Como te ves, me vi

Cautivado por la tentación de un gobierno personalista, que solamente busque consensos para respaldar al Ejecutivo y no para promover reformas necesarias, el presidente se aísla y dificulta la recomposición del sistema político. El partido en el gobierno, debilitado por sus fracturas, dejó de ser aval suficiente. Un enterado analista de la coyuntura nacional lo explica de manera enfática:

“Más allá de las buenas intenciones aparentes, e incluso creíbles del presidente, su propio partido… se convirtió en el mayor obstáculo a la modernización económica y política de México. En efecto, se generaron algunas fisuras de gobernabilidad respecto de su propio partido…”

El auge de la oposición colocó al presidente de la República en una peliaguda situación. Tiene que pactar con las fuerzas mayoritarias en el Congreso pero no está dispuesto a transferir cuotas de poder. El saldo de esta situación puede ser  el estancamiento nacional. El mismo analista lo dice de forma contundente: “Esta suma de costos políticos de transición por consenso para el sistema político lleva al presidente y a los grupos políticos que lo rodean a una decisión fundamental: cancelar la vía del consenso para la transición. Dar por terminado el esfuerzo compartido por los cambios y concluir también los instrumentos del mismo, los consensos explícitos o implícitos del cambio político”.

Más aún: “La nueva regla de la política es el privilegiar la permanencia en el poder del grupo gobernante e impedir la fractura del sistema político. Se trata claramente de una recomposición de las relaciones hacia adentro de la clase dirigente y sus grupos… La conservación del poder pasó a un primer plano, y la transición y renovación democrática ocuparon un segundo. En la vida nacional comenzaron a aparecer, cada vez con más frecuencia, los signos del viejo régimen que parecían haber sido superados, y claramente se exacerban las resistencias al cambio hacia adentro del aparato”. Todo ello, conduce a “una campaña importante de descalificación y de agresión a lo que amenaza al poder”.

Del ensimismamiento a la intransigencia, hay poco trecho. Los desplantes personalistas del presidente se exacerban ante la expansión del crimen organizado y sus repercusiones en la vida pública: “Junto con esta campaña de descalificación, se operó una polarización de la vida política, impulsada desde la presidencia, contra todo lo que no compartiera el punto de vista presidencial. Se acosó a determinados medios de comunicación. Se lanzaron furibundos ataques contra los pesimistas que no veían la recuperación económica… Junto con esta campaña se genera una gran confusión que se origina en la vida pública. Por si fuera poco, emergen a la misma mayores escándalos sobre la corrupción y el narcotráfico en las más altas esferas de los dirigentes políticos…”

“Estos escándalos, independientemente de la necesaria distinción que debe hacerse entre hechos ciertos y falsos, lo que revelan es que la descomposición del sistema político es más profunda de lo que se pensaba, y que no puede combatirse si persiste el intento de restauración autoritaria”.

El autor de ese lúcido diagnóstico se llama Felipe Calderón Hinojosa y eso es lo que opinaba a comienzos de 1997, cuando era presidente nacional del PAN y estaban por realizarse las elecciones intermedias del sexenio de Ernesto Zedillo. Tales reflexiones las presentó el 26 de febrero en la Universidad de Stanford y fueron publicadas en Palabra, revista doctrinal del PAN, en abril-junio de 1997.

Ante la polarización que podía suscitarse en un Congreso dividido y en donde el partido en el gobierno (en aquel momento, el PRI) no tendría mayoría, el entonces dirigente de oposición exhortaba: “Es indispensable reconstruir consensos nacionales elementales, urgir al gobierno y a otras fuerzas políticas a reconstruir y fortalecer políticas de Estado orientadas a resolver los grandes problemas del país”. El Congreso tendría que ser considerado como “un firme soporte de la alternancia política con estabilidad”.

El mundo y el país dan muchas vueltas. La exigencia conciliadora que hace 12 años sostenía desde la oposición, ahora no es necesariamente atractiva para el licenciado Calderón. La intolerancia que según advertía estaba cercando al presidente de entonces, ahora se puede advertir en el manejo que se hace en Los Pinos de los asuntos del partido en el gobierno. Como te ves me vi, podría decirle Ernesto Zedillo.

Publicado en emeequis

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