La otra consulta. Una fábula

La Crónica, jueves 31 de julio

Hastiado de una discusión sin coordenadas claras y que mientras más se prolongaba más confusa estaba resultando, el presidente Felipe Calderón decidió convocar a una consulta nacional sobre la reforma petrolera. No importaba que esa figura jurídica no estuviese contemplada en la Constitución, ni que el gobierno careciera de atribuciones específicas para organizarla. Se trataba de una decisión política. “Mi gobierno –declaró el presidente en cadena de televisión y radio– acatará siempre la voluntad del pueblo y ese será el significado de la consulta nacional. Desde luego, en este asunto tenemos una posición y exhortamos a los ciudadanos para que se manifiesten a favor de las iniciativas de reforma que he presentado al Congreso de la Unión”.

Inicialmente algunos diputados y senadores del PAN estuvieron en desacuerdo porque una consulta destinada a recoger el parecer de la población acerca de iniciativas que ellos mismos tenían que impulsar, podía ser considerada como una forma de presión ilegítima contra el Congreso. Pero cuando entendieron que de esa manera parecería que tendrían mayor respaldo social, se subieron entusiasmados al carro de la consulta.

El gobierno fue juez y parte porque organizó, promovió, supervisó y contó los votos de esa consulta y, antes, difundió extensamente las posiciones que convocaba a respaldar. El Instituto Federal Electoral, aunque tampoco tiene atribuciones específicas en ese terreno, acordó brindarle asesoría técnica a la Secretaría de Gobernación. “Nuestro compromiso está con la sociedad y la falta de precisiones del Cofipe no será obstáculo para que cumplamos con él”, dijo orgulloso el presidente del IFE.

La consulta iba a contracorriente de la discusión parlamentaria y fue vista como un ejercicio de propaganda por los partidos en la oposición. PRI y PRD se apresuraron a descalificarla porque sabían que la intensa publicidad desplegada por el gobierno federal forzaría los resultados a favor de las iniciativas del presidente.

A fin de evitar confrontaciones en aquellas entidades gobernadas por miembros de partidos de la oposición, el secretario de Gobernación dispuso que la consulta se realizara únicamente en Aguascalientes, Baja California, Guanajuato, Jalisco, Morelos, San Luis Potosí, Tlaxcala y Querétaro, entidades gobernadas por el PAN. También habría urnas en los municipios más importantes que se encuentran gobernados por ese partido, así como en las delegaciones Benito Juárez y Miguel Hidalgo en la ciudad de México.

A convocatoria del gobierno, un grupo de especialistas diseñó el cuestionario de la consulta. Después de largas deliberaciones y con asesoría de la Universidad Iberoamericana, el comité a cargo de esa tarea presentó las dos preguntas que serían puestas a consideración de los habitantes en nueve entidades:

“Actualmente en la explotación, transporte, distribución, almacenamiento y refinación de los hidrocarburos (petróleo y gas) participan empresas privadas como contratistas de Pemex. ¿Está usted de acuerdo o no está de acuerdo en que esa participación pueda regularizarse para que se encuentre plenamente normada por las leyes?

“¿En general, usted está de acuerdo o no está de acuerdo en que se aprueben las iniciativas relativas a la reforma energética que se debaten actualmente en el Congreso de la Unión?”.

Hubo quienes señalaron que esas preguntas eran insuficientes y que estaban formuladas de tal manera que inducían a la confusión de los ciudadanos. Otras voces, recordaron que un asunto de tanta complejidad como la reforma petrolera no debería ser reducido a dos dilemas planteados de manera tan esquemática. Había muchos ciudadanos que no hubieran querido votar “sí” o “no” por esas opciones, sino plantear soluciones intermedias en algunos temas del complejo entramado que significa la cuestión petrolera.

Los organizadores de la consulta desestimaron tales reparos. En busca de legitimidad publicitaria, Gobernación designó un “comité ciudadano”, que según se dijo supervisaría la organización de la consulta y que estuvo integrado por las siguientes personas: Carlos Elizondo, Héctor Aguilar Camín, Francisco Barrio, María Amparo Casar, Sari Bermúdez, Paz Fernández Cueto, Jorge Castañeda, Pablo Hiriart, Kate del Castillo, Leo Zuckermann, David Páramo y Enrique Krauze. No importó que todos ellos tuvieran ya una opinión favorable a las propuestas del presidente. De la misma manera que el gobierno federal actuaba con parcialidad en la organización de la consulta, ellos lo harían como supuestos supervisores de un ejercicio de expresión ciudadana respecto del cual ya tenían una opinión definida.

Durante las semanas previas, los gobernadores, presidentes municipales y delegados panistas se volvieron comprometidos militantes de la consulta. No hubo acto público ni conciliábulo privado en donde no buscaran cómo impulsarla. Aunque el ideario de su partido los compromete con la democracia y habían querido que uno de sus signos distintivos fuese la ruptura con los viejos procedimientos que la cultura política priista le impuso al país durante tanto tiempo, los panistas no vacilaron en utilizar recursos públicos y apremios de toda índole para movilizar votos a favor de las iniciativas presidenciales.

Millares de funcionarios públicos fueron designados para que invitasen a sus amigos y familiares a esa votación. Como si se tratase de campaña electoral y en un derroche de recursos jamás visto, el gobierno federal distribuyó playeras, gorras, tazas, pegotes para los automóviles, pancartas que se colocaron en oficinas públicas, pulseras, botones y otros artículos, todos con lemas como ¡La consulta va!, Defendamos al petróleo, Dile sí al progreso, Vota sí: la consulta es tuya. Los consorcios de radio y televisión se beneficiaron de una generosa derrama financiera que compró spots para difundir esos lemas. No solamente se invitaba a participar en la consulta, sino con clarísimo énfasis se llamaba a votar “sí” en ambas preguntas.

Para el gobierno y su partido, la consulta se convirtió en momento de gran definición política. Las divisiones dentro del PAN se atenuaron ante la necesidad de enfrentar los fundados cuestionamientos de otros partidos. Aunque era apoyada por Nueva Alianza y el Verde Ecologista, resultaba claro que la consulta era iniciativa y compromiso de los panistas y del gobierno federal. En el Congreso, diputados y senadores blanquiazules se esforzaban para enfrentar los reclamos del PRD, especialmente por la nula transparencia acerca del gasto invertido en la consulta.

El domingo en que se realizaría la consulta fue de trabajo obligatorio para decenas de miles de empleados públicos. Pero más allá de quienes tenían responsabilidades específicas como organizadores o propagandistas, las mesas de votación estuvieron casi vacías. Los fotógrafos de prensa se hartaron de tomar placas de jefes de casilla durmiendo o jugando dominó ante la falta de votantes. Y si algo no hubo fue respeto al secreto en la votación. Miles de ciudadanos fueron coaccionados a cruzar las boletas por el “sí”, ante la vista complaciente y exigente de los representantes partidistas.

En varias ciudades se comprobó el acarreo y la presión sobre los votantes. Dirigentes del PRD hicieron algunos esfuerzos para insistir en que la consulta debía ser libre y que toda presión resultaba ilegal. Ese empeño resultó inútil porque, cuando los identificaban como opositores, eran corridos con cajas destempladas de las mesas de votación. En varios casos esos líderes partidarios se hicieron acompañar por notarios que dieron cuenta de las irregularidades y anunciaron que presentarían denuncias legales por la manipulación que perpetraba el gobierno federal.

Hacia el mediodía era evidente que la consulta había sido desairada. Elba Esther Gordillo había prometido la participación de un impresionante número de profesores pero nunca se comprobó que todos ellos hayan asistido y hubo sospechas de que, quienes sí fueron, votaron por el “no”. La dirigente del PAN en el DF, Mariana Gómez, declaró que no importaba cuánta gente acudiese a votar sino el porcentaje de los ciudadanos que preferirían el “sí”.

En la capital del país el desaseo fue documentado por miembros y simpatizantes del PRD que se las ingeniaron para votar en varias ocasiones. Alejandra Barrales, dirigente local de ese partido, dio a conocer un video en el que se aprecia con toda claridad a un individuo que votó, en distintas casillas, en ¡35 ocasiones! Evidentemente la tinta que se utilizaba para marcar a quienes habían votado no era indeleble, o los responsables de las casillas se hacían de la vista gorda suponiendo que quienes votaban más de una vez lo harían por el “sí”.

En respuesta a esa y otras denuncias el dirigente nacional del PAN declaró que ni las estratagemas ni la insidia del PRD lograrían demeritar la consulta: “nuestras mesas de votación quedaron instaladas a tiempo, los ciudadanos que han querido hacerlo están participando, la consulta va y es un éxito pésele a quien le pese”, dijo Germán Martínez con su habitual enjundia.

Ya por la noche, el cómputo en casi todas las casillas fue rápido porque en la mayoría habían votado dos o tres docenas de personas. No obstante los resultados no fueron conocidos sino hasta varios días después. Cuando los críticos de la consulta sugirieron que al PAN y al gobierno se les había caído el sistema o que estaban demorándose para maquillar los resultados, el secretario de Gobernación respondió tronante: “esas no son mas que demostraciones de impotencia de la izquierda delirante”.

Con menos de la quinta parte de las casillas computadas y a partir de proyecciones realizadas por Consulta Mitofsky, Juan Camilo Mouriño anunció los resultados iniciales. Casi dos millones de ciudadanos habían acudido al llamado del gobierno y su partido. En la primera pregunta, el 87% respondió a favor del “sí”. En la segunda, el porcentaje por la respuesta positiva fue del 84%.

Esos resultados no sorprendieron a nadie. La intensa campaña de propaganda, la intervención directa del gobierno a favor del “sí”, el traslado forzoso de decenas de miles de personas e incluso la contratación de artistas y conductores para que recomendasen esa opción en programas de televisión y radio, hacían posible anticipar tales porcentajes. Lo que nadie y sobre todo los organizadores de la consulta esperaban, era una participación tan baja.

El número de personas que decidió ir a la consulta era menor a la mitad de los asistentes que previeron el gobierno y el PAN. Sin embargo, habituados a la simulación política, presentaron esos resultados como ejemplo de participación y conciencia cívicas. Manuel Espino, que había sido designado coordinador de la consulta por parte del frente de partidos que la promovían, declaró retador: “No obstante las presiones ilegítimas de la izquierda y de los políticos a la antigua, la sociedad mexicana ha ofrecido una muestra de madurez y responsabilidad. El respaldo abrumador a las iniciativas de reformas presentadas por el presidente Calderón para modernizar a la industria petrolera constituye una exigencia que los legisladores de ninguna manera podrán soslayar. El triunfo del ‘sí’ es un triunfo de la sociedad mexicana”.

Tres días más tarde Juan Camilo Mouriño y los coordinadores del PAN en ambas cámaras federales llegaron al Senado para entregar los resultados de la consulta. Allí los increpó Carlos Navarrete, el líder de los senadores del PRD: “nuestro partido jamás aceptará los resultados de una maniobra espuria como ésa. No se trató de un ejercicio democrático sino de una autoconsulta”, dijo. Similares apreciaciones manifestó Guadalupe Acosta, a nombre del PRD: “No puede tener valor alguno una consulta convocada, organizada y sancionada por el gobierno, con recursos públicos que fueron utilizados de manera facciosa. Los mismos que la organizaron, llamaron a votar por el ‘sí’. Los mismos que contaron los votos fueron los que vigilaron esa caricatura de consulta”, denunció. Sin embargo Gustavo Madero, líder de los senadores del PAN, insistió: “El resultado de la consulta debe ser vinculatorio para todos nosotros. El Congreso tiene que escuchar la decisión del pueblo de México”.

Correo electrónico: trejoraul@gmail.com

Blog: https://sociedad.wordpress.com

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Un comentario en “La otra consulta. Una fábula

  1. que raro. en todos tus posts o no hay comentarios o cuando mucho tres. ¿será que casi nadie te lee?

    yo escribiendo incoherencias, a veces alcanzo el doble de comments

    ah, ya sé, es que escribes fábulas

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