Confusión (II)

emeequis, 10 de agosto de 2008

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Dos lectoras de emeequis se inconforman, en sendas cartas que el lector podrá encontrar en el Buzón de esta edición, con los cuestionamientos que hice hace dos semanas a la consulta sobre la reforma petrolera. Las dos defienden la consulta y al gobierno del DF. Las dos, discrepan con mi punto de vista cuando digo que a partir de la información disponible es imposible saber cuáles son las mejores opciones para la reforma petrolera. Ambas lectoras, se indignan porque señalé la manipulación que el gobierno del DF impuso sobre la pretendida consulta.

Doña Ana Ofelia Gastélum antepone una convicción personal. En la consulta, dice, “sentí que estaba realizando un acto muy democrático”. Si esa es su certidumbre, entiendo que rechace los cuestionamientos de quienes han documentado hechos de acarreo y presión política para llevar votantes a las urnas del 28 de julio. Me parece profundamente inmoral, pero además posiblemente ilegal, la organización de un ejercicio presuntamente democrático, pagado con dinero de los contribuyentes, para legitimar sus posiciones políticas.

Según doña Ana Ofelia, los senadores querían resolver a escondidas el tema petrolero pero “hubo presión para que se discutiera públicamente”. Si se refiere a los foros que organizó el Senado, me permito recomendarle que lea mi contribución del 19 de mayo en esta revista en donde recuerdo que antes de que los senadores y diputados del PRD ocuparan las tribunas de ambas cámaras, la consulta ya había sido organizada y anunciada.

La profesora Laura Rivera Castillo me reprocha haberme ¡atrevido! –las interjecciones son mías pero la admonición es de esa regañona maestra– a cuestionar a Ebrard y su gobierno por la multicitada consulta. Doña Laura desea “fervientemente defender el último recurso importante de nuestro país de quienes traman venderlo a compañías” extranjeras. Pero se le olvida que si el petróleo sirve de algo es para venderlo, precisamente, al extranjero. El problema es cómo, en qué condiciones, con cuáles reglas.

La consulta en el DF fue abusiva con los ciudadanos porque no les ofreció información suficiente acerca de las opciones en litigio con la reforma petrolera. Solamente una de ellas, la que respaldaron las autoridades de la Ciudad y su partido, fue abundantemente propagandizada. Y las preguntas a resolver en esa votación no solo fueron “suficientemente claras”, como admite la profesora Rivera. Sobre todo, no recogieron los dilemas que existen para el país en materia petrolera porque no se trata de cuestiones necesariamente polares, que se puedan resolver optando completamente por una propuesta u otra.

El día de la consulta el Congreso había recibido las iniciativas del presidente Calderón y las que presentó el PRI, de tal manera que cuando a los ciudadanos se les preguntó sobre las propuestas que se debaten en el Congreso se les inducía a confusión. Ahora se dice, y qué bueno si ocurre, que el PRD presentará su propia iniciativa.

Votar en paquete por una sola de ellas implicaría entenderlas como conjuntos de ideas cerrados, que no admiten matices ni adecuaciones. Y ese es, más allá del lucro político del gobierno del DF, el problema de una consulta como la que defienden esas lectoras de emeequis. A mi por ejemplo, me parece que Pemex debería tener posibilidades de recibir capital privado para instalar refinerías. Hoy en día la mayor parte de nuestro petróleo es refinado fuera del país y por empresas, desde luego, extranjeras. En vez de que eso siga ocurriendo, sería preferible que la elaboración de las gasolinas se hiciera dentro de nuestro territorio, empleando a trabajadores mexicanos y pagando impuestos en esta y no en otra nación.

En ese tema coincido, en principio, con la propuesta de Calderón. Pero no me convence la iniciativa para abrir a empresas extranjeras la exploración petrolera en pozos profundos. No tengo elementos para opinar si esa exploración es urgente o no. El gobierno federal dice que sí. Cuauhtémoc Cárdenas dice que no. El PRI dice que sí a la coinversión extranjera pero condicionando los contratos a los resultados de la exploración, lo cual parece difícil que acepte cualquier empresa.

En ese tema, igual que en otros, no hay información suficiente. Puesto que carezco de la fe de doña Ofelia y del fervor de doña Laura, prefiero exigir que los senadores y diputados hagan su trabajo con la mayor responsabilidad. Para eso los elegimos.

Les agradezco a ambas lectoras las catas que enviaron a emeequis.

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