Líderes

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Revista emeequis, 2 de junio de 2008

Alguna vez los sindicatos nacionales fueron los espacios más sólidos, maduros y participativos de ese segmento privilegiado de la sociedad mexicana al que grandilocuentemente denominábamos movimiento obrero organizado. Cuando los más importantes de ellos nacieron, entre los años 30 y 40 del siglo XX, eran columnas vertebrales de algunas de las empresas nacionalizadas más importantes.

El petrolero, el minero metalúrgico y el ferrocarrilero constituían los sindicatos de mayor relevancia política y económica. No en balde, en parte debido a los codiciables recursos que desde entonces manejaban y también al interés del gobierno para controlarlos, allí surgieron los primeros líderes charros. En empresas privadas que luego serían nacionalizadas (las telefónicas y las de energía eléctrica) hacia los años 50 surgían o se consolidaban sindicatos de industria que dos décadas más tarde habrían de ser los más avanzados en el plano ideológico.

Esos sindicatos eran tan fuertes que las cúpulas gremiales más tradicionales, encabezadas por el desfachatado Fidel Velázquez, guardaban prudente distancia política respecto de ellos. Aunque algunos, como el Petrolero, formaban parte de la CTM, esos sindicatos y sus líderes tenían juego propio dentro del partido oficial. Más tarde, precisamente, renunciar a la CTM se volvió señal de emancipación política. Eso fue lo primero que hizo el Sindicato de Telefonistas cuando, en abril de 1976, se sacudió la dirigencia que lo había manejado durante años.

En aquellas épocas la figura del sindicato nacional, con secciones en todo el país que agrupaban a los trabajadores de una misma rama industrial, pudo ser considerada más moderna que los abundantes, dispersos y por lo general más fácilmente manipulables sindicatos de empresa. Esos sindicatos, de tamaño mediano o pequeños, constituían la membresía fundamental de centrales como la ya mencionada CTM.

A causa de la heterogeneidad con que se desarrollaron los sindicatos en este país, han coexistido dos entramados organizativos. Por un lado están los sindicatos de empresa, muchos de los cuales son indecorosos fantasmas que nada más sirven para vender contratos de protección. Algunos más se encuentran dominados por líderes espurios y unos cuantos, poquísimos, se mantienen independientes frente al sindicalismo tradicional.

En el otro esquema organizativo están los sindicatos nacionales, con cobertura en toda una industria. Gracias a que ejercen la representación de decenas de miles de trabajadores, sus líderes mantienen una significativa pero a menudo perversa influencia en sus respectivas ramas de actividad.

Los agremiados de los sindicatos nacionales de industria suelen tener mayor escolaridad y mejores ingresos que el promedio de los trabajadores mexicanos. Son la élite de la clase obrera mexicana –si es que eso existe–. Y sus líderes son el más persistente resabio de un sindicalismo enmohecido, oneroso, caduco y desprestigiado.

Así en Petróleos Mexicanos el sindicato, que detenta contratos ultra millonarios, trafica con las plazas y se da el lujo de transgredir la legislación electoral sin padecer consecuencia alguna (como sucedió cuando, en 2000, sus dirigentes le entregaron subrepticiamente al PRI 500 millones de pesos). Allí está el obstáculo central para cualquier reforma de esa industria.

En la rama Minero Metalúrgica donde en 2001, antes de morir, el viejo líder Napoleón Gómez Sada le heredó la dirección sindical a su hijo, se mantiene una tajante disputa entre el sindicato y la principal de las empresas de ese ramo en el país. Las autoridades del trabajo, tanto en el anterior como el actual sexenios, han mantenido acosado al Sindicato Minero en donde, sin embargo, los trabajadores insisten en respaldar a Napoleón Gómez Urrutia. Ese dirigente, a su vez indefendible tanto por su trayectoria refractaria a la democracia como por el manejo discrecional que hace de los recursos sindicales, se mantiene fuera del país.

En la educación básica la dirigencia nacional del SNTE, encabezada por Elba Esther Gordillo, mantiene el control de más de un millón de maestros con la utilización de recursos clientelares que forman parte de los más graves rezagos de la enseñanza en nuestro país.

En la telefonía, el sindicato encabezado por Francisco Hernández Juárez se ha interesado más en defender a la empresa de Carlos Slim que la calidad y la competencia en las telecomunicaciones. Hace 32 años Hernández Juárez era abanderado del sindicalismo democrático e independiente. Era. Desde entonces ha sido secretario general del STRM. Dice que se va a retirar. Ya mero. En tres décadas los telefonistas no han sido capaces de tener otro dirigente.

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