Violencia, censura y medios

¿Cómo valora la acción política ante el enfrentamiento entre el sistema de narcos y la seguridad del estado mexicano?

Hay conflictos que solamente puede resolver la acción política, a la que entiendo como la búsqueda incesante de la interlocución, el diálogo y los acuerdos entre los actores del escenario propiamente político y del resto de la sociedad. Pero con grupos delincuenciales como los que mueven al narcotráfico no hay, entendida en ese sentido, política que valga. Al narcotráfico no hay más solución que enfrentarlo con la fuerza del Estado. La política puede servir para que el Estado cuente con mejores recursos legislativos, financieros, policiacos y para explicar y movilizar a la sociedad en pos del objetivo común que debieran compartir los mexicanos en la batida contra el narcotráfico.


¿Qué papel están jugando los medios de comunicación?

Los medios no inventan los hechos delincuenciales. Pero con cierta frecuencia, al propagar acciones violentas sin ubicarlas en su contexto, pueden atemorizar más que coadyuvar para cohesionar a la sociedad. Recientemente por ejemplo, algunos grupos de narcotraficantes han perpetrado asesinatos intencionalmente sanguinarios que no solamente buscan enfatizar la brutalidad de sus venganzas sino que además pretenden llamar la atención de los medios. Hay una patología muy interesante de los “narcos” que publicitan sus crímenes (por ejemplo colocando videos en YouTube) no solamente para ufanarse de ellos sino en busca del espejo que constituyen los medios de comunicación. Los periodistas y editores que hacen la agenda de los medios no siempre han querido darse cuenta de esas implicaciones y, en ocasiones, han sido voceros involuntarios de grupos delincuenciales.

¿Existe censura en la información política mexicana?

Censura del Estado, no. La censura proviene en primer lugar de las empresas de comunicación que pueden mutilar un artículo en un diario, o incluso despedir a un periodista o al conductor de un noticiario en la radio, con tal de que en la difusión de informaciones no sean afectados los intereses de tal empresa o de sus socios. En los medios mexicanos tenemos numerosos ejemplos recientes, algunos muy conocidos, de censura de esa índole. Y la más lacerante es la censura que imponen las presiones del narcotráfico, especialmente en zonas del país en donde esos grupos criminales han alcanzado más influencia. Bombas que estallan en las redacciones, reporteros amenazados e incluso el asesinato o la desaparición de periodistas que cubrían informaciones relacionadas con el narcotráfico, son expresión de ese amago que ha llegado a paralizar la investigación periodística acerca de tales temas en algunos estados, sobre todo en el norte de México.

¿Se puede considerar terrorismo las acciones de los narcotraficantes en México o se evita la palabra por cuestiones de la industria turística?

En algunos casos hemos padecido acciones terroristas y ni los medios, ni algunas autoridades, han disimulado el término. Eso ocurrió especialmente cuando, la noche del 15 de septiembre pasado, la ceremonia conmemorativa de la Independencia de México se enlutó en la ciudad de Morelia con la detonación de dos granadas que ocasionaron la muerte de varias personas. Aunque los narcotraficantes ya habían aterrorizado a la sociedad mexicana con decapitaciones, asesinatos masivos y otras fechorías, en aquella ocasión atentaron directamente contra la población. Fue, simple y terriblemente, un acto terrorista.

Entiendo que la difusión de esos hechos pueda no solo atemorizar a los posibles turistas sino además afectar la imagen de México en otros países. Es inevitable. Se puede precisar que el índice de criminalidad en México no es mayor al que se mantiene en otras naciones latinoamericanas y que los hechos delincuenciales más estruendosos no suceden en todo el país. Pero esos no son más que subterfugios que no disimulan lo más importante: hoy en México padecemos una amenaza de grandes proporciones, suscitada por la colisión de intereses entre grupos delincuenciales y la necesidad del Estado y la sociedad para hacerles frente. El problema no es solamente mexicano. Mientras Estados Unidos siga constituyendo un ancho y displicente mercado para la droga que se cultiva en México o que lo ha tomado como país de tránsito, lo que se haga en México será insuficiente para combatir a esos grupos.

Esta es la segunda y última parte de las respuestas que ofrecí, en diciembre del año pasado, a una entrevista del periodista español Txema Santana sobre la situación política y los medios de comunicación en México. La primera parte apareció el miércoles en este sitio.

Publicado en eje central


Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s