Tres obviedades cortesía de Ahumada

Ansiosos de escándalo, a los medios les urgía un tema escabroso para reemplazar a la epidemia cuyo rating noticioso había comenzado a menguar. Dos semanas hubieran sido demasiadas para mantener una tensión que era agobiante y se estaba volviendo aburrida tanto para los comunicadores como para el resto de los ciudadanos. Por eso tantos medios, impresos y electrónicos, se han aferrado a las revelaciones que, según dicen, ofrece el libro del empresario Carlos Ahumada. Y allí lo tienen, acaparando aunque sea por un par de días el centro de la agenda pública. ¿Es para tanto? ¿Qué revela esa obra acerca de los manejos del poder? ¿Qué, de la naturaleza de notorios personajes públicos?

Me atengo a las numerosas informaciones en la prensa porque me he resistido a buscar el libro de Ahumada y a gastar algunos pesos y un par de horas en él. Pero a partir de la tarde del miércoles se ha dicho y escrito tanto acerca de lo mismo que tenemos reseñas suficientes para considerar que entre otras cosas, ese trabajo del señor Ahumada confirma tres grandes realidades de la política mexicana reciente.

1. La fragilidad del Partido de la Revolución Democrática ha sido tanta que sus dirigentes resolvieron apoyarse en un empresario de dudosa confiabilidad a cambio del dinero contante, sonante y atrayente que les dispensó de manera tan pródiga. O, para decirlo de otra manera, los perredistas que aceptaron los préstamos o donaciones de Ahumada a sabiendas de que con esas ayudas él buscaba apoyo para sus negocios con el gobierno de la ciudad de México son tan convenencieros y políticamente amorales como los priistas a los que tanto han cuestionado.

Habrá quien diga que eso sucedió hace más de un sexenio, cuando el PRD tenía otros dirigentes.  Pero ¿en dónde estaban los actuales líderes de ese partido cuando el respaldo financiero de Ahumada era conocido por numerosos miembros de la nomenklatura perredista? Y ¿qué explicación fehaciente ha ofrecido Rosario Robles para que hoy en día haya quienes la consideren comentarista autorizada acerca de los más variados asuntos públicos? La señora Robles no ha sido una mujer ofuscada por el amor y engañada por un vivales como han querido mostrarla algunos de sus defensores. Ha sido y es una mujer que hace política y que siempre conoció –aceptándolas a pesar de ello– las consecuencias de admitir privilegios y dinero, para su partido y para ella, provenientes de un personaje de reputación que ahora se confirma lesionada por negocios tramposos. Si sus negocios hubieran sido limpios Ahumada nunca habría necesitado del respaldo que esperaba encontrar en la nueva clase política perredista.

2. Ahumada era, y no hay evidencias para considerar que haya dejado de ser, un personaje indefendible. Fue preso político por venganza del gobierno de la ciudad de México después de que se conocieron los videos que grabó y filtró. Al parecer no le encontraron delitos suficientes para mantenerlo en prisión. Y es que sabía documentar las fallas de otros pero tuvo el cuidado suficiente para que no hubiera registro de las suyas. Más que por sus negocios, se le puede entender a partir del trato que tenía con sus más cercanos. Un señor que graba en video a todos los que van a su oficina, incluso a su novia, es un paranoico o un chantajista. Y en cualquiera de esas posibilidades, se trata de un personaje tan perverso, o tan desesperado, que está dispuesto a traficar exhibiendo las debilidades de los demás sin importarle que con ellas se exhibe a sí mismo.

3. A Carlos Salinas de Gortari le han adjudicado tantos complots que alguna vez tenía que aparecer uno con visos de credibilidad. No es nueva la versión de que él envió a Televisa los videos que mostraban a Ponce y Bejarano jugando en Las Vegas o embolsándose los dólares con todo y ligas. El único ingrediente adicional que ofrece Ahumada es la versión de que el ex presidente le pagó por esos videos. Quizá Carlos Salinas haya buscado con esos videos la aquiescencia presidencial para sacar de la cárcel a su hermano Raúl, aunque el asunto estaba en manos del Poder Judicial y no del Ejecutivo. En todo caso no hay que olvidar que Raúl Salinas fue encarcelado sin pruebas sólidas, con testimonios hechizos y que fue sometido a un vergonzoso cuan frágil proceso judicial.

Aquel apotegma sobre la tragedia y la comedia se repite con tanta frecuencia que suena manido traerlo a colación pero el comportamiento circular de Ahumada hace irresistible esa metáfora. Primero decidió acercarse a López Obrador para, apoyándolo, beneficiarse de los negocios que haría con su administración. Luego, acosado por los perredistas que no eran amigos suyos pero tampoco socios confiables, Ahumada golpea a todos juntos suministrando los escandalosos videos. Ahora, termina haciéndole a López Obrador el servicio de confirmar sus denuncias más estentóreas.

Habilitado como indeseado pero útil aval de López Obrador, Carlos Ahumada se encuentra al final del círculo o ha iniciado ya, luego de la tragedia, un vistoso acto de comedia. Durará tanto como tarde en aparecer una nueva carnada capaz de inquietar a los medios.

ALACENA: Mensaje de Jesús Silva-Herzog Márquez

En un amable recado que dejó al calce de esta columna en eje central, Jesús Silva Herzog Márquez –o, bueno, alguien que firma con sus iniciales– considera: “Enlazar mi texto con la sugerencia de que sostengo que el gobierno ‘exageró’ es impreciso”.

Aquí se escribió, a propósito de la suspicacia que se ha desarrollado acerca de las acciones gubernamentales para enfrentar la epidemia, que hay quienes consideran que el gobierno exageró. Para ejemplificar tales opiniones coloqué en esa frase un enlace al artículo de Jesús publicado el lunes anterior en Reforma y compendiado en su blog.  En su breve mensaje él precisa: “Mi artículo cuestiona la argumentación del gobierno, no su acción”.

Vamos a ver. En ese texto, Silva-Herzog Márquez escribe: “percibo un abismo entre el daño, la advertencia del riesgo y la reacción de los gobiernos” refiriéndose a los gobiernos federal y de la ciudad de México.

Y luego: “Coincido con las autoridades de que, frente a la duda hay que extremar las precauciones. Si poco sabemos de la capacidad mortífera del bicho, mejor excederse en la precaución y no en la indolencia”.

Después de releer esas y otras frases, me convenzo de que no distorsioné las apreciaciones de Jesús al considerar que el gobierno exageró en su respuesta a la epidemia.

Después de considerar “La conglomeración humana más grande del planeta apenas ha registrado un manojo de muertes. En el país, apenas unos cuantos decesos más”, subraya: “Desde el mismo mirador de mi ignorancia me atrevo a decir que la desproporción de la reacción oficial ha sido inmensa”.

Como quiera que sea, agradezco la lectura y el cordial comentario de Silva-Herzog Márquez con cuyo artículo del lunes no estoy de acuerdo pero que es una de las voces más inteligentes en la prensa que tenemos.

Publicado en eje central.

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