Las dos caras del PAN

En septiembre pasado la redacción de la revista La Nación, órgano oficial del Partido Acción Nacional, me pidió que respondiera a un par de preguntas para una edición que aparecería con motivo de los 69 años de ese partido. Estas fueron, sin quitarles ni añadirles ni una coma, las respuestas que envié.

¿Cuál ha sido la misión histórica del Partido Acción Nacional?

No creo que el PAN haya tenido, ni tenga, una “misión histórica” si por ella se entiende un destino preestablecido de manera providencial, como si la historia no se fuera construyendo paso a paso. El término que emplea en la pregunta me recuerda la predestinación que se atribuían a sí mismos los partidos de la vieja izquierda dogmática, o la función redentora que se consideran llamados a desempeñar los partidos confesionales.

A diferencia de unos y otros el PAN ha contribuido, con altibajos, a desarrollar la democracia en México. Lo ha hecho en primer lugar en el empeñoso compromiso que por lo general ha mantenido con la vía electoral como método para la transformación de la sociedad y de la política en este país.

Como partido ciudadano, defensor y promotor de libertades, Acción Nacional se mantuvo durante largos y difíciles años como opción a menudo solitaria en un panorama dominado por el partido en el gobierno. La consolidación de posiciones de gobierno y representación legislativa en distintos sitios del país, le permitió crecer como alternativa frente al PRI.

Esa es la cara reivindicable del PAN. El reverso de ella, ha sido la pervivencia de posiciones intolerantes e incluso fundamentalistas dentro de ese partido y, a veces, con tanta influencia que llegan a determinar algunas de sus decisiones cardinales. Me refiero por una parte al rechazo que a menudo encuentran en el PAN actitudes de persecución a los derechos humanos, o de regateo a derechos individuales (como el derecho de las mujeres a decidir cuándo quieren ser madres, o el derecho de las personas del mismo sexo a que se reconozcan sus relaciones de pareja).

Por otra parte, esa cara detestable del PAN incluye la condescendencia con poderes autoritarios, entre los que se encuentran tanto corporaciones del viejo sindicalismo habilitadas hoy como aliadas de los gobiernos panistas y de ese partido, como los consorcios mediáticos que acaparan la televisión abierta. En su alianza con sectores como esos el PAN, si es que la tuvo, contradice y desnaturaliza cualquier misión histórica que sus fundadores y militantes hayan considerado definitoria para ese partido.

A 69 años de su creación, ¿cuáles son los retos que enfrenta esta misión?

a) Ser partido político auténtico y no solamente un entramado de intereses coyunturales y de redes ciudadanas habilitadas para cada elección. La estructura del PAN sigue siendo elemental, atrasada, provinciana en el peor sentido del término. Las facultades de la dirección nacional y especialmente del presidente del partido, son de un autoritarismo premoderno. Un partido sin espacios para la deliberación y la discrepancia internas, sin legisladores con derecho a elegir a sus coordinadores parlamentarios, sin corrientes reconocidas claramente como tales, es un partido antidemocrático.

b) Ser partido en el gobierno, sin ser partido del gobierno. Lamentablemente la necesidad del presidente Calderón, tan aislado como está respecto de otras fuerzas políticas, para contar con la adhesión irrestricta de su partido, está reduciendo al PAN a mera agencia del gobierno federal.

c) Tener visión de futuro, construyéndola desde ahora. Si algo de echa de menos en el PAN es el proyecto político. Cuando Acción Nacional tenía un programa que articulaba sus posiciones públicas, era posible discrepar de sus diagnósticos y propuestas y ello permitía una discusión de ideas con los panistas. Hoy, pareciera que el programa depende de los intereses y hasta del estado de ánimo de los dirigentes del PAN. Se podría bordar mucho más al respecto.

d) Tener una política de alianzas congruente con sus principios (y no al revés). La sola posibilidad de que el PAN se alíe con Elba Esther Gordillo en las elecciones próximas, indica de qué manera el pragmatismo está venciendo a las convicciones en ese partido. El convenencierismo electoral puede redituarle unos cuantos votos pero terminará por desdibujar el perfil político, otrora de vocación democrática y ahora cada vez más extraviado en un pretendido realismo, de Acción Nacional. Lo mismo se puede decir de la complacencia que los dirigentes actuales del PAN y el presidente Calderón mantienen con poderes fácticos y profundamente atentatorios a la democracia y a la cultura cívica de los mexicanos, como los que representan las televisoras privadas.

e) Creo que el reto principal del PAN hoy en día consiste en (¡quién lo dijera!) dejar de parecerse al PRI. Si en sus políticas de alianzas, si en la defensa de privilegios de los ya muy privilegiados, si en la sustitución de los principios por el pragmatismo, Acción Nacional se ha mimetizado a la cultura política priista (que no en balde Carlos Castillo Peraza reconocía como un problema de todo el país y no solamente de un partido) entonces uno puede preguntarse qué diferencia real hay entre los panistas y los priistas.

No creo que en sus actuales circunstancias y especialmente bajo la dirección de Germán Martínez, cuyo liderazgo ha sido una enorme decepción para quienes creyeron que podría reconstruir el perfil democrático del PAN, este partido tenga posibilidades para constituir tal diferencia. No sé con cuántos votos o cuántas diputaciones llegará el PAN a sus 70 años. Pero estoy convencido de que lo hará con un notable déficit de credibilidad y no solamente entre ciudadanos sin partido como el que escribe estas opiniones. La credibilidad del PAN está a prueba entre sus propios militantes.

Esas respuestas, a un cuestionario presentado hace 10 meses, nunca fueron publicadas en La Nación. Creo que hoy siguen siendo pertinentes.

Publicado en eje central.

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3 comentarios en “Las dos caras del PAN

  1. Estimado Raúl,

    El panismo no es mas que el reflejo de un país que busca cambios sin dirección. Nunca nos preguntamos hacia donde vamos, pero sabemos claramente contra quién vamos.

    Bajo la ausencia de principios del PAN esta construida nuestra tenue democracia. Agrégale a lo anterior a un izquierda que quiso cambiar el mundo, pero nunca supo por qué.

    Tenemos partidos de hombres no de ideas.

    Saludos,

  2. Coincido contigo en los activos y pasivos del PAN a casi 70 años de su nacimiento. Como partido de clase en sus orígenes, un partido doctrinario, hoy padece fuertes problemas de adaptación a su nueva circunstancia, que le ha obligado a ampliar su base social y con ello a caer en contradicciones o en el desdibujamiento de su vocación clasemediera original. En Guanajuato son ya un partido con sectores (el campesino por ejemplo) y corporativo (organizaciones de taxistas, de burócratas, de vecinos precaristas, etcétera). Ello al mismo tiempo que se conservan como un partido de militancia restringida (4 mil militantes en el estado más panista del país), de “minorías excelentes” y favorecidas por la riqueza y la educación. En fin, un partido crecientemente esquizofrénico, de raíces perdidas y con una incapacidad para la tolerancia y la inclusión de la variedad social.

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