El Procurador, los medios, el narcotráfico

El casi generalizado rechazo de la prensa a las declaraciones del procurador Medina Mora sobre los medios de comunicación y el narcotráfico es síntoma de los malentendidos que prevalecen entre la persecución al crimen y la cobertura informativa de esas acciones en México.

El lunes pasado, en un seminario sobre ese tema organizado por la PGR, Eduardo Medina Mora dijo tres grandes verdades: 1) el narcotráfico utiliza a los medios de comunicación para crear miedo entre la población; 2) el gobierno tiene la obligación de perseguir al narcotráfico pero en esa tarea los medios tienen la responsabilidad de contribuir para aislar y combatir a ese enemigo de toda la sociedad; 3) los medios ponen más atención en fiscalizar al Estado que en condenar al crimen organizado.

Dichas por el titular de la Procuraduría General de la República, esas afirmaciones alcanzaron el rango de acusaciones –desde luego no judiciales pero sí con singular densidad política–. En ellas hay un irrefrenable dejo de incomodidad por un desempeño mediático distinto al que Medina Mora quisiera encontrar en la prensa y los medios electrónicos.

Tales afirmaciones, puesto que públicas y susceptibles de ser examinadas, son parcialmente cuestionables. Resulta evidente que algunas de las pandillas del narcotráfico que más poder han afianzado en varias regiones del país han comenzado a desplegar una estrategia para influir en los medios y aprovecharse de la cobertura noticiosa de sus delitos. Las pancartas que colocan en distintas ciudades, los recados que dejan junto a sus víctimas y las amenazas a algunos medios para que ajusten su cobertura noticiosa a las exigencias de los capos criminales, forman parte de esa actitud.

A esos criminales les gusta ver sus mensajes retratados en la prensa porque, como apunta Medina Mora, de esa manera tratan de amedrentar a otras bandas y presionan al gobierno para que no los persiga.

En esa observación tiene plena razón el Procurador. También cuando dice que los medios tienen la obligación de auxiliar en el aislamiento y la denuncia al narcotráfico. Desde luego las tareas de la prensa en nada se equiparan a los deberes de los organismos estatales encargados de impartir justicia. Pero en ese asunto, a diferencia de muchos otros, los medios de comunicación y los periodistas no pueden pretender neutralidad alguna. De hecho, la imparcialidad no existe en la cobertura informativa, a diferencia de lo que pretenden las corrientes tradicionales en el periodismo. Pero mucho menos la hay tratándose de asuntos criminales.

Sería grotesco, además de ineficaz, que la prensa y los medios electrónicos se dedicaran únicamente a vituperar a los narcotraficantes con tal de cumplir con deberes como los que les indica el Procurador. Pero sí puede esperarse que, ya que la cobertura de tales hechos no es imparcial, los medios le ayuden a la sociedad aportándole elementos para entender y ubicar en su contexto más preciso la actuación y las brutalidades del crimen organizado.

Si los medios se limitan a informar de cada nuevo homicidio que comete el narcotráfico y especialmente si lo hacen refocilándose en detalles grotescos como los que por desdicha proliferan en esos actos criminales, pueden contribuir, aunque sea de manera indirecta, a reforzar el temor que buscan infundir esas pandillas. Si, en cambio, además de dar cuenta de asuntos que evidentemente son noticia los medios van más allá del hecho reciente e investigan quiénes son las víctimas y los victimarios, qué dimensiones tiene cada suceso criminal dentro de la escalada de venganzas y disputas entre mafias del narcotráfico y qué papel desempeña en todo eso la persecución que el gobierno federal ha desatado contra ellas, cada crimen dejará de ser un hecho aislado para ser entendido como parte de una realidad terriblemente ardua pero que va evolucionando cada día.

En la descripción de ese contexto, es inevitable que los medios de comunicación se ocupen de los errores y, cuando existen, de las tropelías que cometen miembros de las corporaciones policiacas o del Ejército. Es entendible que al procurador Medina Mora le incomode la develación de hechos de esa índole. Pero a su requerimiento para que los medios tengan un comportamiento más amable con las instituciones a cargo de hacer que la ley se cumpla le falta un elemento. Si los medios de comunicación dan a conocer casos de policías abusivos, funcionarios corruptos e incluso de complicidad con el narcotráfico, es porque tales situaciones existen. La mejor vía para que los medios no se ocupasen de tales asuntos sería que tales muestras de descomposición dentro de las corporaciones policiacas y judiciales simplemente no se produjeran. Pero forman parte de la terrible realidad que nos impone el auge del narcotráfico.

El procurador Medina fue muy cuidadoso en sus formulaciones. En cambio la respuesta que tuvo en numerosos medios resultó exagerada y arbitraria. Hubo, con algunas excepciones como los comentarios de Héctor Aguilar Camín, una andanada descalificatoria contra ese funcionario por el solo hecho de haber sugerido que los medios no están haciendo bien su trabajo en la cobertura del narcotráfico. Incluso entre periodistas de la frontera, que saben mejor que nadie que esos grupos criminales son enemigos de toda la sociedad, campeó la idea de que con tales declaraciones Medina Mora trató de justificar los avances escasos del gobierno en la persecución a tales delincuentes. Y ya en el paroxismo desatado por la inconformidad mediática, hubo legisladores que rechazaron los “actos de censura” de Medina Mora.

La piel demasiado sensible de muchos periodistas les impide evaluar la manera como los medios están ocupándose del narcotráfico. Al Procurador, no hay que dejar de exigirle que haga bien su trabajo. Pero dicha responsabilidad no le impide opinar sobre el desempeño de ese actor social y político, de influencia evidente pero tan reacio a la autocrítica, que son los medios de comunicación.

ALACENA: El chusco lapsus de Rodríguez Zapatero

Muchos se han remitido a Freud y a los pensamientos reprimidos. Otros, menos sofisticados, han sugerido que al presidente de gobierno español no ponía la atención debida cuando, el martes, ofrecía en Madrid una conferencia de prensa junto con el presidente de Rusia Dmitri Medvédev. La sorpresiva expresión de José Luis Rodríguez Zapatero cuando dijo que, como parte de la cooperación entre España y los rusos, “hemos hecho un acuerdo para estimular, para favorecer, para follar…para apoyar ese turismo” se convirtió en comidilla de la semana en la Internet en español. Fue un lapsus, sí. Es gracioso, también. No tendrá importancia, evidentemente. Pero hay quienes, como el mexicano Andrés Lajous, han podido especular sobre las presuntas fantasías que Rodríguez Zapatero develó con ese término.

eje central, viernes 6 de marzo

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2 comentarios en “El Procurador, los medios, el narcotráfico

  1. ¡Gracias por el artículo! Pero no entiendo bien por qué (1) es necesariamente una ‘gran verdad’ (sino una verdad limitada…). ¿No sería el caso que el gobierno, de hecho, utiliza la cubertura de los medios de comunicación acerca del narcotráfico para crear miedo entre la población, y, como resultado, justificar ciertas acciones violentas (de su parte)?
    http://amyjota.wordpress.com

  2. Gracias, Amy, por su comentario y por asomarse a este blog. En realidad no escribí que en este asunto haya “grandes verdades”. Desde luego la hipótesis de que el gobierno quiere crear miedo podría ser útil como opción explicativa. Pero en ese caso no se entendería por qué el gobierno mismo expresa tanta (y, creo, tan justificada) preocupación por la cobertura que los medios hacen de los asuntos violentos. Por otro lado, ha quedado claro que algunas pandillas de narcotraficantes han construido su propia política de medios y pretenden influir en los contenidos de algunos de ellos. Saludos.

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