El “Can Mayor”

La relación entre Carlos Castillo Peraza y Felipe Calderón estuvo cruzada por los afectos profundos y las reconvenciones esporádicas pero intensas. Como suele ocurrir cuando la diferencia de edad, pero antes que nada el respeto intelectual marcan distancias lo mismo que identidades entre quienes comparten proyectos y esperanzas, en algunas ocasiones las desavenencias momentáneas resultaron más vistosas que las coincidencias básicas.

Así sucede con la carta que Castillo Peraza le envió en mayo de 1996 al hoy presidente de la República. Pocos meses antes Calderón, que apenas tenía 33 años, ocupó la presidencia nacional del PAN. Sucedió allí a Castillo Peraza, con quien fue secretario general del partido.

Pocos años más tarde, cuando Castillo Peraza falleció de manera tan sorpresiva y prematura durante un viaje por Alemania en septiembre de 2000, a los 53 años, Calderón recordó aquellos tiempos trabajando juntos:

“El PAN creció como nunca antes en la presidencia de Castillo. Yo era entonces el secretario general, como aprendiz de brujo, como Sancho Panza al lado de un Quijote audaz, inteligente, de gestos adustos en público y de una sonrisa fresca y resonante que explotaba como su ingenio. Y no perdía el amigo oportunidad para adelantar el quehacer, para entrenar al timón, para aconsejar, leer y regalar poemas, como Itaca, de Cavafis, que me hacía verlo como hoy lo veo como un Ulises pleno de vida, en largo trayecto. Porque la vida de Carlos fue un largo y placentero viaje, lleno de ámbar, ébano, coral, madreperlas, playas nunca antes vistas, amaneceres, perfumes voluptuosos puestos en cada libro, en cada palabra, en cada arenga, en cada rasgo de sus letras hermosas escrita con rigor, con disciplina, como la que tenía en su vida y en su rostro”.

Aquel afectuoso recuerdo lo escribió Calderón para la revista etcétera, que todavía se publicaba cada semana. Ahora esa misma revista, en una etapa distinta y en su sitio web, ha dado a conocer otro testimonio de la relación entre esos dos personajes. Se trata de una carta que Castillo Peraza le escribió a su sucesor en la presidencia del PAN después de la que parece haber sido una discusión entre ambos por motivos relacionados con la conducción del partido.

Calderón se habría quejado de la insuficiente eficiencia de sus colaboradores en la dirección panista y Castillo considera que le falta capacidad de mando. Lo dice con suma elegancia, contrastando los méritos intelectuales con la inhabilidad de Calderón para crear un equipo de trabajo:

“Tu naturaleza, tu temperamento es ser desconfiado hasta de tu sombra. Si te dejas llevar por ése, entonces no te asustes de no contar ni con tu sombra: ella misma se dará cuenta que es sombra, pero que no es tuya; será sombra para sí, no contigo, no tuya. Dile al perro de adelante de cada uno de los trineos de tu flotilla que él es el único que ve un horizonte distinto. Tú tendrás así la mirada de todos los horizontes; no tendrás que verle las patas a todos, ni las correas a todos: serás el Can Mayor, vigía de todos los horizontes y patrón de todos los trineos. Presidirás: estarás sentado arriba. Desde allí, vigila y exige  con suavidad; carga sobre tí los errores de ellos. Acertarás con ellos”.

Las metáforas caninas que en esa ocasión empleaba el siempre refinado Castillo Peraza podrían ser discutibles, pero contribuyen a subrayar el mensaje central de aquella carta a Calderón: debía aprender a mandar sin avasallar, tenía que organizar en vez de reemplazar a todos en sus tareas.

“El riesgo –añadía el filósofo Castillo Peraza– es que todas las fallas se te carguen a tí. La oportunidad es que los aciertos serán todos tuyos. Pero con este proceder, lograrás que tus subalternos serán tuyos contigo: no envidiarán tus medallas porque las sabrán de ellos; no te cargarán sus tropiezos porque los sabrán suyos. Serán uno. Crecerá el partido con el crecimiento de sus dirigentes. Serás su líder, la cabeza del cuerpo que sabrán y sentirán suyo; te sabrán su cabeza. Y esto es importante porque nadie te niega que eres cabeza y que tienes cabeza. Yo menos que nadie”.

La publicación de esa carta en el sito de la revista etcétera ha contribuido a la discusión sobre las capacidades y los defectos del presidente Calderón. El estilo metafórico y acaso también el paso del tiempo –13 años son muchos en medio de cambios tan drásticos como los que ha experimentado el país en ese tiempo– contribuirán a que esa carta sea entendida de diversas maneras.

La capacidad de mando de Calderón enfrenta hoy exigencias mucho mayores que las señaladas por Castillo en ese texto de 1996. Crear y mantener un equipo de trabajo no es sencillo. Mucho menos cuando se trata de un equipo que tiene que enfrentar exigencias como una crisis económica extremadamente difícil (que apenas ayer propició un nuevo y costoso recorte en el gasto público) y una expansión delincuencial que pareciera no tener fin.

El conductor de un equipo de gobierno a cargo de tareas como esas no solamente debe mantener la confianza en sus colaboradores. También tiene que reconocer cuando han dejado de funcionar, o cuando no responden de manera suficiente a esa confianza. Ya sea que recuerde o no las recomendaciones de Castillo Peraza, hay motivos suficientes para que Calderón esté reflexionando en estos días acerca de los discutibles méritos y las reconocibles impericias de varios de sus colaboradores.

Publicado en eje central

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