Colosio… y Clapton

Cada vez que escucho Tears in heaven me acuerdo de Luis Donaldo Colosio. Tres meses y medio antes de ser asesinado en Tijuana, el ya para entonces candidato presidencial del PRI llegó a casa de unos amigos con un disco que llevaba de regalo. Se trataba del álbum “Unplugged” de Eric Clapton que incluye aquella melodía, conmovedoramente melancólica, dedicada a su hijo Conor, de cuatro años, que había muerto al caer de un rascacielos en Manhattan.

No recuerdo si conocíamos el origen de aquella letra lastimada y triste. Pero varias horas y algunas botellas de tinto después de haber comenzado la reunión, Luis Donaldo pedía que se repitiera una y otra vez.

Era una tarde de sábado, a comienzos de enero de 1994. Pocos días antes había estallado la rebelión zapatista en Chiapas. Unas horas después, Colosio iniciaría su campaña electoral en una paupérrima población hidalguense. Pero se dio un rato para conversar con media docena de amigos y conocidos que habíamos publicado un documento llamando a una solución negociada del desafío del EZLN.

De ese encuentro escribí algunas líneas en el semanario etcétera, en marzo de 1995. José Woldenberg, anfitrión de la reunión, se refirió al mismo episodio, un año antes, en la misma publicación. En el transcurso de 15 años he escrito centenares de cuartillas sobre Colosio y su asesinato. El episodio que siempre recuerdo, a pesar de todos esos textos, es aquel encuentro de enero del 94.

Colosio estaba preocupado. Conocía las dimensiones de la desigualdad social de este país y entendía que allí se encontraba su reto principal. Quería articular un discurso distinto del priismo tradicional –y nos lo decía a un grupo de interesados en los asuntos públicos que teníamos clara y pública distancia respecto de ese partido– y trataría de hacer una campaña de propuestas.

Se podía dar el lujo de explayarse en diagnósticos e ideas, incluso con un sesgo crítico, porque no tenía rivales de cuidado. Una vez conquistada la candidatura priista, Colosio era casi seguro ganador de la elección presidencial. Las primeras encuestas de ese año le reconocían el 68% de intención de voto, frente a 11% y 18%, respectivamente, de PAN y PRD. Así que no era ganar más votos, sino consolidar un proyecto de gobierno, lo que le inquietaba a ese candidato.

Quería hacerlo bien. Con seriedad. Pensando en el futuro. Le preocupaba la disrupción que podía significar en las campañas un discurso que se mimetizara con el radicalismo del Ejército Zapatista por parte del Partido de la Revolución Democrática. Lejos del encono que la candidatura de izquierdas en la anterior elección presidencial suscitó en el gobierno federal en el que había sido secretario de Desarrollo Social, Colosio tenía respeto por Cuauhtémoc Cárdenas y así nos lo manifestó, interesado en encontrar puentes de interlocución con él. La posibilidad de contribuir a un diálogo civilizado entre los dos principales candidatos nos entusiasmó a algunos de los asistentes a esa reunión.

De eso y otras cosas conversamos hasta ya entrada la noche. Transcurrida la charla política, Luis Donaldo se empeñaba en escuchar otra vez, y otra y otra, el disco de Clapton con la dolorida canción sobre las lágrimas en el cielo.

Aquella noche nadie imaginaba, ni hubiera querido imaginar, lo cerca que estábamos de Lomas Taurinas y la catástrofe política que ocurrió entonces. No sé cómo hubiera sido el gobierno de Colosio si no lo hubieran matado. Estoy seguro de que, igual que había ocurrido hasta entonces, habríamos discrepado respecto de muchas de sus acciones y coincidido en otras. Supongo que, igual que lo había hecho en varias ocasiones desde que fue dirigente del PRI, Luis Donaldo habría procurado espacios de interlocución con opiniones críticas.

Ahora muchos de quienes lo conocieron dicen que fueron amigos de Luis Donaldo. Quizá el talante afable junto con el interés para escuchar, ambos parte de sus atributos políticos pero antes que nada como persona, dejaban con frecuencia esa impresión. Yo no puedo decir que fui amigo suyo porque en nuestras conversaciones, a veces en compañía de otros, en ocasiones en privado, nunca trascendimos la frontera de los asuntos políticos. Siempre con respeto, siempre con diferencias, Luis Donaldo era respetuoso de las opiniones distintas a las suyas pero, a diferencia de tantos políticos convencionales, no se quedaba sin decir sus verdades y puntos de vista.

No sé cómo hubiera sido México gobernado por Colosio. Nadie lo sabe. El país que hoy tenemos se ve tan distinto al que comenzó a cambiar hace 15 años que esa especulación, además de ociosa, resulta extravagante. También es inútil idealizar a Colosio, que como todos los hombres tenía contraluces.

Lo que sé sin duda alguna es que se trataba de un hombre bueno, movido por una vocación de servicio que trascendía el mero afán de poder que agita a todos los políticos. Por eso, y por aquella sesión cuando la escuchamos obsesivamente, siempre me acordaré de Luis Donaldo cuando oiga Tears in Heaven.

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2 comentarios en “Colosio… y Clapton

  1. Maestro.-

    Colosio, fué un hombre exactamente igual que cualquier líder PRIISTA, unos con mas o menos capacidad de expresión y de engaño (carisma). Obedecen a tantos intereses que ya se despersonalizan. Ni hay duda que Colosio la hacia muy bien de encantador de Periodistas y de Intelectuales. Pero en su trayectoria política no hay datos duros que nos indicarán que tendríamos una presidencia muy diferente.

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