Golpismo en Honduras… y en México

El golpe de Estado en Honduras mereció cuestionamientos desde todos los flancos del entramado político y en las más diversas latitudes. Los gobiernos latinoamericanos, la Unión Europea, la Casa Blanca, la OEA y la ONU, condenaron la actuación de los militares que el 28 de junio por la madrugada sacaron de la cama al presidente Manuel Zelaya Rosales y lo expulsaron del país.

Ayer en Costa Rica, cuando Zelaya se reunía con el jefe de los golpistas a instancias del premio Nobel Óscar Arias, la repulsa internacional seguía pesando en la búsqueda de una solución constitucional a la crisis hondureña.

La condena a los golpistas, sin embargo, no ha sido unánime. Las simpatías del presidente Zelaya con el gobierno de Hugo Chávez y su propósito para, a semejanza del venezolano, modificar las leyes para mantenerse en el poder, han suscitado algunos reconocimientos a la intervención militar.

Zelaya quería abusar del mandato que le dieron los hondureños y trataba de extender su gobierno convocando a un referéndum que no se realizó debido al golpe castrense. Pero aún en ese exceso, es el presidente que fue designado en una elección democrática. Las alianzas y simpatías políticas que cultivó lo hacen políticamente cuestionable pero ese no es motivo para justificar la acción de los militares.

En la prensa mexicana, sin embargo, han aparecido opiniones que defienden o minimizan el golpe de Estado. En el diario La Razón el periodista Rubén Cortés, en un texto titulado “Hasta aquí el chavismo” que también apareció en el portal El Arsenal, dijo hace algunos días:

“Echar del país por eso al Presidente es una vía extrema, pero la única con visos democráticos para frenar el avance del populismo autoritario, un estilo de gobierno que, en cambio, sí aprendió a manipular la democracia a su favor, sometiendo al poder legislativo y al judicial, al Ejército y la Policía, la prensa y el empresariado”.

Persistente y enterado crítico del autoritarismo en Cuba, el periodista Cortés defiende ahora el autoritarismo de los militares hondureños: “Por eso es importante que quienes echaron a Zelaya en Honduras sean capaces de resistir el juego diplomático de tensión y de paciencia al que están siendo sometidos. Porque son los únicos que han tenido la visión histórica de decidirse a cortar de un tajo la amenaza que representa el eje chavista para el futuro de la libertad en este continente”.

De manera menos enfática, pero disgustado con la condena que hizo el gobierno de México ante el golpe en Honduras, el por lo demás admirable y muy estimado escritor Luis González de Alba considera, en Milenio del 6 de julio: “Legal o ilegal es asunto interno, de hondureños. El único amago de tropas ha sido el de Chávez desde Venezuela. Esa defensa apesta raro. Por eso me asombra que el presidente Calderón llegue a extremos como el retiro del embajador y se una a los Castro, Chávez, Evo Morales, Nicaragua y Ecuador en una toma de partido”.

La nómina de quienes han cuestionado el golpe en Honduras también incluye a José Luis Rodríguez Zapatero, José Miguel Insulza, Michelle Bachelet y Barack Obama. Pero aunque solamente hubieran protestado quienes han simpatizado políticamente con él, la condena al golpe de Estado contra el presidente de Honduras sería pertinente.

Esas opiniones se quedan cortas ante la exaltación que reproduce Javier Ibarrola en Milenio del miércoles 8 de julio. Ese periodista cita la opinión del general de Brigada Jorge Lugo Cital, a quien presenta como “uno de los analistas más brillantes del Centro de Análisis y Opinión de Militares Retirados”:

“¿Qué hacía Felipe Calderón en Nicaragua al lado de Daniel Ortega, Raúl Castro, Correa y Hugo Chávez, condenando el supuesto golpe de Estado en Honduras? Los medios de información masiva lo colocan en una presentación televisiva, junto a las formas de gobierno de esos personajes, incluyendo los 45 mil soldados del Ejército mexicano que tiene Calderón en las calles de nuestra república”.

Ibarrola dice, más adelante: “El análisis del general Lugo Cital se pregunta igualmente si el presidente Calderón había evaluado bien el supuesto golpe de estado, antes de retirar de Tegucigalpa al embajador mexicano”.

Viniendo de un militar mexicano, en un espacio periodístico reputado por el acceso que suele tener a fuentes militares, la calificación del golpe de Estado hondureño como “supuesto” resulta francamente preocupante.

El presidente Zelaya fue depuesto por la fuerza. Las protestas ante esa acción militar han sido sofocadas también de manera violenta.

Defender la legalidad y la democracia en Honduras, igual que en cualquier otro sitio, no implica coincidir con quienes, como Zelaya, son víctimas de acciones ilegales y antidemocráticas. Por eso resultan esclarecedoras reflexiones como las del escritor Sergio  Ramírez, que fue vicepresidente de Nicaragua y que aparecieron en El País del 30 de junio:

“El golpe militar consumado contra el presidente constitucional de Honduras, Manuel Zelaya Rosales, ha representado para América Latina el regreso a la era de las cavernas, cuando era signo común que los ejércitos actuaran como árbitros finales del poder político. Los regímenes surgidos de los golpes militares fueron un mal propio de Centroamérica por décadas, lo que ganó a estos países el triste título de repúblicas bananeras, denominador común que se extendió hacia todos aquellos otros donde hubiera un Ejército dispuesto a ejercer sus prerrogativas de gorilato”.

Antiguo militante de la revolución sandinista, Sergio Ramírez fue vicepresidente de Nicaragua y ahora es perseguido por el gobierno de su país, encabezado por algunos de sus antiguos camaradas. El presidente Daniel Ortega, que ha bloqueado los textos y conferencias de Ramírez en Nicaragua, es uno de los aliados más cercanos del depuesto presidente Zelaya. Esa circunstancia le da mayor autoridad a los juicios de Ramírez, cuando dice:

“Los errores de apreciación política del presidente Zelaya, que no advirtió el terreno que estaba pisando, y sus enfrentamientos con el orden legal para promover un cambio constitucional que le permitiera la reelección, como es ahora el impulso de los líderes en el Gobierno en no pocos países de América Latina, se vuelven anecdóticos. Fue depuesto de manera ilegal y brutal, y eso es lo que cuenta”.

El hecho de que se enfrenten al populismo autoritario de Zelaya y Chávez, no hace defendibles a los militares hondureños. No hay que olvidar que los enemigos de nuestros enemigos no siempre son, tan solo por eso, nuestros amigos.

Publicado en eje central

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4 comentarios en “Golpismo en Honduras… y en México

  1. Estimado Raúl,
    Zelaya y sus apoyos en Caracas y Managua no midieron o minimizaron la disposición de otros grupos e instituciones en Honduras para aplicar el texto del 239 de la Constitución de Honduras. El 239 es muy claro en cuanto a las consecuencias de tratar de reformar el principio de no reelección, es el cese inmediato en el cargo y la inhabilitación por 10 años para el ejercicio de otros cargos públicos. Zelaya recibió varios avisos tanto del Judicial como del Legislativo acerca de las posibles consecuencias de seguir con su capricho de consultar, pero lejos de atenderlas las desestimó y siguió. Y ojo, el 239 es claro en cuanto a que basta la intención de hacerlo, no es necesario que el hecho se cometa.
    Creo que Zelaya, además, creyó demasiado en su buena suerte y que los legisladores y jueces de su país se la iban a perdonar.
    Acá es importante insistir también en el hecho que el 239 no requiere de un desafuero, juicio político o impeachment, pues la sanción es inmediata a pesar de lo cual, al más puro estilo de los populismos de izquierdas y derechas en América Latina, Zelaya quiso esconder la mano que había tirado la piedra y actuar como si nada hubiera ocurrido.
    No sólo eso, Raúl, y eso sí me aterra, Zelaya en todo esto ha actuado con un profundo desdén por la memoria histórica de los abusos que muchos otros políticos hondureños cometieron y que hicieron que en las reformas de los ochenta se introdujera el 239 en la Constitución de ese país.
    Yo creo que Luís González de Alba, en esta ocasión, tiene razón, pues aunque no nos guste aceptarlo el Ejército de ese país actuó a petición de los dos poderes y para dar cumplimiento al 239 de la Constitución.
    Finalmente, me aterran también las bravuconadas de Zelaya y Chávez de amenazar con la intervención militar, así como la conducta tan irresponsable del gobierno de Nicaragua, que ha permitido que se utiice a su país para estacionar tropas venezolanas que están listas para invadir Honduras.

    El texto de la constitución de Honduras está en:
    http://pdba.georgetown.edu/Constitutions/Honduras/hond05.html

    Saludos

  2. Gracias por tu comentario, estimado Rodolfo. No cabe duda de que Zelaya se excedió en el desempeño de su cargo. Pero los militares que lo depusieron lo hicieron todavía más. Aunque hubiera medidao un proceso judicial, la Constitución hondureña, con todo y su draconiano artículo 239, no dice que al presidente inhabilitado se le saque a la fuerza de la cama, se le extradite en pijama y que para evitar protestas las calles de la capital tengan que ser ocupadas por soldados con tanquetas. Aunque tenga coartada (si bien débil) en ese apartado constitucional, y aunque Zelaya tenga propósitos y un perfil tan detestables, se trata de un golpe de Estado. Lo que he cuestionado es, sobre todo, la posición de quienes consideran que la intervención armada es una opción para librarnos del populismo de corte chavista. Con los golpistas, me parece, no hay que ir ni a la esquina.
    Saludos cordiales.

  3. Pues no, Raúl, no dice que se le saque de la cama, porque no prevé que quien caiga en ese supuesto se atrinchere en la casa presidencial para hacerse la víctima de la fuerza pública hondureña.
    Vamos a suponer que en lugar de violar el 239, hubiera violado algún otro artículo de alguna ley criminal hondureña, ¿justificas que el Ejecutivo de un país se escude detrás de esa condición para cometer crímenes? No lo creo.
    El asunto, Rául es que Zelaya es una figura pública que gusta de ese tipo de desplantes para autovictimizarse, pues hubieron repetidos llamados del legislativo y el judicial para que acatara lo dispuesto por el 239, pues ya había cesado, por el hecho de desacatar el texto constitucional, en sus funciones como presidente.
    No perdamos de vista que el 239 de la Constitución de Honduras, como las disposiciones en México en materia de no reelección son el resultado de nuestras propias historias de políticos abusivos que NO dudan en violar la ley por distintos medios.
    Al pensar en Zelaya no puedo mas que pensar en una versión menor y muy disminuida de Porfirio Díaz. Recordemos cómo lo hizo Díaz con la Constitución del 57: se levanta en armas para protestar contra la reelección, pero una vez en el poder maniobra con su compadre González para que se reforme la constitución y pueda regresar una vez y de manera no consecutiva, pero una vez de regreso en la silla no la soltó por otros 22 años, todo por cierto, hecho de manera muy legal, como Chávez, como Perón y como tantos otros políticos latinoamericanos.
    Si los hondureños, durante las rondas de reformas de los ochenta, introdujeron ese artículo no fue de a gratis, fue por experiencias concretas con la reelección.
    Finalmente, estoy de acuerdo que con los golpistas ni a la esquina, Rául, pero tampoco creo que valga la pena respaldar a quien de manera abierta se burla de la legislación de su país y amaga, para hacerlo, con llevar tropas venezolanas para reinstalarlo en el poder, a sabiendas que violó la Constitución de su país y por eso es que se desató esta situación.
    Por lo demás, te reitero mi respeto y aprecio.

  4. De nuevo gracias por tu documentado y enterado comentario, Rodolfo. No sé si la comparación de Zelaya con Porfirio Díaz sea la más pertinente. En todo caso, condenar el golpe de Estado no implica respaldar a Zelaya: esa ha sido y es mi posición en este asunto. Igual que en tantos otros temas de interés público, creo que es adecuado ir más allá de las posiciones polares: Zelaya es muy cuestionable pero sus excesos no justifican la intervención de los militares.

    Saludos cordiales

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