Nomás una ventana

Hace tres años, el joven priista Alan Cristián Vargas Sánchez formaba parte de la organización “Rompiendo paredes” que se oponía a la entonces presidenta de la Fundación Colosio, Beatriz Paredes. Ahora es diputado local por el PRI en el Distrito Federal y acaba de ganar una indeseable pero significativa celebridad al saberse que, como no le habían entregado las llaves para entrar a sus nuevas oficinas, agarró una escalera metálica y rompió un ventanal en las instalaciones de la Asamblea Legislativa.

Así nomás, por sus pistolas, porque se enojó y porque tiene fuero, Vargas Sánchez puso en práctica el lema del grupo en el cual participaba en septiembre de 2006. Lo hizo de manera literalmente estruendosa, e igual de llamativa ha sido la justificación que pretende esgrimir ante ese comportamiento.

Ayer, entrevistado por la periodista Denise Maerker en “Atando cabos” de Radio Fórmula, el nuevo diputado local negó que se esté aprovechando del fuero:  “No Denise, yo soy un simple ciudadano que pidió el voto y que lo único que quiere es que la Comisión de Gobierno sea respetuosa con todos los diputados”.

El diputado priista se refiere al órgano de gobierno de la Asamblea Legislativa que, a su juicio, le regateó durante varios días las llaves de su nuevo despacho. En respuesta a quienes consideran que ese retraso, aunque hubiera ocurrido, no disculpa la acción que cometió con ostensible violencia, Vargas insiste: “No justifica nada. Pero no quieren entregar las cosas. Quieren con un acto represor la mayoría perredista hacer y deshacer a nuestra asamblea legislativa”.

La sintaxis no es el fuerte del diputado Vargas Sánchez. La urbanidad tampoco. La demora de los directivos de la Asamblea para darle acceso a las oficinas le parece un acto de represión. Y ante su exabrupto, considera que hay conductas más graves. Los miembros del PRD, explica, “hicieron peor, quemaron camiones de ruta 100, se golpearon con granaderos… no podemos decir que ellos son una blancas palomas y que el malo del cuento soy yo”.

Encontrar en las conductas ajenas disculpas a las fallas propias, es una práctica infantil y, en ciudadanos con responsabilidades públicas, representa una notoria incapacidad para hacerse responsable de sus actos. Qué sencilla y qué nociva la lógica que pretende esgrimir el diputado Cristian Vargas: como hay quienes hacen cosas peores, puedo destruir parte de una oficina pública. Qué tanto es tantito.

Y si bien hay personajes del PRD y de las supuestas izquierdas desarrolladas al cobijo de ese partido que se han habituado a una indefendible incivilidad –allí está, ahora también con fuero y tribuna legislativa, ese paradigma del porrismo obradorista que es Gerardo Fernández Noroña– Vargas Sánchez y algunos de sus correligionarios se pintan solos en este asunto de las grescas con coartada política.

El 11 de septiembre de 2006, Cristian Vargas y varios de sus compañeros de causa entraron a la fuerza a las oficinas de la Fundación Colosio. Al hacerlo, golpearon al empleado de esa institución Miguel Ángel Acosta Ríos. El PRI del DF levantó una averiguación previa por aquella agresión.

Para entonces, a Vargas Sánchez ya se le conocía por bravucón. A comienzos de 2002, cuando Beatriz Paredes y Roberto Madrazo disputaban la dirigencia del PRI, Vargas aún no cumplía la mayoría de edad pero ya era reventador de reuniones políticas. El 30 de enero de 2002, la reportera Claudia Guerrero, del diario Reforma, reseñó así la participación de ese personaje en una reunión de jóvenes priistas:

“Eran pasadas las 14:00 horas cuando el madracista Cristian Vargas abrió fuego para defender a su candidato.

“Parado sobre una de las butacas del auditorio Heriberto Jara, en la sede del PRI, el joven de 17 años abrió sus simpatías en la lucha interna sin importar la imagen que quedara de sus ‘gallos’.

“Dejando de lado el protocolo que obliga a las fórmulas a dirigirse con respeto a sus contrincantes, el integrante del Frente Juvenil Revolucionario (FJR), Cristian Vargas, habló de séquitos, de corrupción y hasta de un Roberto Madrazo al que acusan de tener ‘cola que le pisen’.

“En su primer disparo, calificó como ‘nefastas’ a ‘todas las personas que trae atrás’ la candidata Beatriz Paredes.

“Ante la mirada incrédula de los del presídium, Cristian se envalentonó más y casi a gritos soltó: ‘critican a la maestra por corrupta en el Sindicato y dicen que Beatriz Paredes tiene mucho cerebro, pero no tiene las agallas de Elba Esther, que tiene más huevos aunque traiga falda’.

“La lideresa magisterial sonreía, agachaba la cabeza y se colocaba las manos en la frente”. (Reforma, 30 de enero de 2002).

Esos méritos, pero sobre todo su cercanía con una de las mafias que acapara la explotación de la basura en la ciudad de México, encabezada por Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre, le permitieron a Vargas Sánchez llegar a diputado local. El tráfico de influencias, el clientelismo y la prepotencia, han sido parte de la escuela en la que se formó.

Por eso no fue extraño que, cuando encontró cerrada la puerta de su oficina, arremetiera a golpes contra ella. Tampoco resulta sorprendente que se rehúse a disculparse. Para algo, qué caray, es diputado. Tanto escándalo por una ventana.

Publicado en eje central

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Un comentario en “Nomás una ventana

  1. Es lamentable la actitud del Diputado Cristian, Externo una disculpa a nombre del PRI, ya que no todos los jòvenes del PRI somos asi.

    Saludos

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