Enríquez-Ominami, una izquierda capaz de esperanzar

Ayer por la mañana en Santiago de Chile, antes de ir a votar, Marco Enriquez-Ominami fue a visitar la tumba de su padre como él mismo relata en su espacio en Twitter: “es más joven que yo y le hablé de él a mi hija de 5, de lo que sonaba él. Emocionante. Ahora a votar”. Diez horas más tarde, sabría que perdió las elecciones presidenciales por un margen considerable.

Sebastián Piñera, el candidato de derechas que hizo campaña apoyado en los medios de comunicación de los que es propietario, obtuvo el 44% de los votos. Eduardo Frei, que ya fue presidente hace 10 años y encabeza a la Concertación de Partidos integrada por socialistas y demócrata cristianos, alcanzó casi 30%. Ellos disputarán el 17 de enero la segunda vuelta de la elección presidencial.

El candidato comunista Jorge Arrate recibió casi el 6% de los votos y Enríquez-Ominami, algo más del 20%, de acuerdo con el cómputo que se realizaba anoche.

Ese porcentaje pudiera ser exiguo para una candidatura que en algún momento pareció competitiva, pero al mismo tiempo resulta cuantioso si se toma en cuenta que hace un año Enríquez-Ominami no era candidato presidencial.

La postulación de ese cineasta de 36 años, conmovió al panorama político chileno porque rompió con la ortodoxia de las viejas izquierdas y utilizó de manera intensiva los nuevos medios de comunicación en busca del respaldo de los electores más jóvenes.

Marco Enríquez-Ominami es hijo de Miguel Enríquez, el dirigente del Movimiento de Izquierda Revolucionaria que apoyó muy activamente al gobierno de Salvador Allende y que después del asesinato del presidente socialista chileno se dedicó a luchar en la clandestinidad contra la dictadura militar. Un año más tarde, el mismo Miguel Enríquez fue asesinado en un enfrentamiento con la policía de Pinochet. Tenía 30 años. Menos, en efecto, que los que tiene ahora su hijo.

Marco Enríquez había nacido tres meses antes del golpe militar. Junto con su madre, la periodista y organizadora social Manuela Gumucio (que hoy es una de las promotoras más tenaces de la radiodifusión comunitaria en América Latina) estuvo asilado en París, donde hizo sus primeros estudios. Su madre se casó más tarde con Carlos Ominami, economista chileno que luego sería secretario de Estado y senador en su país. Marco Enríquez-Ominami asumió los apellidos de sus dos padres y encuentra en ambos parte de sus motivaciones políticas: “De Miguel, aprendí la rebeldía. De Carlos, la tenacidad”.

A su regreso a Chile, después de la dictadura, Enríquez-Ominami hace cine –con éxito constatable en diversos premios internacionales que recibió– y se involucra en política desde la Universidad. En una breve autobiografía que publicó ayer en el periódico El Mercurio, relata lo difícil que inicialmente le resultaba hacer política: “Defraudé a más de alguien que esperaba encontrar en mí al reflejo de las mismas ideas que sostuvo mi padre casi 20 años antes. Sospecho que la intensidad de las convicciones de Miguel es siempre una vara muy alta y creo que nadie puede prejuzgar qué haría él si por estos días estuviera con nosotros. Pero también creo que ser de izquierda, ser demócrata, ser radical y ser progresista, no pueden ser lo mismo en el siglo XXI que en plena Guerra Fría”.

Ser de izquierda pero tratando de sacudirse dogmas e inercias, ha sido una búsqueda difícil para Enríquez-Ominami. En 2006 fue  diputado por el Partido Socialista. La notoriedad que alcanzó gracias a su actividad legislativa pero también debido a sus apellidos, lo convirtió en símbolo de un estilo fresco en el quehacer político. En enero de 2009 intentó registrarse para competir por la candidatura presidencial del Partido Socialista y de la Concertación pero las rígidas normas que existían para esa postulación, en donde solamente podrían competir los precandidatos propuestos por los dirigentes nacionales de los partidos, lo dejaron fuera de la competencia. En junio pasado, Enríquez-Ominami renunció al Partido Socialista y reunió las firmas ciudadanas que requería para, de acuerdo con la legislación chilena, presentarse a las elecciones presidenciales como candidato independiente.

La intensa e inteligente utilización de Internet, la construcción de un discurso contra las desigualdades sociales gracias a la solidez del Estado pero sin prescindir de las fuerzas del mercado y la apuesta por un estilo que rompa la esclerosis que identifica en la clase política, hicieron de esa una candidatura mediática pero también socialmente atractiva.

En 2003 Marco Enríquez-Ominami dirigió el documental “Los héroes están fatigados” en donde parte del recuerdo de su padre para preguntarse qué fue de esa generación de luchadores por el cambio social. Unos, fueron asesinados por la dictadura militar. Otros más, terminaron en las burocracias políticas. “Los héroes están fatigados” puede verse en línea y, relatado por el propio Enríquez-Ominami, comienza explicando quién fue su padre, el secretario general del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, Miguel Enríquez. “Era una suerte de Che Guevara un poco más austral”, dice. Pero lejos de la consagración hierática, añade: “sus seguidores aun le cantan con fervor en algunas salas municipales. Pero sus ideas ya no entusiasman”.

Desde la época en la que murió Miguel Enríquez, en Chile, dice el cineasta, “el verdadero cambio es que los ricos son aun más ricos. En cuanto a los chilenos, no son ni más suicidas ni más rebeldes que en su época. Pero han perdido toda esperanza. Con el tiempo aprendieron que para hacerse escuchar por el poder, no pueden contar más que con ellos mismos”. Con ingeniosos recursos narrativos, el documental recoge el testimonio de algunos de aquellos militantes socialistas y narra la negativa del entonces presidente, Ricardo Lagos, a conceder una entrevista para ese trabajo cinematográfico.

A Enríquez-Ominami le parece que el cine, “no es algo tan lejano a la política, ya que el realizador cuenta historias, plasma perspectivas, maneras de mirar lo que pasa alrededor y muchas veces intenta expresar lo inexpresado. En el cine, como en la política, hay momentos para los grandes temas y también para los que parecen menores y el talento está en ser capaz de vincularlos y darles sentido”.

A lo que dio sentido, por lo pronto, fue a una atractiva y renovadora campaña. En unos cuantos meses, Enríquez-Ominami catalizó el desencanto de un segmento importante de los electores y construyó una opción distinta de la derecha y la izquierda tradicionales. La votación que alcanzó ayer lo hace aspirante demasiado prematuro a las elecciones presidenciales de 2014. Antes de eso, tendrá que resolver qué hace con ese capital político en la segunda vuelta electoral que tendrá lugar dentro de cinco semanas.

Publicado en eje central

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3 comentarios en “Enríquez-Ominami, una izquierda capaz de esperanzar

  1. Gracias por este recuento de un candidato de izquierda necesaria en Chile; ojalá en México ya ande por ahí, alguien que logre convocar a la esperanza.
    ¡Saludos y felicidades!
    Miguel.

  2. M.E-O es cercano a un aborto de la naturaleza.Entro a la politica por la puerta de atras (piense lo que quiera) y pertenece al pequeno grupo que se reparte una sociedad tan poco cultivada como la chilena.Le ruego a dios que los chilenos comprendamos la politica un poco mas para buscar candidatos que representen Chile y no buscar en la miseria politica del pasado.

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