Vázquez Mota, las manos atadas

La renuncia de Josefina Vázquez Mota constituye la más palmaria aceptación del gobierno al fracaso que ha tenido en la gestión de la educación pública. La hasta antier titular de la SEP competirá por una curul en San Lázaro. Posiblemente, se dice ahora, coordinará a los diputados de Acción Nacional aunque no es la única en disputar esa posición.

Sea cual sea el destino de Vázquez Mota ninguna curul, por encumbrada y estratégica que parezca, resulta más importante que el despacho por el que pasaron José Vasconcelos, Narciso Bassols, Jaime Torres Bodet, Agustín Yáñez, Fernando Solana y Jesús Reyes Heroles, que fueron algunos de los secretarios capaces de entender y reivindicar el valor de la educación.

Josefina Vázquez Mota no pudo y todo parece indicar que el estancamiento en la enseñanza que el país ha experimentado en los años recientes no se debió precisamente a ineficiencia o inexperiencia de la ahora ex secretaria sino a que nunca contó con la autoridad necesaria para ello.

Cuando la designó hace 28 meses, al comenzar su gobierno, el presidente Felipe Calderón le entregó a Vázquez Mota la conducción de la SEP pero le ató las manos para reorganizar de manera racional y eficiente a esa enorme institución. La secretaria de Educación tenía instrucciones para no enfrentar el poder, cada vez más aciago y costoso, de Elba Esther Gordillo.

Los desencuentros entre esas damas fueron comidilla de los reporteros gráficos y las columnas políticas. Las muchas ceremonias en donde apenas si se saludaban, indicaron el tamaño de las tensiones entre una secretaria que tenía la obligación de mejorar el panorama educativo pero sin tocar a la lideresa y una dirigente magisterial empeñada en defender privilegios e incluso frecuentes caprichos.

La sumisión que el presidente Calderón ha mantenido respecto de los antojos de Elba Esther Gordillo sigue siendo inexplicable. Por muy afianzada que esté su creencia de que le debe algunos de los votos que le permitieron ganar la elección de 2006 –creencia que es errónea como hemos demostrado en más de una ocasión– Calderón tendría que haber reconocido que mientras más poder le confiere a esa dirigente sindical, más padece y se estruja la situación de la enseñanza pública en México.

Hace menos de dos semanas, en la columna que escribe para el suplemento Campus del diario Milenio, Gilberto Guevara Niebla subrayaba así el daño que la “maestra” Gordillo, con la connivencia o al menos la tolerancia del presidente de la República, le ocasiona a la educación de los niños y jóvenes en este país:

“La lideresa del SNTE es un personaje que no conoce la humildad, de modo que su nuevo poder la ha conducido a asumir actitudes de una prepotencia sin paralelo. Una demostración de esa actitud desmesurada fue la auténtica ‘imposición’ de un nuevo Programa Sectorial a la SEP (cuando ésta ya había dado a conocer el programa oficial). Este nuevo programa cristalizó en el llamado Acuerdo por la Calidad de la Educación (ACE)”.

Cuando fue anunciado en mayo pasado muchos comentaristas, quizá movidos por buenos propósitos o confundidos por la propaganda del gobierno, consideraron que ese Acuerdo era un paso pertinente. En aquella ocasión comentamos que pactar la calidad de la enseñanza con Elba Esther Gordillo equivalía a acordar el combate a la delincuencia con el “Chapo” Guzmán.

El precario desarrollo de ese convenio lamentablemente ha confirmado las expectativas pesimistas. El ya citado Guevara Niebla, director de la revista Educación 2001 y que fue subsecretario de Educación hace dos sexenios, comenta: “El ACE se ha convertido en un dolor de cabeza para la SEP por la sencilla razón de que fue el resultado de una improvisación y de que su ejecución depende en 100 por ciento de la voluntad del SNTE. El caso más visible es el ‘examen de ingreso’ a los nuevos docentes. Aunque el SNTE estuvo en su concepción, el SNTE mismo ha apoyado —cuando así le ha convenido— a docentes que rechazan el examen. Por su parte, la SEP tiene las manos atadas para actuar, dado que la lideresa del SNTE acuerda directamente con el presidente, no con la SEP. Este círculo vicioso no tiene solución a la vista y puede ser que dañe de manera permanente la estructura y el funcionamiento de la educación nacional —a menos que el presidente Calderón decida otra cosa– ” .

Ojalá que Calderón hubiera resuelto algo distinto a la ruta de descomposición que lleva la educación a cargo de la SEP. Pero de haber ocurrido así no habría tenido que aceptar o propiciar la renuncia de Josefina Vázquez Mota, sino darle toda la autoridad que cualquier titular de la SEP necesita para enfrentar el cacicazgo de Elba Esther Gordillo y, sin demérito de los derechos de los profesores, conferirle a la enseñanza un curso distinto del que imponen intereses facciosos, inercias gremiales e incluso negocios de los dirigentes gremiales.

Esta columna dejará de publicarse durante el resto de la semana. Aparecerá de nuevo en este sitio el lunes 13 de abril.

Publicado en eje central.


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