Espiral de la complacencia

El movimiento encabezado por el SME ha entrado en una espiral de autodefensiva complacencia. Con el propósito de explicarse a sí mismos cómo llegaron al entrampamiento actual, los trabajadores electricistas y sus simpatizantes construyeron un discurso a modo de la magnitud del problema que enfrentan.

Se trata, dijeron, de la embestida del neoliberalismo más salvaje en contra de un sindicato movilizado y patriótico. Pero el gobierno del presidente Felipe Calderón no es tan conservador como dicen sus adversarios más ideologizados, de la misma manera que el interés del SME ha sido más pedestre que las banderas nacionalistas que suele esgrimir. Tales, sin embargo, son las coordenadas que los dirigentes electricistas han establecido para construirse una ubicación en el panorama público de estos días.

Buenos contra malos. Esa es la concepción que el SME propala de su movimiento. El gobierno también apuesta a dibujar un escenario maniqueo. Las percepciones que ambas partes abrigan del conflicto tienden a ceñirse a esa composición dramática.

El sindicato se autojustifica mirando fundamentalmente a su entorno inmediato. En él, se encuentran los trabajadores de ese gremio que se mantienen en movimiento, así como sus familiares y seguidores. En los mitines y manifestaciones, en la prensa que prefieren leer, en los panfletos y mensajes que les llevan los grupos que se solidarizan con ellos, los electricistas encuentran gratificantes palabras de aliento que no representan el ánimo de toda la sociedad sino, evidentemente, de quienes los apoyan y admiran.

Con frecuencia los movimientos sociales se involucran en una suerte de espiral de la autocomplacencia que es, al mismo tiempo, una cortina de incienso que los aparta del resto de la realidad. Si en sus movilizaciones encuentran más vítores que reproches, si quienes se acercan a ellos es para llevarles noticias de nuevas adhesiones más que para señalar limitaciones de su lucha, esos trabajadores tendrán una apreciación triunfalista de su propia situación aunque, fuera del circuito de sus incondicionales, abunden otras opiniones.

Cuando en la prensa que leen aparecen declaraciones de un par de escritores conocidos, o de algunos actores y cineastas que los respaldan, los protagonistas del movimiento en cuestión querrán suponer que los intelectuales y los artistas mexicanos están con ellos aunque solamente se trate de algunos cuantos. Si un dirigente político acude para  alentarlos, estimarán que es por la bondad de la lucha que llevan a cabo y no por el provecho que ese personaje espera obtener de tal acercamiento.

Esa especie de autismo que atiende a los aplausos pero rechaza los cuestionamientos como si no existieran, o como si obedecieran a una conspiración que no vale la pena entender, en ocasiones lleva a los movimientos sociales a su propia devastación. En la historia del sindicalismo mexicano hay numerosas experiencias de luchas gremiales cuyos dirigentes, forzados a politizarse, no supieron leer el contexto desfavorable en el que estaban inmersos.

Cuando se quejan de la cobertura que han tenido en los medios de comunicación, los trabajadores electricistas manifiestan una aprovechadiza intolerancia pero también cierta ingenuidad autodefensiva acerca del funcionamiento de la televisión y la radio. Hace un par de semanas los voceros del SME se dejaron entrevistar en varios medios para repetir la misma cantinela: estamos siendo víctimas de una campaña del gobierno de la cual ustedes son cómplices.

Tales acusaciones, en varios de los espacios en donde se expresaban, no se sostenían porque en el último mes y medio los líderes del SME han dicho todo lo que han querido y hasta, a veces, algo más de lo que hubieran deseado expresar. Pero cuando les reprochan que están siendo partícipes de una maquinación contra ese movimiento, los conductores o periodistas interpelados de tan agresiva manera les ofrecen más espacio, les reiteran que pueden decir todo lo que quieran, se esmeran para no ser etiquetados como censores.

La misma táctica le resultó útil durante algún tiempo al movimiento de López Obrador. Con tal de no ser identificados con viejas rutinas autoritarias, los conductores y operadores de numerosos medios de comunicación no solamente le daban a ese personaje, y a los suyos, espacios superiores a la presencia pública que tenían. Además, durante largo tiempo le permitieron a ese dirigente (algunos lo siguen haciendo) que los amenazara y maltratara públicamente.

Los operadores de los medios, en términos generales, no han sabido construir una relación de respeto con movimientos de esa índole. A los dirigentes de esos agrupamientos, simplemente no les interesa establecer esa relación porque les conviene más lucrar con el amago y la auto victimización.

El SME y sus integrantes tienen pleno derecho a expresarse en los medios de comunicación. De la misma manera, los periodistas y operadores de los medios tienen derecho a manifestar opiniones acerca de esos y cualesquiera otros asuntos de interés público. La especie de que los medios y los informadores deben ser objetivos, es secuela de un periodismo atrasado y autoritario que se pretendía por encima de la sociedad y por lo tanto inmune a sus cuestionamientos.

Los medios ni siquiera tienen por qué ser plurales: nunca lo son de manera absoluta. Lo importante es que las subjetividades y las parcialidades de los medios y los periodistas no estén enmascaradas. Así, al resultar evidentes, tales posiciones formarán parte de la discusión pública.

Esos rasgos resultan inaceptables, o al menos inentendibles, para un movimiento como el que en la situación actual protagonizan los electricistas del SME. Para ellos, en parte porque a esa condición los orilló la mano dura gubernamental, no hay más que aliados incondicionales o adversarios absolutos. Quienes no los respaldan, son sus enemigos. Quienes manifiestan acotaciones críticas, es porque sirven al gobierno. La espiral de la autocomplacencia deviene en un comportamiento fundamentalista.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s