Propaganda sucia

La Crónica, 24 de enero de 2008

El video de René Núñez Cosío, o de quien aparenta ser él, ya no se encuentra en YouTube. El lunes pasado ese archivo en Internet había sido buscado por 6 mil personas. Ayer miércoles eran más de 24 mil. La mayoría se quedó con la intención de ver las escenas íntimas en donde aparecen un hombre y una mujer y que han sido utilizadas para desacreditar a ese candidato a la alcaldía de Los Cabos, en Baja California Sur. Tales escenas fueron suprimidas del video, al menos en el mencionado sitio de Internet.

   La noticia del video circuló ampliamente por la Red desde la semana pasada. A los domicilios electrónicos de millares de sudcalifornianos llegaban las ligas que conducían a ese archivo digital. Uno de los temas de la campaña de Núñez Cosío ha sido la reivindicación de los valores familiares. Al comienzo de la grabación se le veía refiriéndose a ese tema. Luego, de pronto, eran insertadas las escenas privadas. Los autores del video quisieron evidenciar la real o presunta contradicción entre el discurso y la vida personal de Núñez.

   Ese candidato aseguró que el video era un montaje. Entrevistado en radio por Ciro Gómez Leyva primero negó y luego dudó cuando le preguntaron si el individuo que aparece en tales escenas era él. Eso es lo de menos. Si a Núñez Cosío le tendieron una celada y lo grabaron sin su consentimiento, se trata de una trasgresión a su privacía. Si el video es falso y fue producido para engañar, estaríamos ante una difamación audiovisual. Cualquiera que sea la índole de ese delito, además fue perpetrado para tener consecuencias políticas.

   El domingo 3 de febrero habrá elecciones en Baja California Sur. Serán renovados el Congreso local y los cinco ayuntamientos de esa entidad. En el municipio de Los Cabos las preferencias ciudadanas han favorecido al candidato de la coalición que integran PRD, PT y Convergencia. De acuerdo con la encuesta que levantó Consulta Mitofsky en los primeros días del año, Óscar René Núñez Cosío tenía el 38.2% en la intención de voto. El candidato de la coalición PRI y PVEM, Ángel Salvador Ceseña, tenía 24.9% y Francisco García Valdez, postulado por el PAN, alcanzaba 12.7%.

   Posiblemente esas estimaciones influyeron para que algunos de los adversarios de Núñez Cosío hicieran y promovieran el video. En todo caso, la competencia política en Baja California Sur ha sido afectada por ese incidente. Fuera y posiblemente dentro de esa entidad nadie o casi nadie conoce las propuestas de los candidatos a gobernar Los Cabos y el resto de los municipios sudcalifornianos. Pero en muy diversos medios se habla del video erótico, por lo general con más sorna que desaprobación.

   Por eso tanto como el video mismo, que es expresión de una política vulgar y despreciable, suscita preocupación la indiferencia de los partidos políticos y sus dirigentes no solo en Baja California Sur. El episodio que mencionamos tendría que haber originado una inmediata y categórica condena de todos los partidos pero se le ha querido ver solamente como un asunto aislado o provinciano.

   Puede ser expresión de algo más importante. Cuando a la competencia política se incorporan elementos disruptivos como el que estamos comentando, no solamente resultan perjudicados los personajes directamente involucrados en una contienda electoral específica. También terminan por ser afectados todos los protagonistas del escenario partidario y, junto con ellos, la política misma. Quizá ante la noticia del video haya ciudadanos que se pregunten por la congruencia del candidato Núñez. Pero sobre todo, habrá quienes constaten la ordinariez de los recursos y la ausencia de argumentos no de uno solo, sino del conjunto de los candidatos y partidos que compiten en esas y otras elecciones. Habrá perdido, a la postre, la imagen y la respetabilidad de la política.

   El caso que mencionamos confirma, además, la versatilidad que tiene el aprovechamiento político de las nuevas tecnologías de la comunicación. Internet y sus cada vez más accesibles recursos audiovisuales pueden ser empleados de manera perversa pero también virtuosa. El problema no son esos medios de comunicación e interacción sino la manera como se les utiliza. En YouTube por ejemplo, las campañas presidenciales en Estados Unidos han tenido un espacio inédito para la difusión de mensajes que complementan la propaganda en medios convencionales. En España, ahora mismo, la televisión pública se asoció con YouTube para recabar en ese sitio las preguntas que los ciudadanos quieran presentar a los candidatos del PSOE y el Partido Popular. Una selección de ellas serán planteadas en entrevistas de dicha televisora.

   Los escándalos de contenido sexual son tan antiguos como la política moderna pero han adquirido mayor notoriedad gracias a los medios de comunicación. Sus efectos pueden ser contradictorios e incluso distintos a los que pretenden quienes los provocan. En su célebre investigación sobre El escándalo político el investigador británico John B. Thompson recuerda: “Una de las razones por la que los escándalos sexuales tienen la capacidad potencial de producir perjuicios a las figuras políticas, a sus partidarios y a los gobiernos de los que puedan formar parte, es la que se relaciona con el factor de la hipocresía. La revelación de actividades sexuales ilícitas puede ser políticamente perjudicial si pone en compromiso las políticas que abrazan en público las figuras políticas (o bien sus partidos o gobiernos) –y puede ser perjudicial en este sentido incluso en aquellas circunstancias en que la capacidad vinculante de las normas y los códigos relevantes sea débil–. En otros casos, la posición de una figura política puede verse socavada por un escándalo que se produce como consecuencia de una actividad sexual ilícita pero que es alimentado por una mezcla de hilaridad y resentimiento. Puede que muchas personas no encuentren chocante la actividad que se les acaba de revelar, y puede que en la conducta práctica de sus propias vidas no se adhieran (o no se adhieran coherentemente) a esas normas y códigos relevantes. Sin embargo, puede ocurrir perfectamente que sientan un resentimiento hacia los políticos que tienen la temeridad de prescribir a otras personas formas de conducta a las que ellos mismos no se adhieren”. (El escándalo político, Paidós, Barcelona, 2001).

   Ese es el resultado que buscaron los autores del video relacionado con el candidato Núñez Cosío. Sin embargo en ocasiones las revelaciones o imputaciones de esa índole se revierten contra quienes las propagan. Hace exactamente 10 años, en los últimos días de enero de 1998, el presidente Bill Clinton era el centro de un intenso escándalo cuando se conocieron las travesuras que practicaba con la joven Mónica Lewinski en la trastienda del Despacho Oval. Los medios de comunicación más influyentes en Estados Unidos desataron entonces una indignada campaña moralista, acusando a Clinton por esa conducta personal. No obstante, las encuestas mostraron que la confianza de los estadounidenses hacia su presidente no se había modificado de manera sustancial: mientras gobierne bien que haga lo que quiera en su vida personal, consideró la mayoría de los ciudadanos.

   Aquel incidente permitió constatar que los escándalos políticos, incluso si tienen rasgos tan personales como cuando se entremeten en asuntos privados, pueden alcanzar efectos paradójicos. La madurez de la sociedad llega a ser un dique al tráfico político con la vida privada.

   Quienes no alcanzan esa madurez son algunos dirigentes políticos nacionales. Hace algunos días Leonel Cota, presidente del PRD, dijo acerca del comentado video: “que me digan qué hombre o qué mujer no ha tenido relaciones sexuales extramaritales; el ser humano tiene derecho a ejercer su sexualidad, no creo que en este mundo deban criticarse las preferencias sexuales”.

   De esa manera, el también ex gobernador de Baja California Sur contradijo los desmentidos que el candidato René Núñez  había presentado acerca de ese video. Pero, peor aún, al tratar de restarle importancia Cota incurrió en una expresión de mal gusto y ofensiva para las mujeres cuando dijo que el video, “más que perjudicar a René, lo beneficia, sobre todo con el género femenino”.

   Política sucia y políticos torpes: qué combinación.

 

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