El PRI y el efecto Marín

La Crónica, noviembre 15 de 2007

  La primera reacción ante el categórico triunfo del PRI en Puebla ha sido desempolvar el catálogo de siempre útiles y antaño inevitables lugares comunes: contundente, arrollador, carro completo, ha podido decirse de la operación política que le permitió a ese partido ganar todas las diputaciones de mayoría y casi el 70% de los municipios (entre ellos casi todas las ciudades) en aquella entidad. Ese lenguaje, con el que era usual comentar los incidentes de la vieja política mexicana, viene a cuento porque en las elecciones del domingo se reeditó la escena de un PRI que gana de manera tan impetuosa que pareciera que nada hubiera sucedido en el país durante los últimos años.

   El asombro ante esos resultados es mayor debido a la pésima imagen pública que envuelve al gobernador Mario Marín Torres desde que, en febrero del año pasado, se conoció la procaz conversación telefónica que había sostenido con el desdichadamente célebre empresario Kamel Nacif. Aquel diálogo, en donde el negociante textilero acusado de pederastia agradecía la intervención del gobernador para hostigar a la periodista Lydia Cacho que develó sus tropelías, colocó a Marin en el sótano de las simpatías nacionales. Dentro y fuera de esa entidad se daba por descontado que el gobernador tendría que renunciar y que, a causa de ese desprestigio, la fuerza electoral de su partido declinaría significativamente en Puebla.

   Posiblemente aquella vergonzosa conversación influyó de manera significativa para que en julio de 2006 el PRI obtuviera en Puebla solamente el 23% de los votos en la elección presidencial. Pero desde entonces ese partido desplegó una labor de reconstrucción política que ha tenido como consecuencia el resultado del domingo pasado.

   A muchos observadores de la política mexicana y quizá a no pocos ciudadanos, especialmente en el Distrito Federal, les resulta difícil entender por qué los poblanos avalaron, al votar por su partido, a un gobernador de tan maltratada fama pública y que ha estado involucrado con personajes tan execrables como su interlocutor de aquella bochornosa conversación telefónica. Se requiere tener cara bastante dura para seguir en el escenario público después de la divulgación de aquella charla. Pero evidentemente el resultado electoral, que reivindica al PRI y por lo tanto a ese personaje político, tuvo causas mucho más amplias.

   El Revolucionario Institucional se llevó todas las posiciones electorales en el Congreso local y buena parte de los ayuntamientos porque en Puebla, igual que en casi todo el país, no han desaparecido las redes clientelares ni las prácticas que las han alentado durante largo tiempo. La crisis nacional del PRI posiblemente propició que ese entramado de relaciones caciquiles y corporativas dejase de funcionar con la eficacia de otras épocas. Pero en cuando pudieron recuperarse los viejos operadores electorales de ese partido volvieron a lo suyo, lo cual no es sorprendente. Un gobernador que confiesa haber manipulado al Poder Judicial para perseguir a una periodista incómoda, es perfectamente capaz de acudir a recursos de la vieja política en busca de ventaja en una elección.

   Los priistas en Puebla, además, se beneficiaron de la pésima actuación política de sus adversarios. Los candidatos del PAN, especialmente en la capital del estado, aparentemente confiaron en que se mantuvieran los resultados electorales del año pasado y  llegaron a las campañas tarde y divididos. A diferencia de la tenaz presencia en esa entidad de los dirigentes nacionales del PRI para respaldar a sus correligionarios, los líderes del PAN parecen haberse desentendido de esa elección. Por otra parte los medios de radiodifusión locales tomaron partido por los candidatos del PRI al menos cuando decidieron no transmitir algunos spots panistas en donde se recordaban las conversaciones telefónicas del gobernador Marín.

   También hay que considerar que no todo el PRI en esa entidad se encuentra mimetizado a los intereses ni a los hábitos del gobernador. La  candidata ganadora en la capital del estado, Blanca Alcalá Ruiz, se ha apresurado a manifestar cierta distancia respecto del gobernador.

   La mayoría de los poblanos estuvo ausente de los comicios. En todo el estado la tasa de participación fue cercana al 50% y en las zonas con más ciudadanos registrados, como la propia capital, apenas superó el 40%. Esa circunstancia favoreció a los candidatos del PRI, que suelen tener un voto duro más fiel que el de otros partidos. Las elecciones del domingo en Puebla confirman que, por lo general, la abstención beneficia al Revolucionario Institucional.

   También es posible que en ese resultado haya influido el desinterés del gobierno federal para vencer al partido del gobernador Marín. O, para decirlo de otra manera, quizá tuvo alguna consecuencia el aparente propósito del presidente Felipe Calderón para no enfrentarse a Marín en busca, tal vez, de la adhesión de los legisladores federales que le son fieles a ese gobernador. Esa era una hipótesis que ayer se mencionaba con insistencia en los medios de aquella entidad y que a los candidatos panistas les permitía considerar que perdieron debido a factores externos y no a la debilidad de Acción Nacional en Puebla.

   En todo caso, parece claro que el descrédito que Mario Marín padece en la opinión publicada no es necesariamente compartido por los poblanos. Numerosos comentaristas y conductores se han preguntado, en el transcurso de esta semana, por qué los ciudadanos no castigaron, rehusándose a votar por su partido, la conducta del antipático gobernador.

   Algunas respuestas las podemos encontrar en el análisis de periodistas poblanos como Arturo Rueda, que escribe la columna “Tiempos de Nigromante”. En uno de sus textos de esta semana ese periodista recuerda que en Puebla: “Cientos de organizaciones campesinas, obreras, taxistas, concesionarios, abogados, jóvenes, y hasta la dominación que ejercen pastores y sacerdotes son mecanismos de control político muy difíciles de romper. El priísmo gana y supervive siempre gracias a su control corporativo”.

   El año pasado ese control se debilitó debido a que la situación jurídica del gobernador, cuando fue denunciado el acoso contra la periodista Lydia Cacho, parecía incierta. Gracias a ello y a la polarización política nacional el PAN pudo ganar en Puebla. De acuerdo con Rueda: “Sucede que en el 2006 se disolvieron los controles corporativistas al interior del estado por dos razones. Una, que a causa del escándalo Cacho y la muy alta probabilidad de que Marín fuera destituido de la gubernatura, todas las organizaciones, federaciones y asociaciones dejaron de escuchar las instrucciones del partido y de Gobernación. Y dos, como Madrazo entró derrotado a la elección presidencial, los líderes corporativos no tenían incentivos para participar en la campaña tricolor y prefirieron voltear hacia el panismo, y en especial al perredismo por la victoria casi cantada de López Obrador. Por ello fue que 350 mil votos tricolores se trasladaron a la Coalición por el Bien de Todos”. En aquella ocasión el PAN obtuvo el 37.5% de los sufragios en Puebla y el PRD el 32.3%.

   Más tarde, sin embargo, conforme se alejó la posibilidad de ser llevado a juicio político, Marín recuperó capacidad de maniobra. Siguiendo la reflexión de Rueda, que el año pasado fue despedido del programa que conducía en una radiodifusora en represalia porque se empeñaba en seguir mencionando las acusaciones de Cacho contra el gobernador: “¿qué ocurrió entonces entre julio del 2006 y noviembre del 2007? Pues que con diligencia y paciencia Marín se dedicó a reactivar los controles corporativos que se habían disuelto en la campaña presidencial. La expectativa de permanecer en el poder, la recuperación de su imagen mediática y el gasto desmedido en obras de relumbrón consolidaron el llamado a los líderes que en tropel comenzaron a acudir a Gobernación, desde donde se operaron todos los compromisos”.

   Eso es, al menos en parte, lo que sucedió en Puebla.  El resultado del domingo beneficia políticamente a Marín, aunque no lo descargue de la apreciación pública suscitada por sus complicidades con personajes como Nacif. En Puebla, como en otros sitios del país, el PRI no está desplazado del escenario político aunque para ello tenga que acudir a las viejas prácticas de siempre, con los mismos personajes de siempre. O para machacar otro estereotipo, en este caso monterrosiano, el dinosaurio permanece. Quizá nos habíamos adormilado suponiendo que ya no estaba allí.

 

ALACENA: Narro, Rector

   También a propósito de la UNAM, con motivo de la decisión que anteanoche y con menos discusión de la que se esperaba tomó la Junta de Gobierno, se ha podido hablar del éxito de viejas prácticas corporativas. Esa sombra sobre su designación forma parte de los retos más importantes del nuevo Rector. El doctor José Narro Robles tiene la experiencia y la sagacidad política necesarias para saber que, además de consolidar avances de la administración saliente, necesita procurar la calidad académica más allá de discursos autocomplacientes como una forma, entre otras, para establecer distancia respecto de su antecesor en la Rectoría.

 

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