Sociedad y poder

Un balazo, una conjura, varias lecciones

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El lunes pasado por la noche, después de confirmar que la discutible propuesta de reformas para la radiodifusión que había presentado junto con el PRI sería postergada, el senador perredista Carlos Sotelo García declaró, malhumorado: “¡Se han dado un balazo en el pie los de la CIRT!”.

Con esa expresión el senador Sotelo quería enfatizar quiénes, a su juicio, perdían más con la posposición que habían acordado los partidos políticos después de verificar los insuficientes consensos que suscitó el predictamen que se había propuesto llevar a la Comisión de Radio y Televisión para aprobarlo esa misma noche. Horas antes, distintos actores e interesados en la reforma legislativa para los medios electrónicos le hicieron saber al Senado los desacuerdos que, por diferentes causas, tenían con esas propuestas.

Las radiodifusoras comunitarias, a las que en esa propuesta se les reconocía bajo la denominación de “medios de uso social”, celebraban que se les tomara en cuenta pero consideraron insuficientes los derechos que se les reconocían y no estaban de acuerdo con que, a cambio, los senadores del PRD y el PRI quisieran otorgarles a los empresarios privados el refrendo de sus concesiones sin necesidad de que pasaran por una licitación. En el campo de los medios de carácter público, por el mismo motivo, surgieron voces que también cuestionaban esas reformas aunque se les autorizaba a vender espacios para patrocinios e incluso, en una versión posterior del predictamen, se les concedía un pequeño porcentaje de sus tiempos de transmisión para publicidad.

En el flanco de la radiodifusión privada, por excesivo patrimonialismo o por torpeza mayúscula, se expresaron los rechazos más enfáticos a esa propuesta de reformas. El lunes por la mañana, a plana entera y en un tono destacadamente agresivo, la Cámara Nacional de la Industria de Radio y Televisión publicó un desplegado en donde sostenía que la propuesta relativa a las radiodifusoras comunitarias era resultado de una conspiración dirigida por el presidente venezolano Hugo Chávez para propagar un “proyecto bolivariano” de comunicación en América Latina.

Aquel documento de la CIRT estaba plagado de tantas barbaridades que resultaba difícil tomarlo en serio. Además de mentiras y exabruptos, exhibía una concepción macartista (a estas alturas del nuevo siglo), manipuladora (sintomática de los déficit éticos de los radiodifusores que impulsaron ese texto) y persecutoria en contra del senador Sotelo. A las radiodifusoras comunitarias, se les presentaba como resultado de una conjura chavista cuando en México las emisoras de esa índole existen desde 1965, hace 4 décadas y media. A ese legislador, se le mostraba como polichinela de esa presunta confabulación.

Los motivos de la CIRT para haber difundido ese escandaloso e inverosímil documento, seguirán siendo motivo de interpretaciones diversas. La propuesta de reformas cuestionada de esa manera tan burda, había sido resultado de varios meses de discusiones. Los senadores del PRI, encabezados por Manlio Fabio Beltrones, fungieron como representantes del interés de los consorcios mediáticos y promovieron en esa propuesta el refrendo sin licitación (al que nos referimos el lunes mismo en esta columna) junto a otras exigencias de la CIRT como la creación de un nuevo mecanismo, adicional al que estableció hace un año el gobierno federal, para que los radiodifusores que tengan frecuencias en AM reciban además espacios en la FM. Por su parte, el senador Sotelo consideró que a cambio de contemporizar con esa exigencias de los empresarios podría incorporar modificaciones legales en provecho de los medios comunitarios y públicos.

Al final, el senador Sotelo quedó sin los respaldos que había confiado consolidar. Su estupefacción ante la reacción de la CIRT, más de 12 horas después de que había conocido el desplegado de los radiodifusores, no pudo resultar más expresiva. Tenía razón al considerar que esos empresarios se daban un balazo en el pie porque aquellas reformas a nadie beneficiaban más que a los radiodifusores que quieren refrendos legales sin licitación. Su asombro era comprensible, además, porque a través del PRI creía tener afianzado el respaldo de tales empresarios.

Rayano en el ridículo, pero profundamente preocupante por el autoritarismo y la ignorancia que manifiesta, el desplegado de la CIRT fue la primera de varias expresiones que truncaron los acuerdos del PRI y el PRD para impulsar esas reformas. Los medios comunitarios y públicos, así como grupos ciudadanos interesados en la reforma de la comunicación como la AMEDI, hicieron saber sus desacuerdos. Por su parte los senadores del PAN, que no habían participado en ese predictamen y que seguramente no querían dejarle a priistas y perredistas el privilegio de congraciarse con los radiodifusores pero entre quienes además hay legisladores como Ricardo García Cervantes y Santiago Creel que reconocen y han padecido excesos de los consorcios mediáticos, también se opusieron a una aprobación precipitada de ese documento.

Por eso el senador Sotelo, desbaratada la pragmática pero contradictoria red de acuerdos que creyó haber articulado junto con Manlio Fabio Beltrones, tuvo que declarar esa noche del lunes que no había condiciones para discutir el predictamen. El asunto se pospondrá hasta febrero, con la posibilidad de que semanas antes haya una discusión seria que los senadores no podrán rechazar.

Para entonces seguirán haciéndose especulaciones sobre los motivos de la CIRT para haber impugnado, de manera tan vulgar, una reforma que le otorgaba tantas ventajas. Quizá predominó la intolerancia de los miembros más autocráticos de esa organización patronal, que no son capaces de reconocer a las comunitarias como un sector social y jurídicamente legítimo en el panorama de la radiodifusión mexicana. Tal vez quisieron amagar a los senadores para ganar más privilegios en esa reforma legal. O, acaso, los dirigentes de la CIRT hicieron una apuesta enrevesada y perversa: querían descalificar al senador Sotelo para que los críticos de esa reforma reaccionaran alineándose con ese legislador.

Más allá del propósito que haya tenido, la CIRT se exhibió con una exaltación impropia de cualquier actor que quiera estar presente en el debate público pero, además, inaceptable en quienes detentan concesiones que les han sido asignadas por el Estado mexicano. Se dieron un balazo en el pie, como bien dijo Sotelo. Le faltó recordar que, con esa propuesta de reformas les estaba obsequiando a los radiodifusores las muletas que tanto han exigido para hacer suyas, prácticamente de manera eterna, las concesiones que tienen asignadas de manera temporal.

Publicado en eje central

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Written by Raúl Trejo Delarbre

diciembre 9, 2009 a 4:54 am

Publicado en Medios, PRD, PRI

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