Berrinche de las televisoras

emeequis, 8 de febrero

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El comportamiento de las televisoras con los spots electorales se parece al de dos niños berrinchudos que están acostumbrados a ser los únicos que utilizan una cancha de futbol. Un día el dueño de la cancha les avisa que en lo sucesivo tendrán que dejar que la usen otros jugadores aunque nada más poquito, durante unos cuantos minutos diarios. Encrespados porque alguien se mete a la cancha que consideran únicamente suya, los chamacos la llenan de lodo y le echan la culpa al árbitro de las condiciones en las que ponen el terreno de juego.

Así de inmadura, pero también así de chantajista y excedida, ha sido la conducta de Televisión Azteca y Televisa. Los propietarios y operadores de esas empresas están disgustados con la reforma electoral que los dejó sin la porción principal de las ganancias que cada temporada electoral significaba la compra de espacio para que se anunciaran los partidos (y que en la campaña federal de 2006 ascendió a 1984 millones de pesos para televisoras y radiodifusoras). Pero lejos de entender que esa reforma, que fue respaldada por todos los partidos nacionales, se debió a los reiterados atropellos que han perpetrado, las televisoras reaccionan como si la cancha, el balón y hasta el árbitro tuvieran que plegarse ante sus caprichos. Y la toman, paradójica y escandalosamente, en contra del público.

La transmisión de los spots de propaganda partidaria y del IFE uno tras otro hasta por 3 minutos y sin distribuirlos junto con otros anuncios como siempre habían hecho, ha sido un desplante de Televisa y Azteca para que los televidentes se indispongan con los partidos políticos. A los ciudadanos no nos faltan motivos para recelar de todos y cada uno de los partidos actualmente vigentes e incluso para no votar por ninguno de ellos. El alejamiento de los auténticos problemas nacionales e incluso respecto de la sociedad, el tráfico de influencias que prevalece en la mayoría y las disputas por pequeñas pero rentables parcelas de poder al interior de todos ellos, son suficientes para que recelemos de los partidos políticos. Pero una cosa son las faltas que los propios partidos han incorporado a su perfil público y otra que se les inventen, así como a la autoridad electoral, pifias que no han cometido.

Eso hicieron las televisoras. Al colocar delante de los spots seriados hasta el tedio una advertencia indicando que se transmitían por instrucciones del IFE, Televisa y Azteca buscaron, dolosamente, engañar a sus televidentes. El Instituto Federal Electoral, en cumplimiento de la ley vigente desde enero del año pasado y que le concede 48 minutos diarios en cada televisora y radiodifusora, les entregó a las televisoras las pautas que indicaban cuáles mensajes habrían de transmitirse cada hora. A solicitud de las propias televisoras, el IFE no precisó exactamente en qué momento debían difundirse los spots y aclaró que en el caso de eventos deportivos los anuncios podrían posponerse para no interrumpir las transmisiones.

El estrépito que se levantó cuando las emisiones de varios partidos de futbol fueron suspendidas para dar paso a los anuncios políticos estuvo calculado por las televisoras. Pero los televidentes tienen larga experiencia como víctimas de agravios mediáticos. Tan solo en el futbol, llevan años padeciendo la interrupción de los partidos con anuncios comerciales que bloquean parcial o totalmente la pantalla, o con avisos y ruidos que distraen la atención también con finalidades mercantiles.

A los espectadores de la televisión mexicana, que saben que son Azteca y Televisa quienes abusan de la ausencia de opciones, se burlan de ellos y les faltan al respeto mutilando e interrumpiendo los programas, para no mencionar la calidad de sus contenidos, será difícil imponerles la engañifa acerca de los mensajes políticos. El saldo de este estruendoso pero efímero episodio sería limitado si no fuera porque ni Televisa ni Azteca son mozalbetes como los del ejemplo con el que comienza este artículo.

Se trata de las empresas que, por indolencia y perplejidad del Estado, monopolizan el 94% de los canales de televisión comercial en México. Evidentemente no tienen ni entienden la responsabilidad que implica un poder cultural y social, y desde luego político, de esa índole.

El episodio de los spots muestra la soberbia y prepotencia, junto con el ridículo infantilismo, que domina en Azteca y Televisa. También manifiesta los rezagos que persisten no en la legislación electoral sino en la legislación para la radiodifusión en donde, hasta ahora, dos empresas acaparan el mercado televisivo y se dan el lujo, como aquel personaje tan cuestionable, de mandar al diablo a las instituciones.

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2 comentarios en “Berrinche de las televisoras

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