Nava en el PAN: humanismo o pragmatismo

La insistencia de César Nava acerca del humanismo político que según dice lo orientará para conducir al PAN admite varias lecturas, sobre todo porque el nuevo presidente de ese partido no explicó de qué manera entiende a esa doctrina. El fin de semana pasado, en el discurso que ofreció al solicitar que votaran por él en el consejo nacional panista, Nava recaló en ese término pero no lo explicó.

Lo que sí hizo el también recientemente electo diputado federal fue distinguir al humanismo político de otras corrientes ideológicas: “No creo en el pesimismo de la socialdemocracia, que concentra la responsabilidad en el Estado; ni en el escepticismo del liberalismo radical que es incapaz de hablar de los valores que le dan sentido a la comunidad; ni en el odio del populismo demagógico que sólo divide y destruye. Sólo el humanismo integral es capaz de entender el equilibrio entre Estado, Mercado y Comunidad. Sólo el humanismo integral, es capaz de sintetizar la trilogía libertad, igualdad y solidaridad”. Eso dijo en su mensaje de postulación.

Esa ubicua y pragmática concepción de humanismo político le permitirá a Nava aderezar sus discursos como líder panista pero no aportará definiciones sustantivas mientras no la nutra de miga y orientaciones conceptuales.

El humanismo político puede ser entendido de varias maneras. Efraín González Luna, candidato presidencial panista hace medio siglo, consideró que esa era la clave ideológica del PAN y propuso un humanismo político comprometido con la superación de los rezagos de la sociedad mexicana. Sin embargo el humanismo político también ha sido reivindicado por el Centro Fox, que es la institución manejada por el ex presidente Vicente Fox Quesada cuya complicidad con el interés privado se demostró en los reiterados servicios que les hizo durante su gobierno a las corporaciones mediáticas.

El humanismo político ha sido reivindicado fundamentalmente por pensadores que, de una u otra manera, supeditan las relaciones sociales y la política a las convicciones y determinaciones religiosas. No deja de ser significativo que César Nava haya terminado su discurso, antes de que lo eligieran, con una alusión a Jacques Maritain, el filósofo francés que fue uno de los referentes más importantes en el pensamiento político de la iglesia católica.

Jesús Moreno Frías, estudioso y dirigente local de Acción Nacional, describe así el significado que el humanismo político ha alcanzado dentro de ese partido:  “En el caso del PAN, se concibe al hombre como un ser único e irrepetible con alma espiritual y cuerpo material; sujeto de derechos y deberes; además y esto es específico en este Partido, cuenta con una cualidad trascendente denominada sentido religioso. Esta dimensión la toma muy en cuenta el Partido Acción Nacional, ya que considera que el aspecto religioso del hombre es el que da significado total a la vida, a la sociedad, y sobre todo a la historia humana”.

Otra interpretación de esa vertiente ideológica considera que el humanismo político acerca al PAN al compromiso social. El año pasado, en un seminario organizado en la UNAM, Rodrigo Guerra López, del Centro de Investigación Social Avanzada de Querétaro, ofreció una concepción más amplia del humanismo político panista:

“El humanismo político, antes que ser una teoría sistematizada en algún manual, es una experiencia en América Latina. La experiencia del aprecio y la acogida solidaria del otro. El humanismo político vuelve cuando reaparecen gestos de humanidad en las situaciones límite, en las crisis sociales, y eventualmente, en las crisis políticas. Cuando hombres como Manuel Gómez Morín, Efraín González Luna, Rafael Preciado Hernández o más recientemente Carlos Castillo Peraza reproponen al humanismo político a través de su palabra y de su acción, lo que sucede es la recuperación de una vida que los excede y que busca expresarse también como teoría y como organización política. Todos estos hombres fueron frágiles y limitados. Todos cometieron errores. Sin embargo, en su conciencia habitaba la certeza del carácter trascendente e irreductible de la persona humana a cualquier sistema material complejo. Esta convicción en muchos casos estaba alimentada por la reflexión creativa sobre las posibilidades que brinda el pensamiento social cristiano”.

Ahora César Nava, formado en la clerical Universidad Panamericana, tiene la responsabilidad de mirar más allá de las vertientes ortodoxas que hacen del humanismo político un corsé y no una plataforma para la democracia.

En la circunstancia mexicana de nuestros días el humanismo político, entendido en la acepción solidaria y social, tendría que comprometerse con la abolición de desigualdades y con la justicia redistributiva. Sin embargo el lastre religioso que tiene ese concepto puede conducir a una mayor cerrazón panista en temas de política económica y en el acotamiento de los monopolios en áreas como el sindicalismo o las telecomunicaciones.

Sobre todo, una interpretación estrecha del humanismo político puede alejar todavía más al partido en el gobierno del respeto a los derechos de las personas en temas como el aborto o en el respeto a los derechos humanos, como se ha demostrado en la reticencia del presidente Calderón para castigar abusos de algunos miembros del Ejército y en su decisión para defender el fuero militar.

Pronto se verá si la definición que asumen el PAN y su nuevo dirigente nacional es la del humanismo político entendido como coartada para refrendar y ampliar privilegios o aquella que dice rescatar el interés de la sociedad.

Publicado en eje central


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