista de electores.

   El año pasado, en la elección para diputados federales votaron 925 mil bajacalifornianos, es decir 15% más que en esta ocasión. Pero aunque hubo menos votantes, los sufragios a favor del PRI se incrementaron alrededor de 50%. En 2006 ese partido, aliado con el Verde Ecologista, recibió 231 mil votos en la elección para diputados en Baja California. Ahora, como hemos señalado, la misma coalición tuvo 345 mil.

   En cambio los votos para Osuna Millán, postulado por el PAN junto con Nueva Alianza, fueron un 15% menos que los sufragios para esos partidos en la misma elección de 2006. Si recordamos que en los comicios del domingo pasado votó también un 15% menos de bajacalifornianos podríamos considerar, para estar en condiciones de comparar los resultados de ambas elecciones, que los votos para PAN y Nueva Alianza fueron prácticamente los mismos. Es decir, la fuerza electoral de esos partidos resultó prácticamente idéntica a la que alcanzó en la elección del año pasado para diputados federales.

   En esa elección de 2006 los votos por Nueva Alianza fueron 60 mil. Si suponemos que la capacidad electoral de ese partido se ha mantenido sin cambios importantes, es factible considerar que, ahora, 50 mil de los 400 mil votos para Osuna fueron proporcionados por ese partido.

   Si atendemos a esos datos podría considerarse que una parte de triunfo el nuevo gobernador se la debe a Nueva Alianza. Pero no hay que olvidar que, ante todo, Osuna recibió una votación que se mantiene fiel a Acción Nacional. Los votos de Nueva Alianza le permitieron a ese candidato afianzar un margen más holgado frente a Hank Rhon. Pero, si seguimos con tales estimaciones, se puede afirmar que aun sin esos sufragios Osuna hubiera ganado, con un margen de uno o dos puntos y no de casi del 7% con el que superó al candidato del PRI.

   El crecimiento electoral del Revolucionario Institucional solamente puede explicarse con el declive del PRD. El año pasado en la elección de diputados federales la alianza perredista, junto con el PT y Convergencia, alcanzó 179 mil votos. Si le restamos el 15% que resulta de la disminución en la participación ciudadana, esos sufragios podrían haber sido 152 mil. En esta ocasión el PRD se presentó solo y, con otra fórmula, compitieron PT y Convergencia. Entre todos, esos partidos alcanzaron menos de 25 mil votos en la elección para gobernador. Es decir, descontando el descenso en la participación ciudadana, los partidos considerados de izquierda y que el año pasado compitieron juntos recibieron 127 mil sufragios menos. También disminuyó la votación de Alternativa, que cayó de 23 mil entre la mencionada elección del año pasado a poco más de 7 mil votos en los recientes comicios para gobernador. Si seguimos con este ejercicio y a la reciente votación de Alternativa le restamos el 15% tenemos que ese partido sufrió una merma neta de 12 mil 500 votos. PRD, PT, Convergencia y Alternativa perdieron, en suma, cerca de 140 mil votos.

   En proporción con la participación del año pasado, en esta ocasión la votación por el PRI y el PVEM podría haber sido de 197 mil votos (descontando 15% a los sufragios de 2006) si hubiera mantenido la misma adhesión electoral. Pero ahora esa coalición, con Hank como candidato, alcanzó 345 mil votos. No es aventurado suponer que la mayor parte de los votos que en comparación con los comicios anteriores perdieron las izquierdas, se trasladó de manera masiva para beneficiar al PRI. Los 140 mil votos que de acuerdo con este ejercicio dejaron de recibir los partidos de ese signo, bastan casi para explicar la votación del candidato priista.

   Así que el PRI no solamente desplegó una cuantiosa, suntuosa y en varios sentidos agresiva campaña electoral. El dato más importante es el efecto que ese proselitismo alcanzó, muy probablemente, entre las que hace un año fueron clientelas de los partidos de izquierda y de manera fundamental del PRD.

   El domingo pasado en Baja California fue derrotada, por un margen de varios puntos porcentuales, la capacidad del dinero para hacer política. Pero la fuerza del dinero, aunque haya sido exhibida de manera tan ordinaria como hicieron Hank Rhon y su partido, fue capaz de seducir y definir el voto de quienes hace pocos meses simpatizaron con el PRD y otros partidos habitualmente apreciados como de izquierdas. La inconstancia, el desconcierto y el hastío de esos ciudadanos que cambian de opción electoral de manera tan inopinada es una de las lecciones menos atendidas pero, nos parece, más significativas de los comicios en Baja California.

 

ALACENA: Radio matutina

Mientras sigue sin resolverse la situación de José Gutiérrez Vivó y su noticiero el panorama de la radio informativa por las mañanas, ya muy competido con opciones tan diversas como las que constituyen Carmen Aristegui (W Radio), Leonardo Curzio (Radio Mil) y Óscar Mario Beteta (Radio Fórmula) se enriquece con el retorno, a ese horario, de Javier Solórzano en Radio 13.


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