La foto de Salvador Cabañas

El rictus de dolor congelado en el rostro desfallecido, la boca ensangrentada igual que las baldosas sobre las que se había desplomado, la playera levantada hasta la mitad del torso, los ojos cerrados en una escena alumbrada en dramático contraluz: esa fue la imagen que buscaron centenares de miles de internautas y que numerosos medios de comunicación convencionales dieron a conocer explotando la tragedia de Salvador Cabañas.

La imagen, aparentemente tomada por uno de los paramédicos que acudieron a socorrerlo, le dio la vuelta a la Red amplificando el asombro que ocasionó la agresión al futbolista paraguayo la mañana del lunes pasado, 25 de enero. En poco rato, la escena se propagó gracias a enlaces de Twitter que apuntaban hacia los sitios que habían reproducido la fotografía. Algo más tarde, en las redes sociales de Internet proliferaron los comentarios críticos a la divulgación de esa imagen.

Al margen de las implicaciones éticas que hay en la divulgación de esa imagen, resulta preocupante el descaro de quienes fueron llamados para auxiliar al futbolista herido pero antes de subirlo a la ambulancia le tomaron una foto con propósitos mercantiles. El periodista Carlos Loret de Mola ha explicado que la foto fue vendida en 7 mil pesos. Luego circuló por el servicio de la agencia fotográfica Cuartoscuro, de donde la tomó el sitio SDP Noticias. El director de ese sitio de noticias asegura, posiblemente exagerando, que podrían haber llegado a un millón las visitas en busca de la para entonces multipublicitada imagen. Varios diarios impresos la reprodujeron al día siguiente.

La fotografía del futbolista tirado en el piso, malherido, es evidentemente impresionante. La expectación por mirarla creció de manera proporcional a la fama de ese delantero del América y a la estupefacción ante el atentado que sufrió. Se trata de una imagen que confirma lo que ya sabíamos. En sí misma, no añade un ápice de información a las noticias que saturaban los medios electrónicos y digitales la mañana del lunes. Pero ya fuese como secuela de la inquietud ante ese hecho dramático, por ganas de documentar el desasosiego, en busca de explicaciones distintas a las que ya se propalaban, por puro morbo o por todo eso junto, centenares de miles de internautas miramos a Salvador Cabañas inconsciente en el baño del Bar Bar.

Quienes han cuestionado la publicación de esa foto consideran que es una expresión de amarillismo y recuerdan la desalmada proclividad que tienen muchos medios de comunicación para explotar los acontecimientos trágicos. Entre aquellos que consideran apropiado haberla difundido, se dice que puesto que así es la realidad no hay que ocultarla, que la foto era de interés público y que así es el periodismo.

Gabriela Warkentin, profesora en la Universidad Iberoamericana, comentó de inmediato esos dilemas para concluir que “la publicación de la fotografía de Cabañas, abatido, sangrando, fue un error. Propia de la noticia espectáculo y ajeno a las mínimas reglas de respeto a la persona, al individuo, a la víctima”. Fernando Mejía Barquera, profesor en la Universidad de la Ciudad de México, se pregunta y contesta: “¿Era imprescindible publicar esa foto? No ¿Los medios que lo hicieron incurrieron en ‘falta de ética’? Tampoco”.

En ese debate no habrá unanimidades pero es útil tanto para discutir el periodismo que queremos, como para apreciar la reacción de la sociedad ante cobertura mediática de asuntos especialmente sensibles. El periodismo es, antes que nada, la búsqueda y publicación de informaciones. Pero el periodismo no se reduce a la comunicación de hechos; además busca explicarlos, ponerlos en contexto. De la manera como se cumpla con esas tareas, depende el tipo de periodismo que se practique.

Las a veces frágiles barreras entre la noticia y la impudicia, entre responsabilidad y obscenidad, entre periodismo y amarillismo, se zarandean en casos como éste. Lo mismo ocurre, aunque con menos discusión, cuando diversos medios se refocilan publicando fotografías de víctimas del narcotráfico.

La foto del futbolista herido no aportó más información a la que ya se conocía, ni permitió explicar esa tragedia. Inquietó, eso sí, nuestras emociones conmovidas ya por el atentado. Si el periodismo tuviera la función de emocionar, la difusión de la foto se habría justificado. Si el periodismo es o se quiere que sea otra cosa, entonces esa imagen era prescindible. Su propagación, no hay que olvidarlo, ocurrió gracias a la codicia de un paramédico irresponsable que hoy tiene 7 mil pesos más en la bolsa.

Publicado en eje central

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3 comentarios en “La foto de Salvador Cabañas

  1. No, Don Raúl. La propagación no ocurrió gracias a la codicia de un paramédico irresponsable que hoy tiene 7 mil pesos más en la bola. Por eso ocurrió la producción. La propagación ocurrió porque hubo alguien dispuesto a pagárselos…

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