Matrimonio homosexual, derecho y desafío

Haciendo valer su mayoría en la Asamblea Legislativa, los diputados locales del PRD y el PT aprobaron el matrimonio y la adopción para personas del mismo sexo. Con esa decisión, no solamente reconocen el derecho de las personas a formar una pareja con plenas implicaciones legales. Además, esos legisladores colocaron el tema del matrimonio homosexual en la agenda de los asuntos públicos de nuestro país.

Legalmente aprobada en la Asamblea, esa reforma a los códigos Civil y de Procedimientos Civiles del DF será impugnada por la minoría panista que perdió esa votación y está pendiente la definición que tomará el PRI, cuyos diputados locales se abstuvieron. La polarización que suscita ese tema fue ratificada de inmediato por el arzobispo Norberto Rivera que calificó a esa decisión como “inmoral” y “perversa”.

El afán de los prelados para imponerle al resto de la sociedad sus particulares concepciones de moralidad, no es reciente. En todo el mundo la iglesia católica ha encabezado el rechazo al reconocimiento legal del matrimonio entre personas del mismo sexo. Y en todas partes, ese tema suscita reacciones indignadas que impiden una deliberación a partir de ideas y hechos.

El matrimonio suele ser la unión de un hombre y una mujer formalizada por la ley o por alguna iglesia. Pero esa unión no tiene que ser necesariamente protagonizada por personas de distinto sexo. De allí la pertinencia de reformas legales como las que aprobó el 21 de diciembre la Asamblea del DF. En un régimen de pleno derecho, pero además en un contexto de respeto absoluto al derecho de las personas a vivir con quien quieran, el matrimonio tendría que ser admitido como el resultado de la decisión de dos adultos sin que para ello fuesen obstáculo sus creencias, su condición social o de género.

Pero como todos sabemos, respecto del matrimonio hay concepciones fundamentalistas como la que recuerda el arzobispo Rivera, para quien “es un orden instituido por Dios desde la creación del mundo, y sobre esta voluntad divina que rige la moral conyugal no puede estar ninguna ley humana”. Con ese dogma no es posible discusión alguna, porque ante la presentación de otros argumentos habrá quienes invoquen el orden divino en el que han decidido creer.

Afortunadamente nuestro Estado es laico y sin demérito del derecho de las personas a profesar las creencias religiosas que cada cual elija, o a no cultivar ninguna, podemos tener leyes que garanticen las libertades individuales aunque resulten incómodas para quienes proponen que las leyes se ajusten a sus convicciones religiosas. El problema no es de índole jurídica, sino de cultura política o, si se quiere, de creencias en materia de moralidad pública.

El matrimonio entre personas del mismo sexo, y especialmente el derecho a adoptar hijos, divide a las sociedades contemporáneas. En México, hace casi tres años, una encuesta nacional de Consulta Mitofsky encontró que el 58% de los ciudadanos estaba en contra de que a los homosexuales se les permita contraer matrimonio. Más aún, el 68.5% se oponía a que las parejas del mismo sexo pudieran adoptar hijos.

Levantada en febrero de 2007, aquella encuesta confirmó que las actitudes de tolerancia en estos temas son inversamente proporcionales a la edad de los ciudadanos. Casi el 40% de los entrevistados de entre 18 y 29 años estuvo de acuerdo con el matrimonio entre homosexuales pero en el segmento de más de 50 años esa aprobación llegó apenas al 23%. Pero una mayor escolaridad no se traduce en mayor apertura. Entre los encuestados con estudios de secundaria, el 38.5% estuvo de acuerdo con el matrimonio entre homosexuales. Pero esa opción le pareció pertinente solo al 27.6% de personas con estudios universitarios.

La opinión de las sociedades se modifica con gran rapidez en temas relacionados con las preferencias personales de los ciudadanos. Hay que recordar la gazmoñería con que hace no muchos años se abordaban asuntos como el aborto y las relaciones extra matrimoniales y el tratamiento que reciben hoy en los medios de comunicación. Por otra parte, la protección de los derechos ciudadanos no puede estar sujeta al ánimo social registrado en las encuestas. Pero sin duda la opinión de los mexicanos sobre estos asuntos será un barómetro que permita aquilatar su desarrollo cultural y cívico y que influirá en las decisiones políticas y legislativas.

Por lo pronto, los empeñosos promotores de los derechos de los homosexuales y las lesbianas tienen motivo para celebrar en estas Navidades al menos en la ciudad de México. El siguiente, valga la perogrullada, será otro año.

* * *

Y, puesto que de transitar a otro año se trata, esta columna dejará de publicarse dos semanas. Si ustedes quieren, nos encontraremos aquí el miércoles 6 de enero. Felices fiestas.

Publicado en eje central

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2 comentarios en “Matrimonio homosexual, derecho y desafío

  1. Un paso progresista en el df, como ha demostrado con los gobiernos perredistas; sin embargo, el tema de la adopción debe ser un reto para la educación básica, para evitar la discriminación. No podemos permitir que a los niños se les enseñe un sólo modelo de familia nuclear, que, además, la mayoría no lo cumple. Habrá que implementar todos los tipos de familias posibles para evitar la discriminación y por supuesto, la educación desde el hogar, es insustituible.

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