Catarsis en La Habana

Algo tiene que significar la reunión, ayer domingo, de más de un millón de personas en la Plaza de la Revolución de La Habana. No fueron a escuchar una larguísima perorata autocomplaciente e ideologizada como las que tantas veces han ocupado la atención de los cubanos en ese mismo sitio. Se trataba de un concierto de música, convocado en nombre de la paz y que desde semanas antes concitó una exasperada polémica.

La iniciativa del músico colombiano Juanes para llevar a La Habana otro de los conciertos que ha organizado con la misma divisa, suscitó deslindes y cuestionamientos de buena parte del exilio cubano. En Miami, se alzaron voces con influencia suficiente para disuadir a varios artistas hispanoamericanos que inicialmente dijeron que acudirían a La Habana. Sus opositores, consideraron que el concierto legitimaría a la dictadura que los hermanos Castro ejercen en Cuba.

Sin embargo la concentración de centenares de miles de jóvenes cubanos para escuchar, corear y aplaudir música, difícilmente podría entenderse como una forma de respaldo a la dictadura castrista. El arte, el baile, el gozo y el reconocimiento colectivos que se suscitan en eventos como el de ayer, tendrían que ser antagónicos a cualquier fundamentalismo político.

Las letras, entonaciones e intenciones que ayer se oyeron en La Habana admitirán diversas opiniones. Pero era imposible no encontrar alusiones por lo menos irónicas o involuntarias a la cerrazón política que se vive en Cuba, cuando el español Luis Eduardo Aute interpretó “Rosas en el mar”, que puso de moda la cantante Massiel a fines de los años sesenta (“la escribí apenas hace seis horas”, bromeó como si quisiera subrayar la actualidad de esa arenga a la libertad). O cuando Silvio Rodríguez, tan entrañable para varias generaciones como complaciente con el régimen cubano, interpretó su conmovedora “Ojalá” en donde aparece la críptica frase que alude “a tu viejo gobierno de difuntos y flores”.

Juanes mismo, después de la intensa ovación con que le agradecieron la organización del concierto, les dedicó “a ustedes, a todos los jóvenes cubanos” su conocida “A dios le pido” en donde entre otras solicitudes se escucha “que mi pueblo no derrame tanta sangre y se levante mi gente…”

Otra de las interpretaciones de Juanes fue “Alas de libertad”, que dedicó a los colombianos que permanecen secuestrados en la selva de su país, así como “a todos aquellos que están privados de su libertad”. Más tarde les diría a los asistentes al concierto: “Vencimos el miedo para estar aquí con ustedes esta tarde y esperamos que ustedes también lo puedan vencer”. Miguel Bosé anunció poco después que había un millón 150 mil personas en la Plaza de la Revolución.

Pero muchas más lo siguieron en toda Iberoamérica. Fenómeno político, también lo fue en el plano mediático. El concierto de ayer en La Habana fue transmitido en sus sitios en Internet tanto por la estadounidense Univisión, que es la principal cadena en español en Estados Unidos, como por la aguerrida Telesur. La televisora más cercana al exilio cubano en Miami y la televisora financiada por el dinero que administra Hugo Chávez, coincidieron en reconocer la importancia del concierto y lo difundieron compartiendo la misma señal. Otros sitios en Internet se sumaron a esa inaudita labor de divulgación. En México, aunque interrumpido por cortes informativos y comerciales, parte del concierto fue transmitido por el canal del grupo Milenio.

La retroalimentación en línea fue tan intensa como la polémica previa al concierto. Irene Muñoz, del equipo de  eje central, mantuvo una constante información desde La Habana en su espacio en Twitter.

En el sitio de blogs de Univisión, no parecía sorpresivo que aparecieran mensajes críticos a Juanes y al concierto. Pero fueron mayoritarias opiniones de reconocimiento como ésta, de Lucía, que se identifica como colombiana avecindada en Easton, Pennsylvania: “Nunca antes visto en CUBA!!! Cómo les quedo el ojo a los pesimistas; inclusive a los mismos Cubanos que trabajan en los medios de comunicación no se atrevían a dar su opinión personal y algunos creían que iban a sabotear el concierto y que Raúl Castro se iba a presentar en el concierto… Este concierto es un granito de arena para ir cambiando…”

Con ese punto de vista coincidía una joven cubana que vive en Miami: “Yo soy cubana y pienso que es increíble que existan personas como Juanes que hace todo con buenas intenciones. Todos los que hablan sin saber piensen que en Cuba hace años no existe un concierto, esto no tiene nada que ver con política, eso (es) llevarle un poquito de alegría a los inocentes que están allá y están pagando las crueldades sin tener culpa. No saben lo que es pasar hambre ganas de comer algo y no tenerlo es duro y triste saber la pobreza que hay en Cuba. Juanes te deseo lo mejor y sigue así que una persona que defiende lo que quiere llegará muy lejos”.

“El concierto blanco de Juanes sirvió de catarsis colectiva a cientos de miles de cubanos ansiosos de buen arte”, escribe Mauricio Vicent en El País de hoy lunes. Si tan sólo eso logró, el esfuerzo de Juanes y sus colaboradores habrá merecido la pena. Pero catarsis como esas, experimentadas en el fragor de la muchedumbre, a veces causan adicción. El gusto por la acción colectiva suele ser progresivo y contagioso. Y difícilmente hay dictadura que soporte esa gana de cantar, decir, querer y actuar en libertad.

Publicado en eje central

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