Televisoras, bravata contra el Estado

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Cuando, en días pasados, las televisoras manipularon los spots electorales, no pretendían simplemente descalificar al IFE. El adversario al que quisieron golpear mostrando los anuncios de pre campañas de tal manera que resultasen irritantes para los telespectadores han sido los partidos políticos y, con ellos, el gobierno federal.

Para decirlo de manera más clara: la bravata de las televisoras fue en contra del Estado. Se trató de una escaramuza dispuesta y sostenida durante dos semanas precisamente en uno de los momentos más difíciles que han enfrentado las instituciones políticas mexicanas en los años recientes.

El Estado mexicano ha sido desafiado recientemente tanto por la delincuencia organizada como por la crisis financiera. Sus dificultades para responder con eficacia han sido tales que hay quienes han desempolvado un término utilizado desde hace tiempo por organismos que se erigen en peritos de la política global para sostener que tenemos un estado fallido.

Ese término ha sido empleado, en nuestra discusión doméstica, más como recurso en el debate mediático y retórico que como un concepto que permitiera comparar el desempeño del Estado mexicano con el de otros estados en el mundo. Cuando alguien esgrime esa acusación, sus administradores actuales reaccionan encrespados como si el Estado fuese infalible. Los grupos de oposición, a su vez, se solazan subrayando las insuficiencias en la acción del Estado para erosionar, con esos cuestionamientos, al gobierno federal.

Fue precisamente en medio de esa desarticulada pero vistosa discusión cuando las televisoras resolvieron enfrentar al Estado sometiendo al escarnio público los spots de los partidos. Por eso llamó la atención la indolencia que el comportamiento de Televisa y Televisión Azteca encontró entre los integrantes de ese conjunto de instituciones que ejercen el poder político que es, de acuerdo con la definición clásica, el Estado mexicano.

Los dos partidos con mayor presencia política, PAN y PRI, reaccionaron ante la crisis de los spots como si fuesen ajenos a ella. Es asunto del IFE, dijeron sus líderes tratando de eludir el problema. Lo mismo hizo la secretaría de Gobernación que, incluso, negó tener competencia para intervenir ante esa infracción de las televisoras.

Peor todavía, cuando el secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, se decidió a intervenir, fue para presionar a varios consejeros del IFE con el propósito de que exonerasen a las televisoras y no, como era su obligación, para requerir a esos concesionarios que cumplieran con las responsabilidades que les asigna la ley.

Cuando 3 de los 9 consejeros del IFE decidieron defender la aplicación de la ley, perdieron la votación del viernes 13 de febrero pero abrieron una línea de reivindicación del orden jurídico que en menos de una semana construyó un panorama distinto.

En el Senado, los tres partidos nacionales se pusieron de acuerdo para aprobar las modificaciones a la Ley Federal de Radio y Televisión que estaban congeladas desde el año pasado y que ratifican las atribuciones del IFE para obligar a los medios electrónicos a que cumplan la normatividad electoral. Fue lamentable que lo hicieran a escondidas, por temor a que los consorcios mediáticos bloquearan esa decisión. Pero es una reforma, de menor calado, que tiende a respaldar las atribuciones de la autoridad electoral.

El PRD y el Partido Socialdemócrata, por otro lado, demandaron al Tribunal Federal Electoral la revisión del acuerdo del Consejo General del IFE que absolvió a las televisoras.

Y como tanto Televisa como TV Azteca habían vuelto a transgredir la ley ya no solamente manipulando los spots de los partidos sino de plano suprimiéndolos de su programación el fin de semana del 8 de febrero, el viernes 20 todos los consejeros electorales –inclusive los que habían absuelto a las televisoras– ahora sí resolvieron multarlas.

Quizá no sea fallido, pero en este caso el Estado mexicano fue tardío para reaccionar ante el reto de las televisoras. La mayor parte de sus integrantes, comenzando por el gobierno federal y las cúpulas del PAN y el PRI, exhibieron demasiado temor ante un poder mediático que ellos mismos han acrecentado.

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