PRD, la hora de las venganzas

Hará falta mucho más que declaraciones conciliatorias para solucionar la crisis que día tras día subraya la fractura en el PRD. Aunque durante el fin de semana los gobernadores que son además miembros de ese partido parecieron cerrar filas en torno a Jesús Ortega, el litigio persistirá.

Lo que padece el PRD no es un desajuste momentáneo, ni únicamente el traumático resultado de las elecciones del 5 de julio. Allí hay, descritas de manera esquemática, dos líneas políticas en colisión. La manera más sencilla de apreciarlas suele conducir al reconocimiento de que en ese partido se enfrentan defensores e impugnadores de Andrés Manuel López Obrador. Pero detrás de tales definiciones se encuentran discrepancias fundamentales acerca de la política que podría y/o debería hacer el PRD. Conciliadores unos, rupturistas otros; constructores de acuerdos los dirigentes agrupados en torno a Jesús Ortega, impugnadores de las instituciones y quienes las ocupan puede considerarse a los partidarios de López Obrador.

Esas son las grandes líneas de una práctica política que los escinde cada vez más. Sin embargo, más allá de las formas y la táctica no resultan del todo claras las diferencias programáticas de uno y otro grupos. La disputa por las posiciones, el énfasis en la politiquería más que la práctica de la política y la emergencia que suscita el deterioro constante de un partido en crisis, han llevado al PRD a estar repleto de símbolos pero hueco de sustancia. Las iniciativas concretas no son el fuerte de ese partido, a diferencia del talante propositivo que antaño definía a las izquierdas en este país.

El pleito, antes que nada, es de personas. Así lo indica, a diferencia del acuerdo manifestado por los gobernadores, un documento de varios conocidos militantes de la izquierda socialista y comunista que exige la destitución de Jesús Ortega.

Integrantes de la “Plataforma Constitucional de los Candidatos de Izquierda” que en los meses anteriores elaboró un documento que fue presentado a candidatos del PRD lo mismo que del PT y Convergencia ahora consideran que, ante el resultado electoral, Jesús Ortega debe renunciar a la presidencia perredista. Identificados la mayoría de ellos con López Obrador, no resulta exagerado considerar que esa postura de tales dirigentes y militantes es un intento para culpar del reciente fracaso a la actual dirección del PRD.

El periodista y ex senador Carlos Payán Velver, fundador de La Jornada; el politólogo e investigador universitario Arnaldo Córdova, que fue diputado por el PSUM hace un cuarto de siglo y el ex dirigente y ex diputado comunista Gerardo Unzueta, suscriben ese documento. El texto lo recibimos gracias a Eduardo Ibarra, director de la Revista Forum.

Los promotores de una plataforma común no lograron involucrar con sus propuestas a muchos candidatos de los partidos reputados como de izquierda. Sin embargo ahora consideran que la culpa de la debacle electoral del PRD es de la dirección de ese partido que no ha enfrentado “la ofensiva de la derecha”.

A partir de esa convicción, exigen la “deposición de Jesús Ortega, cuya labor de dirección como presidente del Partido de la Revolución Democrática ha conducido a una grave derrota de la izquierda como tendencia democrática nacional y ha llevado a ésta a una situación de absoluta minoría frente a los grupos representativos de la derecha, poniendo en grave peligro las instituciones forjadas en luchas históricas del pueblo mexicano”.

Los autores de esa exhortación proponen que haya un “Congreso de Refundación del PRD” en donde serían reformulados la Declaración de Principios y el Programa de ese partido con postulados como la reforma democrática del Estado, la ciudadanía para los jóvenes a partir de los 15 años y la creación de normas que garanticen la equidad de género.

A excepción de la ciudadanía a los 15 años que tiene aristas francamente discutibles, el resto de las propuestas de ese grupo se encuentra ya en los programas del PRD y otros partidos. El problema que enfrentan esas agrupaciones no es de ideas, sino del escaso o nulo contexto para que dentro de ellos prospere una auténtica discusión de propuestas y diagnósticos sobre la situación del país.

A diferencia del PAN, en donde hubo una táctica de confrontación con otros partidos claramente diseñada e impulsada por el presidente nacional,  los problemas del PRD se deben fundamentalmente a la coexistencia forzada de dos tendencias que solamente tienen en común la ambición por conquistar posiciones políticas. Quitar y reemplazar dirigentes podría satisfacer las ganas de revancha pero no la ingente crisis de ese partido.

Publicado en eje central

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