Calderón: mirar al pasado cerrando los ojos a la crisis actual

Hueco de contenido y plano en la forma, el mensaje de año nuevo del presidente Felipe Calderón resultó fallido, sobreactuado y en exceso retórico. De frente a la cámara durante los 10 minutos que duró el saludo en cadena nacional este 6 de enero, enfatizando sus palabras con movimientos de manos y brazos, flanqueado por la bandera nacional y con varias docenas de decorativos libros a sus espaldas, el presidente Calderón inició sus actividades públicas en el nuevo año incursionando en lo que desde ahora podemos considerar como la disputa por la tradición. En este año de conmemoraciones centenarias, no habrá fuerza política que no procure apropiarse de la historia nacional proponiéndose como heredera, continuadora o al menos usufructuaria de las gestas –y los gestos– de los héroes independentistas y revolucionarios a los que con tanto tesón conmemoraremos durante los siguientes 12 meses.

Con ese afán, Calderón exhortó: “hagamos de este año, 2010, nuestro momento en la historia, para seguir con el camino trazado por los Padres de la Patria”. Cada quien entenderá como le convenga cuál es ese camino. Para el presidente de la República, su gobierno está continuando la ruta de los próceres de hace 100 y 200 años, cualquiera que ella sea. Unos minutos antes había dicho, refiriéndose a la situación de la economía, “vamos en el camino correcto”.

El presidente dedicó buena parte de su mensaje a proponerse como continuador de ese rumbo, en una figura retórica que seguramente escucharemos demasiadas veces en los siguientes meses pero que resulta harto discutible. Es difícil reconocer a un gobierno del PAN como continuador de los empeños del excomulgado Hidalgo, el heterodoxo Morelos, el laico Carranza, o de caudillos populares como Zapata y Villa, de quienes se encuentran tan distantes las políticas de la administración actual.

Desde luego no será la primera vez que desde el poder político se desgranan discursos y se violenta la historia para identificar al gobierno en turno con un pasado nacional que sigue involucrando a la mayoría de los mexicanos. El actual presidente ha tenido la desventura de celebrar los centenarios patrios en un contexto de crisis económica y desencanto político que compiten, juntos, contra sus palabras.

Cuando el presidente Calderón se ufana de que ante la crisis económica “los mexicanos salimos adelante”, trata de inyectarle a la sociedad una dosis de confianza que no sería desdeñable si fuera genuina y eficaz. Lamentablemente el optimismo retórico del presidente se contradice con la realidad de una economía maltratada y sin opciones de recuperación claras. Abundan los diagnósticos consternados ante la acumulación de carencias recientes. Uno de los más apabullantes es el recuento de varios documentos que publicó Ricardo Becerra en El Universal de antier: caída de casi 8% en el PIB, más de 26 millones de mexicanos que no tendrán recursos ni siquiera para comprar la canasta básica, casi 11 mil empresas cerradas durante 2009, contracción del 8.5% en el consumo, casi medio millón de empleos perdidos.

Ante datos de ese corte, ¿cómo atender con seriedad al vano esfuerzo del presidente Calderón cuando convoca a eludir “visiones pesimistas nos paralicen e impidan alcanzar nuestros ideales”? ¿Vamos a enfrentar la crisis cerrando los ojos al presente, mirando con nostalgia al pasado nacional y tomados todos de la mano en un voluntarioso esfuerzo para parecer unidos y firmes ante la adversidad económica y las crecientes carencias sociales? ¿No sería más sensato, pero también verosímil, un discurso que reconociera autocríticamente las fallas del gobierno y de la sociedad, que hiciera un balance de aciertos pero también errores y que al tratar como adultos a los ciudadanos les exigiera también responsabilidades?

Las prioridades que apunta el presidente Calderón –creación de empleos, combate a la pobreza y fortalecimiento de la seguridad pública– atienden los problemas de mayor relevancia. El anuncio de “un impulso inédito a la infraestructura” (carreteras, puertos, aeropuertos) parece pertinente, sobre todo por la capacidad que esos proyectos pueden tener para ocupar mano de obra. Sin embargo ese esfuerzo estará limitado por las restricciones del presupuesto federal, que casi no creció debido a la ausencia de una auténtica reforma fiscal. Esa reforma, como todos sabemos, no fue posible debido a la reticencia de los partidos políticos a enfrentar con seriedad la necesidad de fortalecer al Estado y a sus finanzas.

A esas fuerzas políticas, el presidente Calderón las desdeñó en su mensaje de nuevo año. Ni una palabra dijo acerca de la concertación que hace falta entre los legisladores, ni sobre la iniciativa de reforma política que él mismo envió el Congreso hace tres semanas. En aquella ocasión dijo, para respaldar su iniciativa de reformas para las instituciones políticas: “reafirmo mi convicción de que sí es posible transformar a México”. Esa convicción se le olvidó muy pronto al presidente Calderón, o simplemente no consideró necesario mencionar el tema en su mensaje a los ciudadanos con motivo del año nuevo. De ser así, estaremos constatando que el presidente tiene un discurso para el conjunto de la sociedad y otro para la llamada clase política.

Por lo pronto, el mensaje presidencial fue minimizado en la prensa. Ayer, 7 de enero, Reforma relegó la información sobre la alocución del presidente a la página 5. El Universal a la 6, con una pequeña llamada en primera plana. Milenio incluyó una breve mención en primera, como complemento a la nota principal acerca del pleito entre el secretario de Gobernación y el líder de los senadores del PRI. La Jornada destacó ese mismo tema, con una nota lateral, a una columna, en primera plana. La Razón informó del mensaje presidencial en su cintillo, de manera similar a La Crónica que colocó una pequeña foto del presidente en el segmento superior de su primera plana. Excélsior fue intencionalmente incisivo: bajo un titular principal que decía “Desocupación en 2009. Un millón pidió su fondo de desempleo”, colocó la frase “Calderón sostiene que la economía está sana”.

Publicado en eje central

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