Todos contra el PRI

En todo el mundo los partidos se coaligan, coinciden, hacen alianzas y acuerdos, de la misma manera que se escinden y enfrentan. La tensión entre pactos y rupturas forma parte de la política. Esa es la miga de cualquier régimen en donde coexisten varias fuerzas políticas y así ha sucedido en México especialmente desde que terminó la hegemonía de un solo partido.

El propósito del PAN y el PRD para marchar juntos en algunas elecciones estatales durante los próximos meses ha ocasionado escándalo y preocupaciones. Que así sea la reacción en el PRI, que es el partido que saldría perjudicado con esa posible coincidencia, no resulta extraño. Enrique Peña Nieto, que a mediano plazo podría ser el principal damnificado con ella, dijo que tal coalición sería “perversa”. Y dio sus razones: los partidos así cohesionados en algunas elecciones, “están realmente renunciando a lo que es la plataforma ideológica de cada partido, en el único propósito de buscar el poder por el poder mismo”.

La declaración del gobernador del Estado de México podría entenderse como una convocatoria a la congruencia y a la defensa de los principios que, en toda democracia que se respete, deberían definir a cada organización política. Pero el partido del que es militante el señor Peña Nieto no se singulariza por su coherencia programática (baste recordar la heterodoxa alianza que Beatriz Paredes ha entablado con la jerarquía de la iglesia católica) ni por el respeto a sus propios principios, cualesquiera que sean. El mismo gobernador mexiquense, no es un político que se distinga por su aptitud para la elaboración de ideas.

Por su parte el coordinador de los senadores priistas, Manlio Fabio Beltrones, eligió para expresar su desacuerdo una fórmula más propia de los obispos y del flanco derecho de las sociedades al considerar que la alianza entre PAN y PRD sería “contra natura”. El senador Beltrones tendría que explicar qué considera “natural” en el ejercicio político para encontrar contradicción con esa presunta normalidad en el propósito aliancista de sus adversarios.

Tampoco hay especial afán de congruencia en los escarceos de líderes panistas y perredistas interesados en marchar juntos en elecciones estatales como las que ocurrirán este año en Oaxaca e Hidalgo. Hay quienes consideran esa posibilidad también en Durango, Puebla, Quintana Roo, Sinaloa y Veracruz.

PAN y PRD llevan varios años enfrentándose en cuanto foro público y político tienen a su disposición. Las diferencias de esos partidos en prácticamente cualquier tema de política económica y política social, lo mismo que respecto de las reformas electoral, judicial o educativa para solamente mencionar algunos temas, han quedado registradas tanto en los medios como en los diarios de los debates parlamentarios. En varios episodios recientes, como las discusiones acerca del aborto, el matrimonio entre personas del mismo sexo o la eutanasia, han quedado confirmadas discrepancias inconciliables entre esos partidos.

Si en cada uno de ellos hay dirigentes que ahora se proponen marchar juntos, es porque de esa manera confiarían en ganar algunas gubernaturas. No tienen coincidencias básicas en casi ningún tema de la agenda nacional, pero comparten un adversario común ante el cual en algunos estados la oposición dividida no ha podido lograr mas que una presencia testimonial.

Solamente los juntaría su animadversión al PRI. Los dirigentes y eventuales candidatos coaligados de PAN y PRD podrían decir, como Borges acerca de su entrañable Buenos Aires, que no los une el amor sino el espanto.

Así que, a falta de querencia suficiente, los líderes panistas y perredistas tienen que evaluar ahora si el espanto anti priista del cual participan basta para lanzarse a la aventura de las candidaturas comunes. Sus coincidencias, por lo pronto, son cuando mucho en torno a algunos personajes pero no alrededor de ideas ni proyectos.

Hasta ahora por ejemplo se sabe que, en Oaxaca, Gabino Cué se propone como la opción para derrotar al PRI. Con ese afán, ha abjurado del anticalderonismo que sigue profesando el movimiento encabezado por López Obrador y del que ha sido integrante destacado. Si se trata de alcanzar la candidatura por el PAN, Cué no tiene empacho en, ahora sí, reconocer al presidente Constitucional.

En Hidalgo, mientras tanto, Xóchitl Gálvez quiere la candidatura unificada de las oposiciones cansadas de perder ante los cacicazgos priistas. Pero más allá de esa voluntariosa vocación para gobernar a sus paisanos, no se le han conocido propuestas acerca de los muchos problemas que sufre aquella entidad.

En ausencia de tales proyectos y sin más coincidencia que las ganas de ganarle al PRI, se podrá decir que a los partidos en posible alianza no los une en amor, ni siquiera el espanto, sino la elemental y contundente avidez política.

Publicado en eje central

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2 comentarios en “Todos contra el PRI

  1. Pero Raúl, ¿no viste las declaraciones de Gómez Mont en El Colegio de México? Él mismo dijo que las coaliciones eran similares a un fraude electoral… Es un mar de contradicciones, absurdos, ineptitudes que los dislates de Fox parecen ahora cuentos de niños…

  2. He visto las declaraciones del secretario Gómez Mont, estimado Rodolfo. Me sorprenden y preocupan por la ignorancia que manifiesta, siendo abogado, acerca de las disposiciones que el Código Electoral establece acerca de las coaliciones electorales. No me sorprende, en cambio, el desbarajuste que hay en el gobierno, y entre el gobierno y su partido, acerca de asuntos fundamentales como ese.

    Saludos cordiales

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