Chantaje del arzobispo al Senado

Como si le faltaran motivos de preocupación, el Senado de la República ha sido puesto en un dilema por la Arquidiócesis de México. El vocero de la jerarquía católica vetó el domingo pasado a uno de los más destacados aspirantes a la presidencia de la Comisión Nacional de Derechos Humanos. A nombre de esa corporación religiosa, Hugo Valdemar Romero se opuso a la designación de Emilio Álvarez Icaza, que hasta hace dos semanas presidió la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal.

Exagerando y mintiendo, el vocero del arzobispo de México dijo que Álvarez Icaza “es el más connotado pro abortista del Distrito Federal”. Con esa declaración, la cúpula eclesiástica quiere castigarlo por haberse negado a respaldar, hace dos años, la impugnación legal a las reformas al Código Penal que permiten el aborto en la ciudad de México.

El Arzobispado, de esa manera, coloca en aprietos a la Cámara de Senadores. Cualquier decisión a favor de algún aspirante a la CNDH que no respalde claramente los derechos reproductivos de las mujeres, será considerada como expresión de sometimiento al amago de la iglesia católica.

En abril de 2007, el comité directivo del Partido Acción Nacional en el DF solicitó el respaldo de la Comisión local de derechos humanos para objetar esas reformas al Código Penal, así como a la Ley de Salud del Distrito Federal. Álvarez Icaza sometió esa petición a consulta del Consejo de la Comisión de Derechos Humanos, integrado por 10 destacados ciudadanos. El Consejo resolvió, por unanimidad, reivindicar el derecho de las mujeres a interrumpir un embarazo no deseado.

Ahora el arzobispo de México, Norberto Rivera, le quiere cobrar a Álvarez Icaza aquella decisión. Y lo hace, a través de su vocero, con una exigencia ilegal y burda. La intromisión de la iglesia católica en una decisión del Poder Legislativo contradice la obligación que los ministros religiosos tienen para mantenerse al margen de asuntos políticos.

Con razón el investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, Pedro Salazar Ugarte, ha escrito a propósito de las declaraciones del vocero del Arzobispado: “las iglesias no deben colonizar la esfera pública para imponer sus dogmas a la comunidad política; las religiones (y las concepciones ateas del mundo) deben respetarse y convivir en plural y; sobre todo, las autoridades —el gobierno— deben garantizar a las personas que ninguna organización religiosa —por más poderosa y hegemónica que sea— les impondrá sus dogmas y creencias. La convivencia pacífica —la historia nacional y mundial enseñan— también depende de ello”.

Álvarez Icaza nunca ha promovido el aborto. Lo que sí hizo, a nombre de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal, fue expresar la decisión del Consejo de ese organismo en donde, con una sólida argumentación, se respalda “el derecho de toda persona a decidir de manera libre, responsable e informada sobre el número y espaciamiento de sus hijos, el derecho de igualdad entre la mujer y el hombre y el derecho a la salud”.

Ese fue el sentido de la resolución que aprobó el Consejo de la CDHDF el 3 de mayo de 2007 y que Álvarez Icaza le comunicó varios días más tarde a la dirección del PAN en el DF. Allí se dice, entre otras cosas:

“El aborto constituye una cuestión de salud pública porque pone en peligro el bienestar de un gran número de mujeres y, en muchos casos, su vida, al realizarse en forma clandestina e insalubre. Según cifras de la Comisión Nacional de Bioética, Órgano Desconcentrado de la Secretaría de Salud Federal, ‘En 2005 se registraron 136,874 abortos en hospitales públicos y se estima que las instituciones privadas atienden otro 20%, lo que añadiría 26,375. Por subregistros elevados se recomienda ajustar por un factor de corrección entre 3 y 7, lo que arrojaría una cifra entre medio millón y un millón doscientos mil’. Ello explica la recomendación de la Organización Mundial de la Salud de que el aborto consentido por la madre sea libre, gratuito y no punible”.

Aquella opinión, avalada por Elena Azaola, Judit Bokser, Daniel Cazés, Santiago Corcuera y Denise Dresser, entre otros consejeros, precisó: “Así también el artículo 1º de la Constitución prohíbe la discriminación en términos muy amplios, de donde se advierta que se deba proteger los derechos que toda persona posee como ser humano, sin ninguna distinción. Una de las formas de dar cumplimiento a ese precepto consiste en evitar que las mujeres pobres que así lo decidieran, se vean constreñidas a interrumpir el embarazo antes de las doce semanas en condiciones de insalubridad, que ponen en riesgo su vida”.

También respaldado por los consejeros Patricia Galeana, Ángeles González Gamio, Armando Hernández Cruz, Clara Jusidman y Carlos Ríos Espinosa, el extenso alegato a favor de los derechos de las mujeres consideró:

“A nadie se le impone el deber de interrumpir el embarazo antes de las doce semanas de gestación, así, no puede ser considerado por ello una obligación. Las reformas al Código Penal no imponen una conducta, sólo hacen posible una decisión individual, acorde con el sistema de libertades que establece la Constitución. Las limitaciones previas a la reforma penal, conferían al Estado un poder de intervención en la vida íntima y libertad de las mujeres. Así, el Estado imponía a las mujeres la obligación de soportar contra su voluntad las consecuencias de un embarazo no deseado por ellas, regulando su vida íntima y libertad, cuando estos bienes no están siendo afectados. La reproducción es un derecho de las personas, no es una obligación susceptible de ser impuesta por el Estado en contra de la voluntad de las mujeres y los hombres. La utilización del aparato coactivo del Estado para mantener un embarazo no deseado antes de las doce semanas de gestación, se opone a la vigencia de los derechos humanos”.

Hoy aquel episodio, rescatado por el vocero arzobispal, muestra el compromiso de Emilio Álvarez Icaza con los derechos humanos más allá de presiones corporativas o conveniencias políticas. Quizá Valdemar, sin proponérselo, hizo campaña en beneficio de Álvarez Icaza.
Publicado en eje central

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