Crisis, reparos, oportunidades

Con frecuencia se dice que para los chinos el término crisis es sinónimo de peligro pero también de oportunidad. Al parecer esa equiparación es resultado de cierta lectura indulgente pero equivocada porque los ideogramas para esos términos son parecidos pero no iguales. Las crisis siempre están repletas de riesgos. Cuando son económicas obligan a restringir inversión, concentran la atención en lo más urgente y llevan a descuidar otras áreas, las desigualdades se acentúan y quienes tienen menos padecen más que el resto de la población. Cuando las crisis son políticas, aparentemente se benefician de ellas los adversarios de quienes se encuentran en el poder; pero una auténtica crisis trastoca valores, instituciones y convicciones comenzando por aquellas en las que se sustentan todos los partidos.

A la situación que hemos vivido durante casi dos semanas resulta prematuro denominarla crisis en términos económicos y políticos, aunque desde luego lo ha sido en el terreno sanitario. Aún en ese plano, la epidemia de influenza es demasiado reciente para que conozcamos ya sus alcances. Pero cualesquiera que sean, resulta evidente que para México han significado nuevos, mayores y complejos problemas.

Hasta ahora el saldo, si nos apartamos de anteojeras catastrofistas, ha sido positivo. Quizá nunca sabremos con precisión qué habría sucedido si el gobierno federal no hubiera dispuesto la suspensión de actividades escolares primero y luego en otras áreas de la sociedad y la economía. Pero entre el riesgo de que la epidemia se extendiese y los sacrificios que han tenido que hacer los mexicanos en estos días, la segunda opción parece más razonable y menos costosa.

Esa apreciación es contradictoria con la suspicacia que se ha venido propagando en la opinión mediática y en algunos segmentos de la sociedad, particularmente en la ciudad de México. Han quienes consideran que el gobierno exageró. Algunos de ellos fincan su escepticismo respecto de las disposiciones oficiales en el relativamente bajo número de víctimas de la influenza. Se trata de un criterio un tanto peregrino para medir la acción del gobierno. Si hubiéramos tenido centenares de defunciones se habría dicho, entonces, que tales acciones no fueron suficientes.

Esos desacuerdos se mantendrán en el balance que decidamos hacer acerca de los extraños días que están concluyendo. La opinión de los científicos especializados en epidemiología tendría que ayudarnos y hasta ahora ha sido de respaldo a las medidas sanitarias. De no haberse tomado esas disposiciones la epidemia podría haber crecido. Pero la declaración de un epidemiólogo diciendo que se ha hecho lo correcto seguramente merecerá menor atención que las quejas de algún funcionario internacional por la tardanza del gobierno mexicano en responder a la emergencia.

Las crisis pueden convertirse en desbarajuste si no tenemos una apreciación clara de ellas. En el examen de las decisiones públicas de estos días será preciso distinguir entre la oportunidad de las autoridades para reaccionar y las disposiciones que, cuando lo hicieron, tomaron ante el riesgo de epidemia. También será útil reconocer la respuesta de la sociedad, de la llamada clase política y de los medios de comunicación. Y por otra parte, nos resultará provechoso atender a las omisiones, indolencias e indigencias que la emergencia epidemiológica ha enfatizado.

Ya sabíamos que las instituciones de salud pública enfrentan enormes carencias. La mayoría de los mexicanos padece con regularidad el abrumador burocratismo, los dilatados plazos de atención, la negligencia e ignorancia y sobre todo la insuficiencia de hospitales y centros de salud para atender a quienes requieren de tales servicios. Poco o mucho, lo que se ha logrado en estos días ha sido a pesar de esas ingentes penurias. Si de esta experiencia aprendemos a reconocer con mayor interés las necesidades de la salud pública, comenzando por aumentar sustancialmente los recursos fiscales que recibe, al menos habremos encontrado una oportunidad en esta crisis. A pesar de los chinos.

Publicado en eje central.


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