Rector autócrata, medievo en Culiacán

Ana Luz Ruelas es una de las académicas mexicanas más prestigiadas en el estudio de las telecomunicaciones y la globalización y desde hace 20 años es profesora en la Universidad Autónoma de Sinaloa. Ahora, a pesar de los reconocimientos internacionales, del nivel que tiene en el Sistema Nacional de Investigadores y de la estupefacción que su caso está suscitando en universidades dentro y fuera de México, la doctora Ruelas es víctima de una persecución política instigada por el Rector de la UAS.

El 2 de abril pasado Ruelas, que es colaboradora en el diario Noroeste, publicó un artículo en donde considera desacertada la decisión de las autoridades de esa Universidad para hacerse cargo de 20 escuelas preparatorias que actualmente dependen de la contribución de los padres de familia. Los argumentos que ofrece son muy claros: las dificultades financieras, que ya son apremiantes en la UAS, se agravarían con el sostenimiento de esos planteles y especialmente de los profesores que enseñan en ellos. Ese proyecto, dijo Ruelas en su artículo aparecido en Noroeste con el título “Quo Vadis, UAS? implicará para la Universidad “añadir de golpe a su nómina a más de 400 profesores y 100 administrativos, generando una carga financiera que provocará que el próximo Rector no pueda cubrir los salarios de activos y jubilados y se dispare su pasivo histórico”.

Esa decisión del actual Rector, Héctor Melesio Cuén Ojeda, resulta especialmente delicada porque su gestión está a punto de terminar. Esta semana comienza el proceso formal para designar a quien lo sucederá, de tal suerte que la decisión acerca de las preparatorias podría ser una carga impuesta a las nuevas autoridades.

En aquel texto, la doctora Ruelas consideró que la absorción de las preparatorias “es una iniciativa política, sin estudios de factibilidad, que puede dañar tanto como lo hicieron las  campañas rectorales en el pasado”. Se refería a los tiempos de clientelismo y dilapidación que tanto daño hicieron en la Universidad Autónoma de Sinaloa y que por lo visto no han desaparecido del todo. El problema de las preparatorias, explicó Ruelas, no es de la Universidad Autónoma sino de las autoridades educativas tanto de la Federación como del estado de Sinaloa.

El mismo día que aparecieron esas opiniones, el Consejo Universitario tomó un acuerdo que lo faculta para llamar a cuentas a los miembros de la UAS que critiquen públicamente decisiones de la Universidad. Ese organismo colegiado podría sancionar a los profesores o estudiantes que “abusen” de la libertad de expresión y que perjudiquen a la institución con “difamaciones, calumnias y mentiras”.

No hubo recato alguno para subrayar que la ley mordaza en la Universidad Autónoma de Sinaloa estaba dedicada, antes que nada, a intimidar a la doctora Ruelas. El director de Comunicación Social de la Universidad, Enrique Zazueta, así lo puntualizó. El acuerdo del Consejo, indicó la información periodística con sus declaraciones, “busca poner fin a las voces, que valiéndose del ‘libertinaje’ de la expresión, dañan a la UAS.
‘Lo que el consejo dijo fue ya basta, ya pongamos un alto a estar soportando ese tipo de actitudes, que con mentiras y difamaciones calumnian permanentemente a la institución, y que dañen por lo tanto todo lo que concierne a ella… Específicamente está lo que Ana Luz Ruelas dice ayer (jueves) en la columna del periódico Noroeste, cuando afirma que las 20 preparatorias que se fusionaron por acuerdo del consejo, la universidad incrementará su plantilla en 400 plazas académicas y 100 administrativas, y que tal cuestión traerá como consecuencia el riesgo de pago de salarios, principalmente a jubilados, y tal cuestión es mentira, es calumnia, difamación”.

En vez de refutar los fundados temores de la doctora Ruelas con datos financieros y estimaciones presupuestales sólidas, las autoridades de la UAS emprendieron una persecución retrógrada y medieval. Si en algún espacio en este país la reflexión disidente y la crítica ideológica y política han tenido posibilidades para expresarse y mantenerse, ha sido en las universidades públicas.

Esa intolerancia, junto con una muy estrecha visión de los asuntos a su cargo, han sido emblemáticas de la administración de Cuén Ojeda. El año pasado, el profesor de Química Jesús Ramírez Montes fue despedido de la Preparatoria Central por haber firmado un desplegado en donde se cuestionaban manejos financieros de la administración universitaria. Aquella acusación dañaba “sentimientos, afectos, creencias, decoro, honor, reputación y vida privada del Rector“, indicó el documento de rescisión contractual. El Rector dijo luego que el despido quedaría cancelado. Pero hay otros casos de intolerancia y despotismo en la UAS.

Doctora en Derecho por la UNAM, investigadora visitante en varias universidades estadounidenses y mexicanas, fundadora de la Escuela de Estudios Internacionales y Políticas Públicas en la UAS, Ana Luz Ruelas es autora de libros destacados como La reconversión regulatoria de las telecomunicaciones (Juan Pablos y UAS, 2005). La persecución que tan solo por manifestar su opinión padece en la Universidad a la que ha dedicado dos décadas de trabajo académico ha suscitado reacciones de solidaridad e indignación como la del doctor James Creechan, profesor de sociología en la Universidad de Toronto.

El doctor Creechan es un viejo amigo de la UAS, en donde ha participado en varios programas académicos. Ahora, en vez de textos sobre violencia social y narcotráfico ha escrito una petición a la Canadian Association of University Teachers. Por otra parte, en un mensaje al rector Cuén Ojeda, el profesor Creechan formula un reproche que tendría que avergonzar a los universitarios de Sinaloa:

“Antes de 1968, yo visitaba México muchos veces y tenia deseos de trabajar con Mexicanos para mejorar el mundo. Después de la represión y matanza en contra de los quienes pidieron el derecho de manifestar sus opiniones, yo nunca regresé a México antes de 1996. Después de TLCAN, me pensaba que México ha cambiado y estaban regresando al mundo moderno donde los derechos humanos fueron protegido. Lamentablemente, con los evento en el Consejo Universitario pienso que nada ha cambiado en México. ¿Cómo podría ser diferente de aquel tiempo negro de 68 si alguien no podría decir algo en contra de los que tengan poder? ¿Como podria ser diferente si los maestros y profesores de la juventud no entienden la importancia de expresión libre?”.

Publicado en eje central

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