Desprestigiados profesores

emeequis, 20 de octubre

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Nadie sabe a ciencia cierta cuántos afiliados tiene el SNTE. Hay quienes dicen que un millón y medio, o más. El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación está integrado por profesores federales y estatales. Estos últimos han aumentado considerablemente debido al proceso de descentralización educativa, que les transfirió a los gobiernos de los estados gran parte de los recursos y de la relación laboral con los profesores. Así que cuando alguien quiere indagar cuántos trabajadores de la educación reciben salarios regulares y pagan cuota sindical, se enfrenta con una insalvable dispersión de fuentes informativas.

A veces tales cifras se distorsionan porque hay profesores que tienen dos plazas, en diferentes horarios o en más de una escuela. En todo caso, la Presidencia de la República reporta para este año 188,993 maestros de adscripción federal y 1,043,795 de carácter estatal. Así que puede considerarse que el Estado mexicano tiene relación laboral con un millón 232 mil 788 profesores. Esa sería en términos generales la membresía del SNTE, sin considerar al personal administrativo que hay en las estructuras educativas también federales y estatales.

La dificultad para precisar cuántos trabajadores de la educación forman filas, aportan cuotas y tienen derechos gestionados por ese sindicato, permite ejemplificar las dimensiones descomunales tanto de la tarea educativa del Estado mexicano como de la esa agrupación.

Ningún sindicato o partido tiene en México tantos miembros activos y constantes como el SNTE. Ninguna tarea, es tan indispensable e irrenunciable como la educación pública. Ninguna, como esa, contribuye de manera tan decisiva a definir la actualidad y modelar el futuro de un país. Por eso resulta aberrante que hayamos descuidado a la educación con tanta indolencia que, hoy por hoy, se encuentra en manos de las pandillas de caciques ubicadas en la dirección nacional y en las direcciones estatales del SNTE.

En Morelos, varios millares de maestros dejaron de trabajar en protesta porque las plazas nuevas y vacantes serán asignadas por concurso de oposición.

Y precisamente cuando la crisis suscitada por el paro en Morelos se complicaba debido a la decisión de los gobiernos federal y estatal para contener incluso violentamente las protestas de esos profesores, la líder nacional del SNTE decidió regalarle una camioneta de casi medio millón de pesos a cada dirigente seccional del sindicato.

Así, en tanto los maestros de Morelos defienden un privilegio feudal y absurdo, los líderes nacionales mantienen un ejercicio discrecional y autoritario de los recursos sindicales.

Los profesores que mantuvieron el paro, y cuyos líderes seccionales se pertrecharon en un discurso atrasado y demagógico, han querido conservar la prerrogativa para traspasar, vender o heredar su plaza laboral. Esa costumbre forma parte de las perversiones que han permitido que se mantenga el liderazgo en el SNTE.

En la cúpula sindical, la dilapidación de recursos que ha ejercido Elba Esther Gordillo quedó evidenciada con la bochornosa adjudicación de las camionetas Hummer. El dinero del sindicato es empleado para afianzar la subordinación en la que se mantienen los cuadros dirigentes.

La cara dura de quienes para seguir heredando y alquilando sus plazas sindicales dejaron sin clases a 400 mil niños y jóvenes, es comparable a la de la lideresa nacional que, pillada en la adquisición de las ostentosas camionetas, de pronto fingió que los vehículos eran para ser sorteados con el propósito de obtener recursos en cada sección sindical.

El trompicado discurso de los paristas morelenses ha resultado tan inadmisible como la dispendiosa magnanimidad primero, y la ostentosa falsedad, después, de la señora Gordillo.

En manos como esas se encuentra la educación mexicana. Seguramente no todos los profesores en Morelos están de acuerdo con la defensa de privilegios que hacen los paristas. Sin duda, también, no todos los miembros del SNTE avalan el costoso clientelismo de Gordillo. Pero, por indolencia o conveniencia, siguen resignados a esas prácticas.

Quisiéramos creer, que entre los más de un millón 200 mil profesores agremiados en ese sindicato, son mayoría quienes quieren comprometerse con una educación de calidad y una democracia auténtica. Pero hasta ahora y como nunca antes la imagen pública de los maestros, otrora identificados con la integridad y la respetabilidad, ha quedado emparentada con la impunidad y los abusos. Es una tragedia comparable, o peor, a la que experimenta la economía.

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Un comentario en “Desprestigiados profesores

  1. Con respecto a la tan cacareada calidad de la educación, ésta debería implantarse a todas las personas que formen parte, de alguna u otra manera, de la secretaría de educación pública, no sólo a los profesores. Si se les hiciera una evaluación, la mayoría sería despedida. Pero como la Sra Gordillo manda, todos inclinan la cabeza y obedecen.
    José Luis Salas

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